“Mi utopía es una federación ibérica con Portugal, no la independencia de Cataluña”

Javier Borràs Arumí

(Foto: Jordi Borrás)

Quedamos con Rafael Poch-de-Feliu (Barcelona, ​​1956) para el almuerzo cerca de la Universidad Pompeu Fabra. Ha pasado la mañana contando la historia de Rusia a un grupo de profesores de secundaria, en un círculo de conferencias anual que inició Josep Fontana hace años. Después de dar vueltas por el mundo -Alemania, Europa del Este, Rusia, China, de nuevo Alemania, Francia- Poch-de-Feliu vuelve a vivir en la Girona donde creció. Seguramente ha sido el mejor corresponsal que hemos tenido en Cataluña en las últimas décadas. Hablamos de periodismo, de la situación europea, de la izquierda, de geopolítica mundial y -no podía faltar- del proceso independentista catalán.

Comenzaste tu carrera periodística en Alemania y en Europa del este. ¿Qué recuerdas de aquella etapa?

Lo más interesante era esa sensación de pisar tierra virgen, algo muy satisfactoria para cualquier periodista. A principios de los años 80 el bloque del Este era un mundo olvidado que no interesaba demasiado a nadie. Pero a mí sí que me fascinaba mucho, y con base en Berlín Oeste fui recorriendolo, país a país. Tenía la sensación de estar cubriendo aquella realidad yo solo, casi no encontraba nadie, quizás a veces un británico.Encontrar un español era impensable.

¿Por qué era interesante? Pues porque eran sociedades a las que los regímenes políticos ya les iban pequeños desde hacia mucho tiempo y había un murmullo de fondo … Entrevisté a la plana mayor de la disidencia de todos aquellos países, gente muy entrañable y simpática, que a pesar de haber sido maltratada iba haciendo su vida. Me acuerdo por ejemplo de Václav Havel, que ya entonces era un hombre de derechas y vivía en un piso burgués en el centro de Praga. O también Miklós Haraszti, disidente húngaro, que me citó a la filarmónica de Budapest. También el simpatiquísimo Adam Michnik [disidente polaco] … Quizás el más profundo de todos era Jacek Kuron, el líder del antiguo KOR, el Comité de Defensa de los Trabajadores, con el que tuve una discusión fuerte pero muy interesante…

Mi curiosidad última era la URSS, tema que siempre estaba detrás de mis conversaciones. Pese a todo existía una calma total -incluso en la inquieta Polonia recién salida del estado de sitio de Jaruzelski- y al mismo tiempo había cierta expectativa de que iba a pasar algo. Pero no se sabía muy bien qué.

Al terminar tu etapa en La Vanguardia, escribiste que había sido ” una larga relación de treinta años entre un diario de derechas y un periodista de izquierdas ”. ¿Cómo fue esa relación?

Fue la manera más fácil y cómoda de conseguir realizar mi deseo de vivir y trabajar en la URSS, objetivo que perseguí durante muchos años. De hecho me fui a Alemania en 1983 con esa idea, para prepararme, sin saber muy bien para quien trabajaría. Yo vivía allí pero cada verano volvía a España, y siempre pasaba por Madrid y por Barcelona, ​​iba a la redacción de El País y La Vanguardia, para preguntar si necesitaban a alguien en Moscú.

En 1987 yo estaba a punto de cerrar un contrato laboral con la agencia de prensa soviética Novosti, para trabajar en Moscú como redactor en el servicio español. Las condiciones laborales eran muy malas: el sueldo era muy alto en comparación con los parámetros soviéticos, pero te faltaban las cosas realmente esenciales. No tenías familia, no tenías amigos, no tenías círculos sociales, es decir, los elementos y relaciones mediante los cuales en la sociedad soviética conseguías lo más esencial para vivir; comida, muebles…, porque con rublos apenas se conseguía nada. La agencia Novosti te daba un piso vacío y nada más, y tú te las tenías que apañar. Era muy duro. Tuve la suerte de que, antes de firmar, La Vanguardia me fichó para ir a Moscú con un sueldo magnífico. En la redacción nadie quería ir allá y yo era el único que mostraba interés y sabía algo de ruso….

¿Qué echas de menos en el periodismo internacional actual? ¿Hay carencias importantes?

Hay una fundamental: la corrupción estructural que rodea los medios de comunicación. ¿Qué quiero decir con esto? Que la inmensa mayoría de los medios de comunicación, estoy hablando del 80-85% en Francia, el 80% en Alemania, un porcentaje similar aquí … pertenecen a corporaciones, a magnates, que evidentemente tienen sus intereses. Hay una falta de independencia absoluta. Los intereses de la mayoría social no están representados en los medios de comunicación. A nivel internacional pasa lo mismo. Esto lo determina todo.

¿Los periodistas pueden incidir en esto? Sí, pueden, pero el medio ya está limitado en un principio. Si tú trabajas, por ejemplo, en temas de medio ambiente, puedes hacerlo ”menos mal ”, pero nunca lo podrás hacer bien del todo…

¿Como viste, desde tus corresponsalías en Alemania y Francia, la evolución del proceso independentista catalán? Y como lo veían ellos desde allí?

Lo veían con mucha sorpresa. Era la misma sorpresa que provocaban los viajes de Pujol en Berlín. Los alemanes, que son muy cuadrados, no entendían por qué en uno de los países más descentralizados de Europa, en una de las regiones más ricas y con mayores competencias, aún querían más. Cuando todo esto degeneró en un enfrentamiento, los alemanes decían: “¿y por qué no se ponen de acuerdo? ”. Conociendo como conozco Cataluña, yo entendía que había cosas que a los alemanes se les escapaban, una mezcla compleja entre varios factores: un sentimiento nacionalista hace tiempo, frustrado por una serie de situaciones; un elemento institucional-administrativo de proto estat catalá, que deseaba avanzar en esta vía para ascender administrativamente y que explotaba lo anterior; y también el intento de un partido corrupto, Convergencia, de solucionar su problema, tan español, de 30 años de 3%, asunto que en Cataluña se consiguió silenciar por completo gracias a la corrupción y al general obediente conformismo de los medios de comunicación comprados con subvenciones.  Todo ello mezclado creaba una bola -en la que cada uno podía discutir cuál de las partes era más decisiva- pero el resultado era una protesta impresionante en las calles, acompañada de una acción institucional desde arriba. Una mezcla entre protesta popular y revuelta del Estado, de un aparato del Estado dentro del propio estado español, la Generalitat.

¿Como lo ves ahora que vuelves a vivir en Cataluña?
Yo no soy nacionalista -se ha de ir con este tipo de confesiones por delante-. Me intento concentrar en las cosas que me parecen significativas en el cuadro europeo y el mundial y creo que esto de Cataluña no lo es porque no tendrá influencia alguna en ninguno de estos dos ámbitos. Sí que tiene influencia, muy negativa, en la política española, pero -a la vez- la política española tiene poca repercusión en estos marcos europeos y mundiales que me interesan. Por lo tanto este ámbito lo observo poco y sin pasión, porque no soy nacionalista. Al contrario: a mí me gusta España. Me gusta España incluso con sus defectos. Reducir España al PP es de una ignorancia extraordinaria. Y a la hora de pensar una utopía, antes de la utopía de una Cataluña independiente, a mí me atrae mucho más la de una federación ibérica que incluyera Portugal. Una federación que, gracias al peso de Portugal, y mediante la interacción de otras partes de esta España plurinacional, lograra aminorar el peso de Castilla en el conjunto de la península en beneficio de un equilibrio más armónico. Crear una convivencia ibérica un poco diferente. Precisamente ahora vengo de Asturias, donde hay un sentir totalmente diferente hacia Catalunya del que domina en Madrid…

Esto es una utopía que me gusta más, y que algunos autores portugueses y algunos locos hispanos comparten. ¿Por qué me gusta esta utopía? Porque creo que sería una buena plataforma para definir unas relaciones con América Latina menos turbias de las que tenemos ahora, y también con nuestro entorno mediterráneo, el entorno del Magreb. Y, por supuesto, con nuestro entorno europeo, al que no podemos dar la espalda.

¿Crees que partidos como los Comunes o la CUP tienen algún equivalente a nivel europeo?
No sigo con demasiado detalle la cocina interna de estos partidos de izquierdas. Sobre los Comunes puedo decir que el proces les ha partido. Yo sostengo la teoría, muy discutida por amigos independentistas, de que el proces ha acabado con lo que se había ganado en Cataluña después de la crisis, lo ganado por el 15-M y que supuso la alcaldía de Barcelona. El factor nacionalista ha dividido esta base social. Hemos conseguido la proeza de que el cinturón de Barcelona, ​​que históricamente votaba a la izquierda, ahora vote a Ciudadanos, que es un partido de la derecha pura y dura. Esto es muy lamentable. El proces ha hecho fuerte a la derecha en Barcelona,  ha hecho fuerte a la derecha en Madrid y ha dividido a gran parte de la sociedad catalana entre partidarios y adversarios. Se trata de un marco temático con muy poca perspectiva de progreso. Pero esto es mi opinión: hay gente que tiene esta emoción nacionalista, que lo ve al revés, que considera que sólo por esta vía se podrá progresar.

¿El gobierno actual de Cataluña es comparable con algún otro nacionalismo europeo -o movimiento- que hayas visto durante tu carrera periodística?
La analogía más negativa que se me ocurre es con el contexto de avance de la irracionalidad que tenemos en la Europa de hoy. Por ejemplo el caso de Polonia, donde tenemos un establishment polaco absolutamente convencido de que la catástrofe aérea de Smolensk, en la que murió el presidente Kaczinsky y la plana mayor del estado polaco, es un complot. Y mira que conocemos los detalles más completos, entre ellos como Kaczinsky y sus colaboradores animaban al piloto del avión a que se la jugara aterrizando entre una niebla espesa. Pero es igual: todo ello ha desembocado en la convicción oficial del establishment polaco de que aquello fue un complot. Es una convicción compartida por decenas, cientos de miles de polacos y que forma parte del sentido común de los medios de comunicación. Se trata de algo parecido a aquel 11-M de Atocha en España, en el que la derecha española y los medios de comunicación de Madrid, años después de los hechos, aun insistían en que había sido un atentado de ETA.

También se me ocurre el caso de Hungría, donde el principal ” problema ” es la inmigración, en un país que no la tiene. Los ingredientes que configuran, en parte, la situación del proces, me recuerdan mucho a esta irracionalidad. Como aquello de que ”Europa nos reconocerá ”, o que el Estado consentirá -cualquier Estado y el nuestro en concreto- que una parte muy importante de él se separe y no pase nada… Yo creo que el nacionalismo no está reñido con la irracionalidad o el sentido común, ¿no? Por ejemplo, recuerdo que la tesis de Josep Fontana, un nacionalista con los pies en el suelo, era la de recordar que no hay independencia sin sangre… Y el problema del precio nos lleva a preguntarnos muchas otras cosas.

¿La transición de Rajoy a Sánchez ha supuesto un cambio en la posición que juega España dentro de la Unión Europea?
No creo que haya cambiado demasiado. Sánchez es un político de una debilidad estratosférica. No aportará nada. Y esto es un drama, porque el escenario portugués del Bloco de Esquerda era el escenario más optimista, pero me temo que los socialistas españoles no serán capaces de ello.

¿Hablemos de las manifestaciones actuales en Francia. De dónde viene esta revuelta y esta ira general contra Macron?
Lo que está pasando en Francia con los chalecos amarillos es lo más importante que ha pasado en Europa desde la crisis de 2008. Primero tuvimos la revuelta en Grecia, con veinte huelgas generales, la gran proeza de los griegos que lograron transformar el cuadro político de su país, llevar al poder un gobierno que estaba en contra de todo aquel modelo neoliberal, realizar un referéndum contra la austeridad y ganarlo. Pero esta proeza fue traicionada por ese mismo gobierno: el referéndum se quedó en nada. El resultado fue una sensación de frustración enorme. Desde el punto de vista de lo que consiguió la gente de abajo de Grecia, sin embargo, es para quitarse el sombrero. Después hubo el 15-M en España, un movimiento muy esperanzador. Pero parece que todo aquel impulso se ha agotado. Podemos está algo empantanado en las instituciones, muy peleado entre sí, con la sensación de que ha tocado techo. El malestar, entonces, desagua hacia otro tipo de opciones, evidentemente mucho peores.

En este contexto llegamos a los chalecos amarillos, que son muy importantes porque se trata de un movimiento social con un claro componente de clase. No es un movimiento político, ni de jóvenes ilustrados sin futuro, sino la gente de abajo que ha salido a la calle a defender sus intereses. La gente de abajo que, o no votaba, o lo hacía por el Front National o la France Insoumise. Este movimiento, sin embargo, está por encima de la política. La gente de abajo no está representada en la política francesa: si tú analizas sociológicamente la Assemblée Nationale, el parlamento francés, o cualquier otra cámara legislativa europea, el 90% de la gente que lo compone, incluida la gente que se dice de izquierdas, es gente que tiene la vida más o menos solucionada. Son parte del 20-25% de la sociedad francesa a los que las cosas, o les van bien, o un poco mal, pero sin que sea ningún drama. En cambio, la gente que ahora se está moviendo pertenecen al 70-75% restante.

Su efectividad y amenaza es doble, porque no tienen ninguna organización que los encuadre, por tanto no hay con quien negociar. Este movimiento puede llegar a englobar todo lo que hay de recuperable en la izquierda, tanto sociológica como política. La chispa que les ha encendido ha sido el impuesto al diésel, lo que la gente de abajo pone a sus modestos coches para los 20 o 30 km. diarios para ir a trabajar. Esta subida es comparable a la subida del pan en la época de la Revolución Francesa. La respuesta del establishment francés ante la subida del pan fue la atribuida a María Antonieta: cuando le decían que el pueblo de París se sublevaba porque no había pan, ella respondió: ” ¿y por qué no comen brioche? ”. La respuesta del establishment actual, en términos de medio ambiente, es similar: ” ¿y por qué no se compran coches eléctricos? ”. Pero esta gente no se lo puede permitir, por eso, al principio, se les acusó de ser profundamente antiecológicos, o de ser partidarios del Front National. Pero a los pocos días salió una lista de sus reivindicaciones que configura un catálogo completo de reforma social y de oposición a la austeridad. El genio se ha destapado de la botella, y será muy difícil volver a poner dentro.

¿Crees que esto lo podría capitalizar Le Pen?
Creo que no. Económicamente, la extrema derecha en Francia tiene un programa más o menos estatalista, u otro manifiestamente neoliberal. Sus inquietudes más fuertes, sin embargo, no son sociales, sino étnicas; los negros, los árabes o los aspectos más reaccionarios del patriotismo y del espíritu republicano-colonial francés.

Yendo al caso de Alemania, ¿cuál crees que es el legado que ha dejado Merkel?
Relacionando tu pregunta con la situación francesa, lo que hace doblemente explosivos a los chalecos amarillos es el pacto que, hace más o menos un año y ocho meses, Macron presentó a Alemania, y que Merkel nunca le compró. Consistía en que los franceses harían los ”deberes ” que Alemania había pedido desde siempre, como reducir las pensiones un 20% -recordemos que en Francia no hay jubilados pobres, mientras que en Alemania este es un problema grave- a cambio de que los alemanes consintieran una reforma de la Unión Europea hacia una mayor integración, donde se relajara el nacionalismo exportador alemán, de tal forma que se diera un poco de oxígeno económico al resto de naciones europeas. Macron creía en este pacto. Merkel, en absoluto. Hoy es una misión imposible: en Alemania ha emergido un partido de extrema derecha, AFD, que tiene 92 diputados en el Bundestag y que vive de criticar la versión local de la leyenda del procés: ”Europa nos roba ”. Ante unos que dicen eso, tú no puedes plantear hacer concesiones de solidaridad en Europa para complacer a Francia. Y en Francia no puedesrecortar las pensiones un 20% para ponerlas en línea con las de Alemania, porque ya tienes la calle revolucionada… Este proyecto de Macron está hundido y acabado. Macron está políticamente acabado. Puede intentar movimientos de fuerza, y todo apunta a eso, sí, pero también le pueden salir mal y terminar abandonando el Palacio del Elíseo en helicóptero…

La situación actual me complace mucho porque la describí por escrito en junio de 2017, con Macron recién elegido. Los movimientos sociales franceses son los que han dado el tono en Europa, en múltiples ocasiones, en una dirección de progreso. La Revolución Francesa, la de 1830, la insurrección de 1848, la Comuna de París … Si esto de los chalecos amarillos progresa, indudablemente impactará en otros países europeos.

¿La ” internacional populista ” -que dice Steve Bannon- a nivel europeo, ha crecido principalmente debido a la austeridad?
Ha crecido principalmente debido a la izquierda. Una izquierda que ha abandonado el terreno social, y se ha concentrado muchísimo en cuestiones de género o identidad -Cataluña también está en esto identitario, un terreno muy propicio a la derecha. El terreno social, donde sufre la mayoría de la sociedad, ha quedado abandonado. Esto genera un rechazo, que también hemos observado en Estados Unidos, el componente comunitarista, de género, de la izquierda. Y, al final, el descontento general debe surgir por algún lugar, y lo hace a través de la abstención o de la votación de ofertas de este estilo de derecha populista. No creo que, por ejemplo, el 40% de los franceses que votaron a Le Pen sean fachas -estos deben ser un 10% -. Ni creo que en España haya una parte tan grande de conservadores y de fachas: siempre se ha dicho que, sociológicamente, España ha sido un país de centro-izquierda -y creo que lo sigue siendo-. Aquí el problema no lo tiene la derecha, sino la izquierda. Y las pruebas las tenemos aquí.

Hace poco, en otra entrevista, pusiste como ejemplos de la izquierda a seguir los casos de Mélenchon en Francia o de Lafontaine en Alemania.
Sí, porque tanto Mélenchon, como el movimiento Aufstehen de Lafontaine y de Wagenknecht, intenta precisamente responder a esto: ¿por qué ante estas condiciones tan desfavorables para la vida de la mayoría social, no sólo no nos votan, sino que votan a los demás? La respuesta de ambos movimientos es practicar un poco de populismo, ampliar su espectro, interesarse y analizar los problemas de inmigración y tratarlos de una manera menos tajante, digamos, y a partir de ahí articular unos movimientos en respuesta. Creo que éste también era el paradigma de Podemos en sus inicios, pero Podemos lo hizo desde los presupuestos culturales de la izquierda española, mucho más sectaria y cainita, y la France Insoumise lo hace desde los presupuestos de la izquierda francesa, que son más maduros y sólidos. En todo caso, el ejercicio de pasar del Front de Gauche, que era lo que tenían, a la France Insoumise, un movimiento más populista y más oportunista, ha producido un aumento del voto desde el 12% al 20%. Sigue siendo manifiestamente insuficiente pero han subido….

En el caso de Aufstehen, algunos medios de izquierdas han comparado sus propuestas sobre inmigración con las de la extrema derecha.
Esto es resultado del mal periodismo. Se deben leer los debates y las posturas que han defendido Wagenknecht y Lafontaine al respecto. Si lo haces, ves que estos reproches no se sostienen.

En tu último libro sobre Rusia, planteas una potencia dual, con una gran fuerza de cara al exterior pero, al mismo tiempo, con debilidades internas muy fuertes.
¿Por qué Rusia es importante en el mundo? Porque es parte de la configuración de un nuevo mundo multipolar, un mundo que desarma y erosiona la hegemonía de una sola potencia [Estados Unidos], una situación internacional muy peligrosa que, en lo que llevamos de siglo, ha producido 4 millones de muertes en el arco que va de Afganistán a Siria, con intervenciones desastrosas que no sólo han destruido regímenes sino también estados y sociedades.

Rusia y China son países que, aunque internamente no nos sean atractivos, en su papel internacional son mucho más democráticos que las democracias occidentales -Estados Unidos en primer lugar-. Esta paradoja es fundamental para entender cómo debemos valorar y observar estos países, por más que, como te decía, estén liderados por regímenes en absoluto simpáticos.

¿Cómo interpretas el actual proyecto chino de la Nueva Ruta de la Seda?
Hoy en día tenemos dos propuestas mundiales: una es la hegemonía americana, es decir, administrar el gobierno del mundo con bombas y mediante la guerra, utilizando la presión y la fuerza militar. Esta postura, teniendo en cuenta la capacidad de destrucción masiva que tenemos, es sumamente peligrosa. Al problema nuclear se suman los de desigualdad territorial y social, así como el calentamiento global: tenemos por delante un siglo muy complicado, en el que la humanidad se juega su futuro. Puede sonar grandilocuente, pero las cosas son así.

La otra propuesta que tenemos en el mundo es la de los chinos: tejer este tipo de vías de integración global, que incrementarán la interdependencia sin recurrir a lo militar, basándose en el reconocimiento de que somos diferentes, y que tenemos que convivir dentro de esta diversidad. Si tenemos que elegir entre un proyecto y otro, la elección es clara. Esto no quiere decir que el modelo chino no tenga problemas, pero desde un punto de vista de supervivencia- me parece más viable. Al menos no es este juego de la ruleta rusa en el que nos somete el militarismo exacerbado.

Has escrito que la actual guerra comercial entre Estados Unidos y China es un intento de frenar el ascenso chino.
Creo que no hay una guerra comercial entre Estados Unidos y China: hay tanteos de una guerra de verdad. Es un escenario muy plausible. Trump está diciéndole a China que debe detener su ascenso y desarrollo. Esto es casus belli: desde la Revolución china, la gran causa china ha sido el desarrollo del país. A esto le tienes que sumar el cerco militar al que está sometida China, de una forma cada vez más agobiante: recordemos que la mayoría de la capacidad aeronaval militar de Estados Unidos está desplegada a su alrededor, de forma inequívoca. La situación es inquietante. ¿Cómo acabará esto? Creo que puede haber algún tipo de incidente o conflicto militar -de hecho, ya tenemos situaciones peligrosas en el Mar de China meridional-. Los chinos se están preparando para esta situación: por eso Xi Jinping ha renovado sus poderes -y no por las tonterías que escriben algunos periodistas de que quiere recrear a Mao. Los chinos están poniendose el cinturón de seguridad ante la evidencia de que vienen tiempos muy difíciles que incluirán tensiones militares. Deben demostrar a los americanos que Washington no puede ganar en un choque regional. China no está en condiciones de soportar un enfrentamiento global con Estados Unidos, pero sí un tira y afloja regional. El aumento del poder militar chino va en esta dirección, no en competir globalmente con Estados Unidos. No es seguro que aliados de Estados Unidos como Japón o India se sumen a este choque.

Es interesante constatar que, a finales de octubre, se realizaron las primeras maniobras militares conjuntas de China con la ASEAN. La ASEAN es la organización que engloba a todos los países del sudeste asiático, entre ellos enemigos históricos de China, como Vietnam. Pues bien: todos estos países, que tienen conflictos territoriales con Pekín en el Mar de China Meridional, decidieron hacer maniobras militares conjuntas con China. El mensaje fue: ” nosotros no nos interesa la tensión militar, queremos resolver nuestros problemas, pero no por vías no militares ”. Estas maniobras conjuntas, además, coincidieron con la visita del primer ministro japonés, Shinzo Abe, a Pekín, en un clima de insólita cordialidad. Por lo tanto, incluso Japón -que tiene una política exterior autista- parece estar en esta ola de fomentar una  perspectiva de distensión regional. Es lógico: la economía china ya pesa mucho más en la región que la de Estados Unidos. Pero el elemento clave es el sentido común de los asiáticos, que es mucho más sabio que el de los occidentales. Lo estamos demostrando en Europa, donde estamos siendo arrastrados a una estúpida guerra fría contra Rusia, que no nos interesa para nada.

(Publicado en Critic)

17 comentarios en ““Mi utopía es una federación ibérica con Portugal, no la independencia de Cataluña””

  1. Si el minimalisme polític no és una cosa que t’engresqui, és podria superar la barrerara de la por i anar més enllà dins d’un conjunt més ampli. Estats confederats ibèrics o millor estats confederats europeus …. però el problema amb els anomenats ” todo por la pátria” és el mateix.
    La culpa és de la mala transició, algú en té cap dubte?, no haver tret el pèl de la xarxi abans d’anar a pescar … ara tot està embolicat i no s’agafarà peix. Haver fet una Constitució sense representants elegits pel poble després d’unes eleccciones, sinó a di,t i, sense haver fet les eleccions, també i sobretot, hem de tenir en compte, que es va deixar imposar articles com el que, en plata diu, “la llei per sobre de la voluntat d’un poble” imposada a cop de “carpetada militar”, no funciona ni amb rodes de molí, ja ho estem veient. Caldria llançar-la per la borda i tal com diu la saviesa popular, de perduts al riu, però sobretot tenir bemolls per fer-ne una sense tantes pors acumulades, si fos el cas de seguir embarcats. Això si amb naus diferentes sota diferents capitans i amb la possibilitat de virar sempre que es volgués …….Bon dia i bona cenyida.

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    1. Escuchar a Rafael Poch es escuchar a una de las pocas mentes lúcidas de este país. Su conocimiento geoestratégico, tan escaso en España, es una muestra del refrán de que para saber “viajar o leer”. Coincido tanto con sus puntos de vista que , a veces, me parece estar hablando yo mismo. Únicamente un pero, siendo este un blog en español, entiendo que se debería haber traducido, no hacerlo es una falta de respeto a los lectores habituales. ¿ Si fuera en alemán la entrevista tampoco se habría traducido?.

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      1. Será pues que ud. no tiene traductor automático, caramba con eso de que en este país solo existe uno y único., así nos va pare entendernos es una quimera, ¿ verdad?. Verdes, verdes parece están estas uvas…..¿.o no?.

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      2. Para Janina :
        Уважаемая Янина, поскольку я вижу, что вам нравится использовать автоматический переводчик, я прилагаю этот текст к вам на практике. Некоторые из нас считают, что лучше использовать один и тот же язык, чтобы понять себя в одной и той же стране.

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      3. jajaja…alardeando de ruso y a lo mejor ni lo escribe, bien tranquilo sea lo que sea lo que sepa otros podemos le escribir en hanzi’s de mandarín o katacama. Pero fíjese al final, Rafael, ha sucumbido a su crítica de no escribir en castellano….que cosas y parece todos fuimos o somos expatrias.

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  2. Un extraordinario compendio de conociemiento de geopolítica, de honestidad, de buen periodismo. Es usted un referente a la hora de buscar buena información.

    A pesar del precio que hay que pagar, merece la pena la dignidad. Como siempre, le felicito.

    Saludos.

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  3. Lo primero expresar mi admiración por su trabajo, referente de conocimiento geopolítico absoluto en nuestro país.
    Sin embargo, me voy a permitir un matiz con ánimo constructivo, cómo no, respecto a la manida cuestión territorial española. Desde mi punto de vista y dada la situación de crispación geneal, me parece inoportuno hablar de “Madrid” atribuyéndole un único, inquebrantable y predominate “feeling” respecto a la cuestión catalana. La ciudad de Madrid es actualmente la más cosmopolita y abierta del estado y está gobernada, además, por una corporación muy progresista, así que me parece injusto. Creo que sería más apropiado hablar del “feeling” de los Poderes del Estado, del Gobierno Central de tal o cual signo, etc. Pero nunca atribuir nada a “Madrid”. En Madrid hay tantas opiniones respecto a la cuestión catalana como habitantes tiene. Lo mismo sucede con España, para mí hay 46 millones de ideas de Españas, cada una igual de legítima y respetable. Creo que tenemos que hacer el esfuerzo de impedir que los nacionalistas de cualquier tendencia nos impongan una definición única de país que a ellos les coviene.
    Por otro lado, hace mención a reducir el peso de Castilla en la península ¿De verdad Castilla es una unidad? ¿Es lo mismo Ávila, Cuenca, o Albacete que Madrid o Valladolid? Y ¿De verdad los parlamentos y diputados por León, Toledo, Zamora o Soria han tenido mayor capacidad para dar forma al país llamado España que aquellos de Barcelona, Vizcaya o Valencia? ¿De verdad la influencia cultural e intelectual de la España democrática en forma de editoriales, periódicos, radios, televisiones, etc; viene de estos lugares?
    Por supuesto con ánimo constructivo y de reflexión.
    Un saludo y felicidades por su estupendo trabajo

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  4. Absolutamente de acuerdo. Mi utopía es muy parecida, yo la llamo “República Tarteso-Celtíbera” – para que las tierras del sur de la península también se sientan implicadas e ilusionadas, así como las del noroeste. Una república plurinacional en la que todo representate político a nivel estatal debería entender (como mínimo) 4 lenguas: Portugés-Galego, Castellano, Euskera, y Catalá-Valencià-Balear. De modo que las discusiones en el parlamento pudiesen ser en cualquiera de estas cuatro lenguas.

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    1. Això que pretens és un impossible, fixa’t bé, front una sola crítica d’un parlant de castellà, que pel que sembla domina el rus, en Rafel ha canviat l’idioma ….. És una quimera, mai de la vida serà possible davant tal desconsideració.

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  5. Para Janina :
    Уважаемая Янина, поскольку я вижу, что вам нравится использовать автоматический переводчик, я прилагаю этот текст к вам на практике. Некоторые из нас считают, что лучше использовать один и тот же язык, чтобы понять себя в одной и той же стране.

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  6. Cuando regresé a catalunya, en el verano del 82, recién se inauguraba la era Pujol. Empezaba una relación de doble vínculo con el Estado español. De entrada me sorprendió el hecho, y más regresando desde Buenos Aires. Pasé parte de mi infancia en centros catalanes donde las más diversas nacionalidades hispanas confluían sin mayores dramas.Emigrado con mi familia siendo niño, restauré al completo mi idioma originario, observado que, el pujolismo era catalanista por puro interés comercial, disfrazado de patriotismo. Una mirada más atenta a la historia patria me ilustró sobre las pasadas prohibiciones de hablar la lengua de origen, o cualquier otra, tras la larga y prolongada dictadura apenas requería conversar Esa dramática latencia la explotó a fondo el nuevo líder y su movimiento de chorizos. Sin embargo, en aquella época el nacionalismo puro y duro semejaba congelado en un partido no muy populoso, la ERC que fundó Companys, lleno de figuras del pasado más remoto. Todo cambió con el avance del PSOE y la figura tramposa de Felipe González, aunque nada en el medio educativo, pieza fundamental en el dominio del pujolismo.Yo, dedicado al comercio cultural, debía vender mis libros y DVD en catalán, relegando mi castellano, tan rico y variopinto. De las glorias anarquistas y libertarias o antifascistas nada permanecía en pie, salvando algunos tenderetes rambleros, atendidos por veteranos sobrevivientes, algunos de ellos, de la guerra civil. De cambio revolucionario, nada. Con 54 años resolví escribir sobre aquello que conocía. Fue un tránsito liberador, hasta hoy no abandonado. De acuerdo con tu fantasía,Rafa

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  7. A vueltas con Castilla… qué cansinismo… Castilla es el territorio más castigado de España desde la transición y aun antes. ¡Ya está bien! ¡Busquen su mierda en otros lugares!

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  8. Magnífico análisis general. Yo tb tengo la utopía de la Federación Ibérica, más q nada por ver si somos capaces a construir, y ni siquiera me importa q hasta los más voluntariosos se olviden de mi lengua, el asturiano. Sería bastante mas simple q cada unu siguieses conservando la suya y utilizar el castellano y portugués como las lenguas de comunicación q ya son. Es asombroso observar, no obstante, como en una entrevista q analiza el mundo, somos capaces a quedarnos en nuestra parcelita a explotar diferencias. Me encomiendo a Xin Jiping y los siglos de sabiduría acumulados detrás.

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    1. Para nosotros los catalanes el tema de la lengua es vital. Y seguirá siéndola, por unos siglos más… Con amigos portugueses y brasileños a menudo tengo conversaciones, ellos hablando en portugués y yo en catalán. El 90 por ciento funciona perfectamente, en caso de confusión podemos hablar, como mínimo o tres otras. Multilinguismo , como usted propone, es fundamental.

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