Al servicio del Estado soviético


Fallece en Moscú Nikolai Leónov, último jefe del departamento analítico del KGB de la URSS

El 27 de abril murió en Moscú Nikolai Sergeyevich Leonov, teniente general del KGB y último jefe de su departamento analítico. Tenía 93 años. En este artículo, escrito hace más de veinte años, se glosa la trayectoria de este singular personaje y su época. En la segunda mitad de los años noventa, aislado y asqueado ante los espectáculos de la privatización de la Rusia de Yeltsin, el Teniente General fue una fuente muy valiosa para el autor de estas líneas.

Leonov en los años noventa, ante la máquina de escribir.

Estaba allí desde los años setenta. Era de acero y estaba montado sobre una enorme estructura de cemento armado y hierro forjado. Sobre la bola del mundo remachada por la hoz y el martillo el letrero, en letras plateadas, proclamaba orgullosamente: “SSSR, oplot mira”, es decir: “La URSS es el baluarte de la paz”. El lugar era el cruce de la avenida Lenin con la calle Kravchenko, muy cerca de mi casa. Un día de 1992, con la URSS ya disuelta, desmontaron aquella enormidad y colocaron en el mismo lugar, sobre el mismo soporte, otro cartel que decía: “Inkombank”. Era de plástico, con letras azules. Aquel día pensé que nada mejor que aquel cambio resumía todo lo que había sucedido en el país desde el inicio de la reforma. Han cambiado –me dije– “una posición en el mundo por una posición en la vida”.

Lo que antes el país se gastaba en mantener el “baluarte de la paz”, el estatuto de superpotencia de la Rusia soviética, ahora se lo ingresa su clase dirigente en cuentas privadas a través de entidades como el “Inkombank”, que, por cierto, quebró años después. Hasta ahí todo claro pero, ¿qué había de genuino en aquel “baluarte de la paz”? Desde luego nada de “socialismo”, por lo menos en el sentido puro e ideal de un orden más justo y más humano. Las ilusiones sobre aquello deberían haber desaparecido en el mismo momento en el que el comunismo ruso se planteó como dictadura, es decir, desde sus mismos inicios. Pero entonces, ¿por qué sentía como una pérdida aquel desmantelamiento?, me pregunté. No era un sentimiento emocional ni pasajero, sino algo maduro y profundo. Algo debía haber en aquello que no era socialismo pero que estaba contenido en la realidad de la URSS, que me hacía pensar en una carencia. ¿Qué era pues aquello, por lo que ocasionaba tristeza que aquel superestado se hubiera disuelto?

No era la “druzhba narodov”, la “amistad de los pueblos” que, según decían, regía las relaciones entre las naciones de la URSS. La verdad es que dentro de aquel enorme conjunto multinacional había demasiada diversidad de sentimientos como para reducirlos sólo a “amistad”. La URSS había sido madre y opresora, partera de naciones y carcelera. Aún más, para muchas naciones había sido todo eso al mismo tiempo. No, no era eso. Tampoco era la gloria imperial de Rusia, la “derzhavnost”, tan cara a los rusos, que con la disolución de la URSS quedaba manifiestamente disminuida. Expatriado en Moscú, ese patrioterismo ruso me era tan ajeno como cualquier otro. Tampoco se trataba de los ecos de la victoria contra el fascismo hitleriano. Desde luego eso sí que había sido serio, pero había llovido mucho desde entonces. Mi generación podía comprender intelectualmente la importancia que había tenido aquello, pero para ella esa no era una “causa biográfica”. ¿Entonces por qué esa nostalgia, al ver cómo desmontaban aquel letrero de acero? Tras reflexionar un rato di con la respuesta al enigma: era por la historia de Nikolai Leonov. Por todo lo que esa historia contenía. Eso era lo que me hacía vibrar. Ahí encontraba no únicamente puntos de contacto con las experiencias de mi generación, sino también algo universal e importante no solo para el pasado, sino también para el futuro, pensé. Y esta es la historia.

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El «Andrea Gritti» que hacía la travesía Génova-Veracruz.

La travesía del joven diplomático

La luz mediterránea del puerto de Génova deslumbró a Nikolai aquella calurosa mañana del 5 de mayo de 1953. Pocos días antes, al subirse al tren, había dejado atrás un Moscú todavía frío y lluvioso. Si todavía en la primera mitad de los años ochenta salir al extranjero era una experiencia casi mística para los soviéticos, dos meses después de la muerte de Stalin era, para aquel joven de 25 años en ruta hacia su primer destino como funcionario del Ministerio de Exteriores de la URSS, una aventura cargada de demonios y peligros. La URSS era un país en guardia, aislado y condenado internacionalmente. En su maleta, Nikolai llevaba un solo traje, negro de rayas, un pasaporte diplomático que no debía ser entregado a nadie “bajo ningún concepto” y un fondo de mil dólares que sólo podía ser utilizado en caso de “extrema necesidad”. En su cabeza, muchas sospechas, recelos ante los enemigos de la URSS que, según sus superiores, aparecerían ineludiblemente en su camino, y también perplejidades y curiosidades, por el contraste entre el colorido de la vida meridional y los estereotipos de su imaginación provinciana sobre la vida en el desconocido y hostil “mundo capitalista”.

El joven diplomático tenía que tomar aquel barco, el Andrea Gritti, un paquebote destartalado que para llegar a su destino, Veracruz, debía recoger a un montón de emigrantes italianos en Nápoles e iniciar una larga travesía de cinco semanas con escalas en Cádiz, Lisboa, Santa Cruz de Tenerife, Madeira, Curaçao, La Guaira y La Habana. Nikolai debía incorporarse a su destino en Ciudad de México, como antepenúltimo ayudante de embajada. Era un muchacho rubio de ojos azules, con entradas, de mediana estatura, hijo de campesinos de la región de Riazán, en Rusia central, cuyas buenas notas en el bachillerato le habían brindado una medalla de oro, que en aquellos tiempos era de oro de verdad, y una beca para estudiar en el Instituto de Relaciones Internacionales de Moscú. Su destino mexicano confirmaba el éxito en sus estudios y que sus conocimientos de español no eran malos.

Tres jóvenes latinoamericanos subieron en aquel mismo barco por accidente. Venían de hacer una gira por Europa, que había incluido una visita al Festival Internacional de la Juventud de Bucarest y una furtiva escapada a Odesa. La huelga de los estibadores de Marsella les había hecho cambiar de puerto de embarque. Nikolai se hizo enseguida amigo de ellos, porque hablaban español entre todo aquel griterío italiano, y porque la espontaneidad e informalidad de los jóvenes le cayó bien. Se llamaban Bernardo, José y Raúl y tenían entre 23 y 22 años, les gustaba leer y hablar de política. Llevaban muchos libros.

Nikolai enseñó a Raúl a jugar a ajedrez, Bernardo enseñó a Nikolai a jugar a ping pong. Enseguida se formó una liguilla. El ruso y los latinoamericanos formaron un equipo “de izquierdas” en liza con el conjunto “burgués” de a bordo. El contacto humano con aquellos nuevos amigos tropicales, dos guatemaltecos y un cubano, descongeló enseguida los rígidos reflejos funcionariales en el ruso. Nikolai prestó dinero de su “fondo reservado”, “sólo para casos de urgencia”, a sus compañeros, con los que compartía todo. Como la URSS estaba mal vista en casi todo el mundo y su pasaporte no se lo permitía, Nikolai no podía bajar a tierra en las tentadoras escalas de la travesía. Enfundado en su traje negro de rayas, el ruso parecía un empleado de banca inglés en el trópico. En Cádiz ya se moría de calor, y en el Andrea Gritti había una pequeña piscina. Los latinoamericanos se bañaban, pero Nikolai no tenía bañador.

En la URSS de entonces no existían los bañadores, la gente se bañaba en calzoncillos, así que durante la escala en Santa Cruz de Tenerife, mientras Nikolai armaba un gran escándalo con el capitán del barco que pretendía retener su pasaporte, como el de todo el pasaje, hasta el final de la travesía, los latinoamericanos volvieron de un paseo por la ciudad con un bañador y unos plátanos para Nikolai, ya más calmado al saber que lo del pasaporte no era una conspiración de aquellos anunciados enemigos al acecho. Nunca había visto un plátano. Ellos preguntaban sobre la URSS y él sobre América Latina. Nikolai les explicó que en su instituto se estudiaba inglés, español, alemán, francés y chino, y que él había sido uno de los tres de la rama española seleccionados para trabajar tres años en el extranjero, combinando la embajada con el perfeccionamiento del español. El alegre y extrovertido Raúl, con quien Nikolai entabló una amistad particularmente intensa, le habló de su hermano, “el abogado”. Bernardo le explicó que en su país de volcanes había un gobierno, el de Jacobo Arbenz, que promovía la reforma agraria. Arbenz sería derrocado un año más tarde, en junio de 1954, en un golpe de Estado/invasión derechista financiado por la CIA y la United Fruit Company. Ninguno de aquellos cuatro jóvenes sabía aquel día lo que el destino les deparaba, aunque sus vidas estaban ya escritas en sus convicciones y carreras. Raúl, cuyo apellido era Castro, no sabía que pronto se vería envuelto en una de las revoluciones más extraordinarias de América Latina cuyo líder sería su hermano, el abogado. Bernardo Lemus, no sabía que su actividad como abogado defensor de los sindicatos le conduciría a ser asesinado en la Guatemala de los setenta por la Mano Blanca, una de las versiones locales de los escuadrones de la muerte. Nikolai Leonov tampoco sabía que algún día llegaría a ser Teniente General del KGB, jefe de su Directorio Analítico o cerebro de la inteligencia soviética, y que su intervención sería decisiva en asuntos tan dispares como el apoyo de Moscú a la ofensiva final contra Saigón en Vietnam, el suministro de armas a la guerrilla de El Salvador, o el máximo gol marcado a la CIA por el espionaje soviético en toda su historia, el reclutamiento de Aldrich Ames como topo de la Lubianka.

En la cubierta del barco. Leonov en el centro. A su derecha Raúl Castro. A la izquierda el guatemalteco Bernardo Lemús.

Cuando los jóvenes se despidieron en el puerto de La Habana, Nikolai observó impresionado desde cubierta cómo la policía de aduanas golpeaba brutalmente a sus amigos. Les habían incautado los libros “subversivos” comprados en Bucarest y Odesa. Ninguno de ellos podía sospechar tampoco que su travesía a bordo del Andrea Gritti abría un capítulo completamente nuevo de las relaciones de Moscú con Latinoamérica. La amistad de Raúl Castro y Nikolai Leonov quedaba para toda la vida. Sobreviviría a la propia URSS y a los avatares de la revolución cubana.

Calle Emparán, 43. México D.F.

El desembarco de Nikolai Leonov en Veracruz fue accidentado. En México no se podía entrar sin un certificado de vacunación de viruela, y como el joven no lo tenía, no le dejaban bajar del barco. Todos los demonios y las advertencias de sus superiores en Moscú resucitaron de repente en su cabeza, al ver que no le permitían desembarcar, pero cuando el capitán le propuso vacunarle a bordo ya no le quedó ninguna duda de que estaba en marcha un complot para asesinarle. Pasaron 24 horas. El funcionario de la embajada de la URSS en Ciudad de México que había venido a buscarle a Veracruz ya estaba harto de esperar, “¡que te vacunes, hombre!”, le gritaba desde el muelle. Hablaba en ruso, pero para Nikolai aquel tipo podía ser un agente provocador. En el barco le tomaban por un gallina que temía la jeringa. Al final, subió al barco un hombre gordito que se presentó como Jorge Lerín. Pertenecía a los servicios secretos mexicanos, pero en la embajada soviética era como de la familia. Lerín era el encargado de vigilar a los soviéticos, pero bajo el sol del altiplano se había forjado cierta familiaridad. El hombre explicó a Nikolai con toda franqueza quién era y qué hacía. El joven todavía dudó hasta que el agente le dijo, “que lo que necesitan los de inmigración es el papel, ¡carajo!” En ese instante, Nikolai lo entendió todo. No era una conspiración para asesinarle inyectándole un veneno, era un papel. “El hombre soviético se compone de tres cosas: cuerpo, alma y papel”, reza un dicho ruso. La existencia en la URSS era una continua carrera de obstáculos entre un problema de papeles y otro. Desembarcó.

Un mes después, ya en Ciudad de México, el joven funcionario de la embajada soviética se quedó estupefacto al leer en los periódicos la noticia del asalto a un cuartel del ejército cubano en Santiago de Cuba. Entre los implicados figuraba su amigo Raúl. El hermano de este, Fidel, el abogado, era el líder de aquella operación suicida. Nikolai sabía que Raúl era de izquierdas, pero no tenía ni idea de que fuera a tomar por asalto a mano armada una fortaleza del ejército. Ese episodio le llevó a solicitar al embajador que le permitiera encargarse de los asuntos cubanos. Así, leyendo la prensa, fue siguiendo las vicisitudes de su amigo y sus compañeros, su encarcelamiento en la isla de Pinos, su juicio, al que Fidel Castro dio la vuelta con su discurso “La historia me absolverá”, y la amnistía de 1955.

Un día de julio de 1956 paseando por el Zócalo de Ciudad de México, Leonov se topó de frente con Raúl Castro; “¡hombre Nicolás!, ¡qué alegría!”, se abrazaron. Los Castro se habían exiliado en México donde andaban metidos en todo tipo de conspiraciones: recogían armas, dinero y se organizaban para el próximo asalto, pero Nikolai no tenía ni idea de todo eso. Raúl le dio su dirección en la ciudad: calle Emparán, 43, su piso conspirativo. Cuando el joven ruso fue a verle a aquella casa, Raúl estaba con anginas. Un amigo médico cuidaba de él. Entablaron conversación. Resultó ser un argentino llamado Ernesto Guevara, al que llamaban Che. Andaba buscando un libro de Ostrovski, Así se forjó el acero, ambientado en los medios de los jóvenes comunistas rusos de la época de la guerra civil, jóvenes entregados en cuerpo y alma al partido, ecos de una Rusia revolucionaria que había desaparecido durante el estalinismo. Leonov le dio su tarjeta y quedaron en que Guevara iría a buscar ese y otros libros un día a la embajada. Al salir de la casa, Nikolai se topó con Fidel, Raúl los presentó. Al “hermano abogado”, que en aquella época llevaba una pistola en la sobaquera, no le gustó la presencia de aquel desconocido en Emparán 43. Nikolai tuvo el tiempo justo de pedirle que le dedicara un ejemplar de La historia me absolverá.

Tiempo después, los Castro y toda su red conspirativa cayeron. La policía mexicana encontró la tarjeta de un funcionario de la embajada soviética en una chaqueta de Guevara. El nombre de Leonov, que era el último mono de la embajada, apareció en una columna del diario Excélsior titulada “Siguiendo la pista”. Fue el estreno de aquella “conexión moscovita” que luego tendría tanto éxito en América Latina, casi siempre exagerada, pero en aquel caso absolutamente disparatada. Las relaciones de Leonov con Raúl y los revolucionarios cubanos eran personales, humanas. El embajador de la URSS, al que había que rendir cuentas de cualquier amistad, no estaba al corriente de las relaciones de Nikolai, quien había preferido ocultárselas porque estaba seguro de que serían terminantemente prohibidas por su superior. Como consecuencia del escándalo, Leonov fue inmediatamente devuelto a Moscú, en octubre de 1956, con un billete de tren México-Nueva York, otro de barco Nueva York-Londres y un tercero de tren hasta la capital rusa. Al llegar a Moscú, los diarios le dieron una nueva sorpresa: su amigo Raúl, el abogado, el médico argentino y otros más habían desembarcado furtivamente en Cuba en un barco llamado Granma para iniciar un foco guerrillero. Lo explicaba una pequeña columna de Pravda. Fue entonces cuando Leonov decidió entrar en el KGB, ingresando en su Escuela de Inteligencia en 1958. Cuando concluyó el curso, dos años más tarde, los barbudos ya estaban en el poder en La Habana.

El KGB de los años sesenta, como la URSS, no era el mismo que el de la época de Stalin, recuerda el hoy teniente general.

A partir de mediados de los cincuenta, la URSS descubre el Tercer Mundo como terreno de juego. En esa partida, enormemente desordenada y miope, América Latina era el campo más prometedor

“Después de la desestalinización del XX Congreso, el país no podía, ni política ni administrativamente, regresar a la práctica de torturas y fusilamientos, los jóvenes que ingresábamos en el servicio nos considerábamos absolutamente desligados de aquel pasado, trabajábamos en otro estado que para nosotros era sumamente democrático y lo hacíamos sin remordimientos”.

Hasta entonces, la actividad de los servicios secretos soviéticos en Iberoamérica había estado envuelta en la espiral estalinista. Sus operaciones más representativas, como el asesinato de Trotski en México, eran ajustes de cuentas de Stalin contra sus enemigos internos. En la época de la generación de Leonov, las prioridades eran afianzar y extender el prestigio y la presencia de la URSS en el mundo, y mantener el frente ante un rival, los Estados Unidos, infinitamente superior como potencia. A partir de mediados de los cincuenta, la URSS descubre el Tercer Mundo como terreno de juego. En esa partida, enormemente desordenada y miope, América Latina era el campo más prometedor para Moscú. En ese nuevo contexto, Leonov fue el pionero de la segunda ola en la presencia del KGB en América Latina, una presencia bastante artesanal en la que los agentes como él se ponían nerviosos al observar la incompetencia de los que tomaban las decisiones y que tuvo en Cuba un valioso aliado. Moscú descubrió América Latina y sus potencialidades en Cuba, y en ese descubrimiento, Leonov jugaría el papel de un anónimo y casual Cristóbal Colón.

El descubrimiento de Cuba

En octubre de 1959 la URSS organizó una exposición de sus logros industriales y científicos en México que fue una gran operación de relaciones públicas. Anastás Mikoyán, el único de los lugartenientes de Stalin que sobrevivió políticamente y sin sobresaltos al estalinismo, era el jefe de la delegación soviética en su calidad de Vicepresidente del Consejo de Ministros de la URSS. En aquel viaje, en el que Mikoyan captó el enorme potencial del sentimiento “antigringo” existente en México, Leonov fue a la vez su intérprete y guardaespaldas, “gracias a Dios, sin pistola”, es decir, en caso de agresión había que poner el cuerpo delante de Mikoyán y rogar a Dios. Uno de los principales resultados de aquel viaje fue que Fidel Castro, que llevaba nueve meses en el poder, le envió un mensajero, Héctor Rodríguez Llompart, con una propuesta verbal de Fidel para que al término de la gira americana la exposición se celebrara también en La Habana. Para entonces, Mikoyán ya se tomaba en serio lo que había pasado en Cuba y como se había enterado de que Leonov conocía personalmente a los Castro, a principios de 1960, poco antes de la visita a Cuba convocó al joven oficial a su despacho del Kremlin. “¿Es verdad lo que cuentan de que usted es amigo de los hermanos Castro?”, le preguntó.

Leonov le explicó a Mikoyán la historia de la travesía a bordo del Andrea Gritti y algunos pormenores de sus andanzas en México hasta su fulminante expulsión por el embajador, en 1956. Mikoyán le pidió pruebas de esa historia y el oficial del KGB le enseñó unas fotos de aquel viaje, hechas por José con la máquina de Raúl en la que los jóvenes aparecían en bañador. A partir de entonces, Nikolai Leonov estuvo siempre presente, como traductor, en las visitas más importantes de altos dignatarios cubanos a la URSS y de soviéticos a Cuba. La primera de ellas fue la de Mikoyán.

Aquella revolución joven y tropical no tenía nada que ver con aquel gris sangriento que rezumaba Moscú

Al descender de su Ilyushin 18, el espectáculo que se le presentó al lugarteniente de Stalin fue de lo más curioso. Aquella revolución joven y tropical no tenía nada que ver con aquel gris sangriento que rezumaba Moscú. “Había una multitud enorme en la que se mezclaba desordenadamente la guardia de honor, los ministros, el público curioso y los diplomáticos, todo en aquel pueblo irradiaba alegría, bondad y al mismo tiempo firme dignidad”. Mientras saludaba a Mikoyán, Castro le dijo en broma mirando al intérprete: “¿Seguro que ese es de los suyos?” Todavía se acordaba de la contrariedad que le había causado ver a Leonov, un desconocido, en aquel piso conspirativo de Ciudad de México. La visita oficial fue tan curiosa como aquel recibimiento. En lugar de hoteles y banquetes, arroz con frijoles y campings, pero la atmósfera fue excelente. “Es como si hubiera regresado a mi juventud”, exclamó Mikoyán.

Muchos corazones de aquellos muzhik, incluido el de Jrushov, se ablandaron ante las estampas y aromas de la joven revolución. Los funcionarios, excampesinos de primera generación como el propio Leonov, perdían rápidamente su carcasa en Cuba, explicaba Guevara en 1964; “vienen destinados aquí desde la URSS, pensando únicamente en ahorrar para comprarse el coche a su regreso, pero a los tres meses ya tienen otras ideas”.

En esa atmósfera Cuba y la URSS decidieron establecer relaciones diplomáticas e iniciar contactos económicos. El primer capítulo comercial fue la compra de 1,2 millones de toneladas de azúcar cubano negociadas durante una visita de Guevara a Moscú en la que el argentino fue el primer extranjero en recibir el honor de subir al mausoleo de Lenin en la Plaza Roja durante los actos del aniversario de la Revolución de Octubre.

Como aquel gesto indicaba, Mikoyán había quedado absolutamente convencido de la importancia y potencialidad de Cuba como puerta latinoamericana. “En ninguna parte del mundo contábamos con algo semejante”, dice Leonov.

“En el mundo árabe, las relaciones eran siempre inciertas y cambiantes, en América Latina teníamos una apuesta segura, mucho mejor que en Oriente Medio, Mozambique o Angola, el sentimiento antinorteamericano era enorme, y nuestro país no podía despilfarrar sus limitados recursos por todo el mundo”.

De izquierda a derecha Anastás Mikoyán, el Che Guevara, Leonov y Nikita Jrushov, durante la visita de Guevara a Moscú.

Por su historia y cultura, los norteamericanos tenían en América Latina algo parecido a lo que Polonia representaba para la URSS, pero potencialmente mucho más conflictivo y más grande. La URSS atravesaba una de las épocas más optimistas y eufóricas de su historia. Jrushov hablaba de “alcanzar y superar” a Occidente, y en el terreno militar estratégico se aspiraba a disminuir la enorme ventaja de los Estados Unidos. Con esas ideas rondando por los más altos despachos del Kremlin, Leonov fue enviado a Praga en una misión confidencial. Su amigo Raúl Castro se encontraba allí de visita oficial en calidad de ministro de Defensa de Cuba, y su misión era encontrarse con él “por casualidad”, sin que se enteraran ni los checos ni la embajada soviética en Praga, y le transmitiera una invitación personal de Jrushov para visitar la URSS. Fue a Praga, se plantó delante del Palacio Presidencial y cuando pasó el cortejo con Raúl, este le vio y volvió a exclamar; “¡hombre Nicolás!, ¿¡qué haces tú por aquí!?” En cuanto llegaron a Moscú, los generales y mariscales del ejército envolvieron a Raúl sin muchas ganas de que el KGB metiera las narices en sus asuntos de armas. La crisis de los misiles, que colocaría al mundo al borde de una catástrofe nuclear, se adivinaba en aquel ambiente de creciente cordialidad entre Moscú y La Habana, y de irritación norteamericana.

La crisis de los misiles

Con su malogrado intento de invasión de Cuba en Playa Girón, los Estados Unidos estrecharon las relaciones entre La Habana y Moscú en abril de 1961 y convirtieron la seguridad de la isla en una prioridad absoluta para sus dirigentes. Segura de sí misma como nunca más lo volvería a estar, recuperada de la destrucción de la Segunda Guerra Mundial y liberada de la pesadilla estalinista, la URSS miró hacia el mundo y pensó que se podía pagar a los norteamericanos con su misma moneda. “En 1960 nuestro país estaba rodeado por un estrecho cinturón de bases aéreas norteamericanas”, recuerda Leonov. Antes de la aparición de los misiles nucleares intercontinentales, la aviación estratégica norteamericana era el principal factor para mantener la superioridad estratégica de los Estados Unidos sobre la URSS. Todos los grandes centros administrativos e industriales de la URSS se encontraban dentro del radio de acción de la aviación americana. El territorio de los Estados Unidos se mantenía invulnerable para los medios de los que la URSS disponía hasta mediados de los años cincuenta. Fortalecer esa posición y hacerla eterna era el sueño dorado de los políticos de Washington: tener siempre la posibilidad, impune e incontestable, de atacar a cualquiera de sus adversarios en cualquier punto del mundo.

En Moscú el sueño era poder llegar a amenazar territorio norteamericano y crear un cierto equilibrio.

Inmediatamente después del discurso de Winston Churchill en Fulton, que daría la señal para el inicio de la Guerra Fría, Stalin, según explicaba el mariscal Sergei Ajromeyev, ordenó el estudio del posible despliegue de un ejército soviético de un millón de hombres en la península de Chukotka, la orilla rusa del estrecho de Bering. Aquel ejército debía ser capaz de invadir Alaska, en caso de que Estados Unidos efectuase ataques aeronavales contra la URSS. Chukotka es algo parecido al fin del mundo, no hay carreteras ni ferrocarriles que lleguen hasta allí y el estudio demostró la inviabilidad del plan. La victoria de los barbudos en Cuba cambiaba absolutamente las cosas; “por primera vez surgió la posibilidad de contrarrestar militarmente a los Estados Unidos en el propio hemisferio occidental”.

Por su historia, situación geográfica y la personalidad de sus líderes, Cuba era el único aliado de Moscú plenamente soberano e independiente

El sueño estratégico del Kremlin no le fue impuesto a Cuba, sino que coincidió con los deseos de esta de despejar la posibilidad de una nueva invasión militar norteamericana. Por su historia, situación geográfica y la personalidad de sus líderes, Cuba era el único aliado de Moscú plenamente soberano e independiente. Aquella relación era una tarjeta de visita hacia el Tercer Mundo mucho más presentable que la que reinaba en el Pacto de Varsovia y comparada con esta, una auténtica anomalía. En esta irrepetible constelación de factores se produjo el consenso de la instalación de los misiles en la isla, un acuerdo cuya equidad no discute el biógrafo norteamericano de Castro, Tad Szulc, un hombre que no comparte la profunda simpatía de Leonov hacia la revolución cubana. El jaque estratégico soviético los Estados Unidos duró poco tiempo, se negoció en medio de tensiones de guerra nuclear muy concretas y se resolvió de una forma bastante equitativa. Los soviéticos retiraron los cohetes de Cuba y los americanos retiraron los suyos de Turquía. Estratégicamente se regresó al desigual punto de partida hasta la aparición de los misiles intercontinentales, pero la URSS había “patinado” en su intento de subir un escalón, y eso reveló la realidad de la correlación de fuerzas y condenó como “aventurerismo” el clima de euforia creado por Jrushov, quien acabó pagando por ello. En 1961, Leonov fue de nuevo destinado a la embajada en México, esta vez como tercer secretario y en calidad de agente del KGB. Desde allí acompañó a Fidel Castro en una visita a la URSS en la primavera de 1963.

Recorrieron catorce ciudades en cuarenta días, desde Murmansk, en el norte, donde su avión estuvo a punto de estrellarse, hasta Siberia, Transcaucasia y Asia Central. Aunque sin llegar a la simpatía que se había dado con Raúl, el más distante Fidel y Leonov se hicieron definitivamente amigos durante aquel largo periplo.

Leonov, Fidel Castro y Brezhnev en el Kremlin, años setenta.

El oficial del KGB tenía 35 años, en México se quedaría hasta 1968 y en esa época su fascinación y simpatía por América Latina crecería y maduraría hasta dar lugar a una curiosa actitud en su labor como agente de inteligencia. En América Latina, Leonov aprendería a mirar a su propio país desde una crítica que nunca ocultó ni le impidió hacer una espectacular carrera en el KGB. Con el tiempo, el oficial se convertiría en algo parecido a un embajador de la izquierda latinoamericana en Moscú. Una izquierda frecuentemente ingenua en su lejana ignorancia, que creía que la URSS era un país “comunista” en el sentido occidental del término, y sus dirigentes, gente de izquierda.

Armas de Vietnam para El Salvador

En la década de los setenta, Leonov era un hombre que conocía bien América Latina. En 1968, al término de su segunda estancia en México, había sido nombrado vicejefe del Departamento Latinoamericano del Primer Directorio Principal (Inteligencia extranjera). Su prestigio profesional aumentaba, pero al mismo tiempo su biografía, sus experiencias personales y su evolución intelectual le colocaban en una posición dentro del KGB que combinaba las actitudes de francotirador latinoamericanista con las de funcionario de una superpotencia a la que le venía manifiestamente grande su responsabilidad en el mundo. En Ciudad de México, Leonov había conocido a un exiliado guatemalteco llamado Víctor Manuel Gutiérrez, que era uno de los líderes del Partido Guatemalteco del Trabajo (comunista). Gutiérrez, que había sido Presidente del Parlamento de Guatemala durante el gobierno de Jacobo Arbenz, era un amigo íntimo. Leonov conocía bien a su esposa y sus hijos, y lo define como “un hombre muy culto, delicado y bondadoso, profesor de historia entregado a la obra de escribir una historia de los pueblos de América Central”. En 1967 Gutiérrez fue llamado a una reunión clandestina del partido en el interior. Acudió con el presentimiento de que no volvería y le hizo prometer a Leonov que si lo mataban él sería el autor de aquella Historia de América Central. Cayó en una trampa y, tiempo después, gracias a las revelaciones de uno de sus verdugos, que había huido a México, se supo que había muerto asfixiado mientras le torturaban y que su cuerpo había sido arrojado al mar desde un helicóptero del ejército guatemalteco. Fiel a su compromiso, Leonov concluyó en Moscú su Historia de América Central en 1973, justo cuando fue ascendido a jefe del Departamento de Inteligencia y Análisis del Primer Directorio Principal, y la presentó como tesis doctoral. La muerte de Gutiérrez fue una herida que dejó huella y reafirmó su compromiso con lo que ocurría en Latinoamérica. Años después, cuando la izquierda salvadoreña se echó al monte tras el asesinato del Arzobispo primado de El Salvador, monseñor Romero, Leonov tuvo ocasión de desquitarse. El Partido Comunista de El Salvador había pedido armas a Moscú. Brezhnev, que no sabía muy bien donde estaba El Salvador y no era amigo de aventuras románticas, no respondía a la demanda. La época de Jrushov, con sus cambios, aperturas y chapuzas, había dado paso a una fase restauradora:

“Con Latinoamérica eran muy cuidadosos, estaban muy vivos los recuerdos de la crisis de los misiles y eso impedía que lleváramos a cabo una verdadera política en la región que nos era más favorable”.

Sin embargo, había algunas brechas. Si en lo interior la política de Moscú estaba fosilizada, en lo exterior había “cierta flexibilidad”: “Los salvadoreños pedían misiles tierra-aire, los mismos que, suministrados por los norteamericanos, derribaban nuestros helicópteros en Afganistán, junto a nuestra frontera. Había, pues, razones sobradas para concederlos, pero los dirigentes tenían miedo, porque sabían que cualquier arma de fabricación soviética en manos de los enemigos de los Estados Unidos en aquella región sería objeto de un fenomenal escándalo internacional”.

Desde el Departamento de Inteligencia y Análisis, Leonov había tenido una brillantísima intervención en la fase final de la guerra del Vietnam

Desde el Departamento de Inteligencia y Análisis, Leonov había tenido una brillantísima intervención en la fase final de la guerra del Vietnam. En 1975 Hanoi se disponía a utilizar prácticamente todo su ejército en una ofensiva final en territorio de Vietnam del Sur que preocupaba mucho en Moscú.

Vietnam del Norte iba a quedar peligrosamente desprotegido y la única defensa de su capital era un batallón de tanques. En Moscú se temía una repetición de la situación creada en 1950 durante la guerra de Corea, cuando un desembarco sorpresa de los norteamericanos en la retaguardia cortó la península en dos mientras la ofensiva se libraba en el sur. Aquel desastre costó casi 200.000 prisioneros al ejército norcoreano y obligó a China a intervenir en el conflicto. En 1975 se temía algo semejante: un desembarco norteamericano en Hai Phong, en la retaguardia de Vietnam del Norte y a tiro de Hanoi. El Kremlin estaba dispuesto a enviar al lugar su flota del Pacífico, una maniobra costosa y arriesgada. China, que entonces mantenía un conflicto casi abierto con la URSS y rivalizaba con Moscú en influencias ante el Partido Comunista Vietnamita, apoyaba sin reservas la ofensiva. El dilema era o arriesgarse a una sorpresa norteamericana como la de 1950, o enviar la flota a la zona para impedirlo en una navegación de más de 3.000 kilómetros frente a las costas chinas, que contenía el riesgo de serios roces con Pekín. El diagnóstico de Leonov fue que ni política ni militarmente podían los norteamericanos realizar tal desembarco, por lo que no era necesario enviar la flota. Moscú dio luz verde a la ofensiva que concluyó con la retirada total norteamericana del país. Leonov nunca ha hablado de este episodio, pero el prestigio que se ganó con aquel análisis le permitiría, cinco años después, resolver la delicada y estancada petición de armas del Partido Comunista de El Salvador. En su precipitada huida, los norteamericanos dejaron en Vietnam centenares de toneladas de armas. Leonov convenció personalmente a Brezhnev de que esas armas norteamericanas eran ideales para combatir contra los intereses norteamericanos en El Salvador sin la menor implicación soviética. Se organizó un triángulo Hanoi-Moscú-La Habana y poco después un documento del Comité Central del PCUS con los epígrafes “Urgente” y “Alto Secreto” cursaba las correspondientes instrucciones: embarcar “6.080 toneladas de armas automáticas y municiones de fabricación occidental de Hanoi a La Habana, para su entrega a los amigos salvadoreños a través de los camaradas cubanos”. Un segundo documento, especificaba que el transporte se efectuaría en aviones de Aeroflot.

Parece que el recuerdo de Víctor Manuel Gutiérrez animó aquella difícil y delicada gestión ante Brezhnev.

La amalgama soviética y América Latina

América Latina politizó a Leonov y le hizo comunista con un ambiente de autenticidad y en un universo ético que no existía en la URSS. “Para mí el comunismo no era la ideología oficial que se aprendía en los institutos de marxismo leninismo, yo lo aprendí de los comunistas de América Latina, donde entrar en el partido casi equivalía a una condena de muerte”, dijo en cierta ocasión. Al preguntarle por la sustancia de ese “comunismo” suyo, Leonov citaba el Evangelio y se refería a las esencias del cristianismo, algo muy poco corriente en la URSS. El oficial del KGB encontró al otro lado del Atlántico ideales para suplir lo que en su país era una carcasa vacía, una fachada que sostenía intereses de Estado y ocultaba, especialmente al observador cegado por doctrinas de izquierda, la tradición local de despotismo. Estos ideales, la lucha de los pobres y oprimidos, sus verdades y justicias, conectaban con su país en varios puntos. Uno era la ideología “nacional” del KGB, un aparato beligerante en la defensa de los intereses de la URSS con una ideología patriótica, tradicional y de derechas, desde el punto de vista de sus presupuestos filosóficos. Vista desde América Latina, esa ideología nacional rusa, de la que el internacionalismo oficial no era más que el apagado eco de la tradición integradora, universalista y de cruzada del cristianismo ruso, era el principal contrapeso a la influencia dominante de los Estados Unidos en la región. Leonov vivía entre ese comunismo ideal y ese servicio.

La geopolítica se encargaba de casar ambas cosas y cuando surgían contradicciones las intentaba resolver de tal forma que su carrera no entorpeciera sus convicciones. No es necesario decir que Leonov era, por tanto, una excepción, uno de los raros hombres de izquierda, en el sentido occidental del término, que podía encontrarse en la URSS de la época de Brezhnev, una personalidad absolutamente atípica no solo en la despolitizada y conformista sociedad soviética de entonces, sino también en las filas de un funcionariado moralmente corrupto y profesionalmente ineficaz, y desde luego en el KGB, con su particular espíritu de cuerpo y su elitista integrismo nacional burocrático.

Leonov advirtió a Fidel Castro sobre los peligros de poner todos los huevos de Cuba en el cesto de la URSS.

“Conocía bien el complejo de interrelaciones de los países socialistas, sabía que podía cambiar rápidamente. Habíamos vivido el brusco cambio de actitud con China, con Albania, la recuperación de la cordialidad con Yugoslavia tras diez años de agresiva hostilidad, incluidas amenazas de asesinato, todo sin razón aparente. Conocía también el carácter de Fidel, a quien respeto profundamente; un temperamento indómito que nunca iba a ser un satélite dócil. En circunstancias concretas, la reacción del campo socialista a un líder así podía dar lugar al aislamiento, un país como Cuba no podía estar a merced de esos caprichos porque serían fatales para él, y así se lo transmití. Él se equivocó al contar con nosotros en las relaciones a largo plazo, huyendo del fuego que eran los americanos, cayó en nuestras brasas”.

Leonov considera que Castro tenía posibilidades de diversificar sus relaciones y apoyos, sobre todo en el Tercer Mundo: “Nosotros estropeamos su posición, en mi opinión totalmente merecida, como líder del Tercer Mundo, nuestra intervención en Afganistán coincidió prácticamente con su liderazgo en el Movimiento de Países No Alineados y lo devaluó”.

En la URSS gris de los años setenta y primera mitad de los ochenta, Leonov se consideraba un “demócrata radical”, un concepto que con la Perestroika adoptaría un sentido totalmente diferente. Quería reformas, veía que el país se estaba yendo a pique, y no ocultaba sus opiniones sobre la incompetencia e irresponsabilidad de sus líderes. En 1979, pronunció un discurso memorable en la Escuela de Inteligencia del KGB. En un libro sobre la historia del KGB escrito en la órbita del MI5 británico, el tránsfuga del KGB Oleg Gordiyevskii considera “clave” aquel discurso del que subraya sus propuestas políticas. En realidad, lo extraordinario de aquel discurso, que tanto impactó en el mundillo de los servicios secretos soviéticos, fue otra cosa: sus ideas sencillas y transparentes.

“Yo sentía un gran amor hacia América Latina, pero conocía a muchos de nuestros oficiales que odiaban los países en los que trabajaban. En aquella ocasión dije que había que tener una relación afectiva con los países a los que (los espías) eran destinados, que no había que tener nunca un sentido de superioridad, racista, social o intelectual, hacia los pueblos de esos países, que había que tomar a sus gentes como eran, compenetrarse con sus puntos de vista, su modo de sentir las cosas, estudiar su cultura y su historia. En relación a los jefes, enfaticé la necesidad e importancia de decir la verdad, sin acomodarse a los deseos de los superiores que muchas veces quieren que con tu información confirmes sus puntos de vista. Dije que había que tener valor cívico para cumplir el deber profesional, decir la verdad, ser profesional hasta el final, hasta el punto de sacrificar, o por lo menos arriesgar, la carrera, si se hacía necesario”.

El régimen que no daba más de sí. En 1979, explicárselo a los sandinistas, triunfantes y ya asediados, que miraban hacia los países del Este con ingenuas esperanzas, no fue sencillo

En ninguna administración burocrática, y menos aún en la de Brezhnev, esta filosofía podía tener futuro, sin embargo a Leonov no le perjudicó: no solo se mantuvo en su carrera, sino que ascendió hasta lo más alto del KGB. Una razón la ofrece, según Leonov, la personalidad de su jefe supremo, Yuri Andropov. El presidente del KGB (1967/1982), “compartía esa filosofía, en su despacho las conversaciones siempre eran directas, sin orquesta, se discutía”, quizá porque unos servicios secretos “con orquesta” dejaban de ser eficaces. En América Latina, Leonov hacía de todo. Una vez viajó como “corresponsal” de la agencia Nóvosti al Perú de Velasco Alvarado. En su hotel de Lima recibió amenazas telefónicas en un ruso impecable, inequívoca señal de que había sido detectado. Inmediatamente se quejó a uno de los jefes de los servicios secretos peruanos, “¡pero si no somos nosotros, chico!, ¡son los gringos!”, le respondió el hombre. En Panamá, negoció acuerdos pesqueros y se hizo amigo de Omar Torrijos que le cautivo, igual que a Graham Greene y a García Márquez, en México conoció a Lee Oswald, cuando este acudió a la embajada soviética tembloroso y perseguido por la CIA, en solicitud de residencia en la URSS, poco antes del asesinato del presidente Kennedy.

Seguramente, Leonov hizo otras muchas cosas que no cuenta por razones obvias, pero todo aquel trabajo, aquellos concienzudos esfuerzos, informes, investigaciones y captaciones, se estrellaba contra un régimen que no daba más de sí. En 1979, explicárselo a los sandinistas, triunfantes y ya asediados, que miraban hacia los países del Este con ingenuas esperanzas, no fue sencillo.

Sorpresa sandinista

Cuando Leonov llegó a Managua pocos días después de la victoria contra Somoza, los jóvenes dirigentes sandinistas todavía no sabían que la URSS estaba exhausta, que el internacionalismo proletario había fallecido y que los países socialistas del este de Europa sólo estaban dispuestos a mantener relaciones sobre bases estrictamente comerciales.

Fascinado por el sandinismo y las perspectivas que abría en la región, el ya general del KGB avisó a los nicaragüenses que no esperasen grandes cosas de Moscú y preparó cuidadosamente un informe recomendando vivamente la inmediata prestación de ayuda a Managua. Las directivas generales de Andropov eran buscar aliados sobre todo entre los países pequeños que tuvieran un elevado valor estratégico para Moscú y que no requirieran de grandes gastos. Con sus cuatro millones de habitantes y su ubicación, Nicaragua era uno de esos países. Necesitaba ayuda militar y medio millón de toneladas anuales de petróleo, el 0,1% de la producción de crudo de la URSS de entonces. El proyecto era que cada país del bloque socialista cediera una pequeña cuota de petróleo soviético a Nicaragua, pero la experiencia de “acciones internacionalistas en común” dentro del bloque era penosa. “Cada país tenía su temperatura, la RDA era la que mejor reaccionaba, le seguía Bulgaria, luego Checoslovaquia. Polonia y Hungría iban siempre a la cola, y con Rumanía las relaciones eran tan difíciles que ni se contaba”.

Mientras el informe circulaba en Moscú de un despacho a otro y se perdía un tiempo precioso, el Kremlin envió a su primer embajador a Nicaragua. Bajó del avión totalmente borracho, no se sostenía sobre sus piernas y al no poder soportar ni siquiera la prueba del protocolo, hubo de ser enviado directamente al hotel. Los dirigentes nicaragüenses se enfadaron, y Leonov tuvo que utilizar toda su persuasión para disuadirles de enviar una nota oficial de protesta a Moscú. Lo peor de aquel embajador no era que estuviese alcoholizado, sino que era un diplomático de carrera, no vinculado al Comité Central del PCUS es decir un hombre de poco peso, sin influencias. Ello significaba que Moscú atribuía a Nicaragua el mismo valor que a, digamos, Gabón. Para evitar un escándalo y no profundizar en la hostilidad que mantenían entre sí el Ministerio de Exteriores y el KGB, Leonov envió un informe sobre la borrachera del diplomático a Andropov y este se la pasó confidencialmente a Andrei Gromyko. La información se extendió enseguida por todo el Ministerio, que ya entonces era un bastión de secretos admiradores de los Estados Unidos y su modo de vida, y la consecuencia fue que Nicaragua, “se convirtió en país non grato para nuestra diplomacia”.

“Aunque los congresos del partido aprobaban formalmente las obligadas declaraciones de apoyo a los movimientos de liberación nacional, nuestros dirigentes no tenían concepciones estratégicas y políticas de intervención en América Latina y en el Tercer Mundo en general, el espionaje no tenía directivas concretas, nosotros mismos buscábamos el frente de trabajo y confeccionábamos los programas”.

Los servicios secretos soviéticos conseguirían en los años ochenta su mayor victoria sobre la CIA: el reclutamiento de Aldrich Ames

“Ese trabajo consiguió al final convencer a la dirección del KGB de que América Latina ofrecía nuestra base más favorable, con sus fuertes sentimientos antinorteamericanos y el poco arraigo de la propaganda antisoviética que los Estados Unidos divulgaba sistemáticamente a través de los medios de comunicación”.

Gracias a esa conquista del KGB por sus profesionales latinoamericanos, gracias también al agresivo antisovietismo del primer mandato presidencial de Ronald Reagan, y pese a la enorme desproporción de medios económicos destinados, los servicios secretos soviéticos conseguirían en los años ochenta su mayor victoria sobre la CIA: el reclutamiento de Aldrich Ames.

‘Kolokol’ y García Márquez

Leonov no habla de Ames, y de tantas otras cosas, pero seguramente fue él quien reclutó al más alto cargo de la CIA (jefe del departamento de contrainteligencia de la sección URSS/ Europa Oriental) de los que trabajaron para Moscú a lo largo de toda la historia de la Agencia. Su detención, en febrero de 1994, fue calificada de “asunto muy serio” por el entonces presidente, Bill Clinton. Ames había tenido acceso a las operaciones más secretas de la CIA. El tránsfuga del KGB Oleg Gordiyevskii, que fue interrogado por Ames mientras todavía estaba activo como máximo “topo” británico en la Lubianka, dijo que el 75% de la información que pasó a Occidente, Ames la rebotaba a Moscú. La detención de Ames obligó a congelar las actividades subterráneas de la CIA en Rusia durante un año o más, según la estimación de los expertos. Funcionarios de la agencia declararon que reparar los daños del caso costaría unos diez años.

Bajo el seudónimo ruso de kolokol (campana), Ames comenzó a pasar información al KGB en 1985. Hacía dos años que Leonov había sido nombrado vicedirector del Primer Directorio Principal: era el responsable de todas las operaciones del KGB en América del Norte y del Sur.

Muchos indicios hablan en favor de que el reclutamiento de Ames fuera de origen latinoamericano. El agente de la CIA se veía con sus enlaces soviéticos en ciudades de América Latina como Bogotá y Caracas (también en Europa, Viena y Roma), su mujer, María del Rosario Casas, que también participó en el tráfico de información, era una colombiana y ya en los años setenta tenía amigos comunes con Leonov, entre ellos el escritor colombiano Gabriel García Marquez. Durante una visita a Moscú, Leonov y un profesor del Instituto de Relaciones Internacionales llevaron a García Marquez a visitar el Kremlin.

A la salida de aquella visita, el profesor hizo una foto de grupo. Durante varios años esa foto, en la que figuraban él, García Marquez y Leonov, estuvo en la salita de estar. Pero un día, aproximadamente en la época en la que Ames fue reclutado, la foto desapareció misteriosamente de la casa del profesor.

Nunca más la volvió a ver.

Leonov con García Márquez en una visita al Kremlin. La foto que desapareció misteriosamente.

Tecnología y diagnósticos

Con sus “guerras de las galaxias”, la campaña pacifista en Europa y su macartismo verbal, el primer mandato de Reagan resucitó viejos fantasmas y violentó muchas conciencias de izquierda, sin contar incluso con la posibilidad de que Ames trabajara por dinero, versión oficial de la CIA y al mismo tiempo la que más conviene a cualquier servicio secreto.

Según Leonov, en el pulso que el KGB mantuvo con la CIA, su organización obtuvo mejores resultados e incluso incomparablemente mejores si se tiene en cuenta la gigantesca diferencia de medios económicos de ambas partes en el ámbito de los diagnósticos:

“Eran superiores a nosotros en la preparación técnica y material, en organización y en la perseverancia por alcanzar los objetivos propuestos, pero inferiores en la exactitud analítica y en la elección de los instrumentos más idóneos de intervención en situaciones concretas”.

Para Leonov es un misterio la agresividad de los Estados Unidos hacia la pequeña Nicaragua, la insistencia miope de su prensa en resaltar el peligro de supuestas bases aéreas de la URSS en el país centroamericano, o las campañas que llevaron al minado de sus puertos, cuando era evidente para cualquier profesional que Moscú no tenía la menor intención de amenazar a los Estados Unidos desde Nicaragua. En la primera mitad de los setenta causaban asombro en la Lubianka las torpezas de Washington en Indochina. Durante el invierno 1978-1979 se consideraba suicida la insistencia de Washington de sostener en Irán a un Sha cuyo trono se tambaleaba manifiestamente. Los norteamericanos, que controlaban el ejército y los servicios secretos del Sha y que mantenían en el país miles de observadores y especialistas, parecían los únicos en no darse cuenta de lo que ocurría.

Lo mismo vale para el desembarco en Playa Girón en la Cuba de 1961, signo evidente de que Washington ignoraba el alcance y raigambre de la revolución cubana. “Nosotros andábamos muchas veces escasos de información empírica, pero nunca tuvimos dificultades en los diagnósticos”.

Moscú venció técnicamente en la “guerra de las embajadas” , el cúmulo de astucias para introducir aparatos de escucha en las sedes diplomáticas del adversario

Moscú venció técnicamente en la “guerra de las embajadas”, el cúmulo de astucias para introducir aparatos de escucha en las sedes diplomáticas del adversario, aunque el aplastante dominio occidental de la propaganda redujo los beneficios de aquella victoria a casi un asunto interno de prestigio en el pulso entre servicios secretos. Los soviéticos encontraron un montón de micrófonos, con una enorme variedad de sistemas en su embajada en Washington.

“Localizamos auténticas obras de arte, hilos microscópicos de plata instalados dentro de las cañerías de agua, lo presentamos todo en una rueda de prensa realizada en Washington, fue un escándalo de un día, en 24 horas dieron la directiva a la prensa de olvidar el asunto”.

En la embajada norteamericana en Moscú, la CIA sabía que había “algo”, pero nunca llegó a descubrirlo. El nuevo edificio de ocho plantas, que habían construido los rusos a finales de los setenta, estuvo deshabitado veinte años, hasta su inauguración en mayo del 2000. En la prensa el escándalo duró años. Leonov opina que si la embajada de la URSS en Washington se hubiera incendiado accidentalmente y sus inquilinos hubieran impedido entrar a los bomberos norteamericanos en el edificio para extinguir el fuego, el escándalo habría sido mayúsculo. Eso fue precisamente lo que ocurrió en el edificio central de la embajada norteamericana en Moscú, en la planta donde están instalados los sofisticados aparatos de escucha y detección, cuyo funcionamiento detectaba el KGB a través de las enormes oscilaciones del consumo de energía, y no hubo ningún escándalo.

“Los americanos se volvieron locos buscando micrófonos en el edificio nuevo de Moscú, mandaron equipos técnicos especiales, tenían sus sospechas, pero no encontraban nada porque lo que les habíamos puesto era un sistema especial integrado en la propia arquitectura del edificio, las vigas de acero eran como gigantescas antenas y podían utilizarse como escuchas activando los sistemas desde dentro sin apenas necesidad de instalación.

El secreto fue revelado públicamente a los americanos por Vadim Bakatin, el último presidente del KGB, inmediatamente después de la intentona golpista de agosto de 1991, que entregó a los americanos los planos y explicaciones técnicas de aquel enigma. En el campo del espionaje científico, la competencia fue ajustada.

“Nosotros éramos iguales e incluso superiores en el ámbito de la investigación científica fundamental, ellos nos aventajaban en tecnología, en las aplicaciones prácticas, por eso nosotros les robábamos tecnología y ellos a nosotros las ideas”.

En esta dialéctica los americanos fueron consecuentes hasta el final: cuando se trataba de delegaciones y visitas, fomentaban los contactos entre científicos de los dos países para intentar extraer el máximo de conocimientos e ideas, pero nunca enseñaban sus laboratorios.

“De nuestras delegaciones científicas, siempre vetaban la entrada en los Estados Unidos a los especialistas en tecnologías, a los prácticos, y recibían con los brazos abiertos a los científicos. Nosotros hacíamos a la inversa, hasta que Gorbachov empezó a destruir este equilibrio unilateralmente, porque ellos continúan igual.” En 1991, cuando ya era Teniente General, Leonov fue nombrado jefe del Directorio Analítico del KGB, algo así como el “cerebro” de la enorme estructura de seguridad del Estado. Desde 1985, e incluso antes, la influencia del KGB había menguado mucho, dice. “En Occidente se sobrevaloraba su papel”, asegura. Sus análisis no eran tenidos en cuenta por los dirigentes del país: “Escribí más de cincuenta análisis explicando que Rusia nunca recibiría una auténtica ayuda económica de Occidente, como ahora ha quedado claro para cualquier observador serio, pero los políticos no escuchaban”.

Epitafio de una gran potencia

Cuando le pregunté al Teniente General sobre las razones de la decadencia de la URSS y de su hundimiento, el jefe analista del KGB respondió citando tres grandes motivos:

  1. “La URSS y su población fueron víctimas del bajo nivel de sus políticos, resultado de setenta años de dominio dictatorial. Nuestro sistema solo filtraba hacia lo más alto a los canallas, y cerraba el camino a todas las personas rectas y responsables. Los líderes comunistas profesionales, los que vivían de explotar la ideología, la clase gobernante, era demasiado torpe para entender la necesidad de reformas, ponían los intereses de grupo por delante de los intereses nacionales. Eso hizo fracasar los intentos de reforma durante los años sesenta. Andropov era de otra madera, fue un estadista de gran categoría, pero, primero por falta de poder, y luego por falta de tiempo, no pudo desarrollar una reforma.

Todo ello no tiene nada que ver con el socialismo: ustedes en sus países tenían más “socialismo” que nosotros. Si hubieran echado a Brezhnev en 1977 como hicieron con Jrushov en 1964, se habría ganado tiempo para las reformas.

  1. Los reformadores rusos no eran ni ‘demócratas’ ni reformadores. Yo les llamó ‘comunistoides’.
  2. Los ‘comunistoides’ se apoyaron en Occidente para conseguir sus propósitos, y el sueño histórico de Occidente era la destrucción de este país”.

Era inevitable preguntarle a este general heterodoxo y en absoluto representativo, uno de los raros rusos de su generación que seguía razonando en términos de un socialismo genuino, sobre el epitafio que pondría a su tesón de tantos años al servicio de aquel “bastión de la paz” Leonov respondió con una cita de Simón Bolívar sobre la independencia de América Latina: “Los que lucharon por ella, araban en el mar”. Como la proa del paquebote italiano que partió de Génova aquella luminosa mañana de mayo de 1953.

(Fotos: archivo del autor)

237 opiniones en “Al servicio del Estado soviético”

    1. Supongo que la jefa del CNI español cogió una vez el ferry de Barcelona a Mallorca, repleto de jóvenes beodos que sólo piensan en fornicar y drogarse. Y así nos va…

      Un libro recopilando estos personajes y sus historias. Sabemos que tienes un montón de ellos, no hay excusas…

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      1. «Un libro recopilando estos personajes y sus historias. Sabemos que tienes un montón de ellos, no hay excusas…»
        No entiendo muy bien sus comentarios, aunque deduzco que son de etiología infantiloide.
        Un periodista que pergeña un libro basado en sus fuentes es un historiador de proximidad, por lo que otorga un gran valor a su creación.
        Nuestra directora del CNI pasó de calentar asientos universitarios a ocupar las sillas de los despachos de nuestras cloacas de inteligencia… aunque sería interesante su relato de experta fontanera mayor, y si la ley de secretos se lo permitiese, me temo que su lectura sería asaz prosaica y predecible.
        Si las excusas que usted menta se refieren a lo que Rafael podría escribir sobre la situación actual, creo que también yerra usted el tiro puesto que él no puede oficiar de oráculo como hacemos muchos aquí.
        Salud.

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      2. En fornicar y drogarme pensaba yo también a los 18 años, ahora tengo 63. Si a los 18 no piensas en follar…..mal asunto. De mayor, amargado y con mala leche. . Pero por el camino que llevamos en España….en pocos años todos asexuados. Respecto a las drogas, seguro que las necesitaremos todos en breve, habrá que volver a la marihuana como mínimo.

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  1. Menudo artículo. En la prensa hispanistaní cosas como estas siempre fueron rara avis, ahora ya ni digamos. No lo había leído antes y me lo he zampado de un tirón. Me pregunto que fue lo que motivó a Leonov a aprender castellano, porque me parece un punto significativo.

    No sè què opinaba Leonov de la perestroika, pero Gorbachov tenía razón en bastantes cosas (no en otras), una de ellas que Occidente necesitaba su perestroika, así que no estaba tan mal informado. Supongo que por el KGB, porque por gentuza como Gaidar lo dudo.

    Hay un punto que no se cita (porque para Poch es obvio) y no estaría de más. El sistema occidental vive de succionar recursos a escala agujero negro. No es hipèrbole. Ya estamos viendo lo enraizada que está su democracia en la que está cayendo. La URSS vivía de lo suyo y mantenía parásitos, externos, a punta pala, a diferencia de nuestro sistema que los cría internos, digamos que se veía venir, y los EEUU por cierto que no lo vieron venir. Si Occidente se enterara de algo y si supiera lo que le conviene, que nunca lo ha sabido, habría hecho de todo por sostener a la URSS en su propio beneficio. Que Leonov hiciera un informe al respecto, sobre què cabe esperar de Occidente, no puede ser más elocuente.

    Esto ha sido una guerra civil de Occidente, y como todas, han perdido ambas partes. Más la parte ‘vencedora’, mucho más. Las guerras civiles suelen ser engañosas circunscritas al marco de los estados modernos, del 19 para aquí, sobre todo porque son más o menos estancas, aparentemente, respecto al estado (siempre, siempre, influyen actores foráneos). Pero esto fue una guerra sistèmica llevada a cabo por estados, en ese sentido se parece más a las guerras de religión del 16-17, o a las guerras civiles romanas del siglo previo al imperio. Sólo un país tan estúpido como EEUU comprometió todo el sistema embarcándolo en un enfrentamiento profundamente imbècil.

    Digo todo esto porque no creo que sea muy justo cargar ciertas tintas. Desde un punto de vista de objetividad acadèmica. Dicho sea de paso, a la URSS le hubiera ido de otra manera si realmente la hubiera gobernado el KGB. Este tío el KGB lo cambió. Putin es del KGB. Y no sólo, el último presidente con cerebro de EEUU, Bush Sr., fue quien fue en la CIA. No creo que el ser militante de la orden tenga propiedades mágicas, que no las tiene, sino que individuos con determinada inteligencia acaban recalando en esas estructuras porque son las únicas que pueden darles respuestas. Por eso me sorprenden los chinos (que además sólo tienen una agencia de inteligencia, no 24 como los americanos).

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    1. No es nada raro: los psicópatas medran en los sistemas más o menos rígidos, acartonados. El de la URSS lo era. El de EEUU, con su multitud de sistemas que escapan al sistema federal, también. Cualquier sistema de «ordeno y mando», es perfecto para las personas no-empáticas.

      La corrupción estatal, en este caso, sería un tema ya casi cultural.

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      1. Bueno, Lambda, menos, menos. El sistema norteamericano no es la panacea de nada, inclusive entre los países de la OCDE es de los más desiguales y con mayores niveles de pobreza y ya sabemos como las gastan con los negros, pero….joder ¿tan rígido como la URSS? No me lo creo. Canción protesta, San Francisco, pacifismo, anti guerra del Vietnam, movimiento hippy, contracultura, drogas por doquier…..¿Ese es un país super rígido?

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      2. Quería decir sistemas políticos, o entornos muy formalizados, como multinacionales. Incluso organismos que no tenemos ni puta idea de que coño hacen con el dinero que les damos, como el FMI.

        Espero que se entienda ahora mejor

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  2. Gracias, Rafael. Un EXCELENTE artículo, pero también y un recorderis de una vida señera y honrada para todos aquellos miles y miles que en todo el mundo lucharon y luchan por una vida mejor desde la ÉTICA.

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  3. Faltó capacidad y sobró mala conciencia y sobre todo codicia, sobró mucha codicia para pasar de lo «común» a lo «privado». Luego se quiso rectificar, y en el caso ruso para esa rectificación se elije a Putin. En el bielorruso se continuó lo que sirvió en la URSS (y les fue muy bien). En el ucraniano, sobre todo por ser objetivo clásico de la CIA & Friends y por su propia composición sociopolítica, se fracasó.

    Curiosamente estamos comenzando a ver aquí una tendencia a la inversa, por lo menos en las leyes habilitantes que se proyectan: lo privado «a disposición» del poder político/público. Aunque en realidad exista de hecho una colusión público/privado desde hace mucho. Las leyes se refieren a lo privado «de fuera» de esa colusión.

    Nos pasamos la vida montados en el péndulo.

    Y sí, aquello fue una catástrofe, qué duda cabe. Era un mundo más seguro y previsible (aun con su drama) que el actual.

    Por cierto que hoy he leído un artículo de un analista militar (ex) rumano avanzando «un frente oriental» ya previsto dentro de la operación Z durante este año…

    También ha dicho el presidente de la DUMA que se va a desnazificar y desmilitarizar TODA Ucrania. Para ser exactos ha dicho «hasta la frontera con Polonia»…

    Ahí es nada.

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    1. Yo creo que al presidente de la DUMA lo que le debería preocupar es desnazificar el Donbas, que solo con eso ya está teniendo mucho trabajo Rusia. ¡En menudo berenjenal se han metido!

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      1. No discuto eso que dices, por lo menos le han echado pelotas. Pero…..Hay que darse cuenta de una cosa. Rusia está sola frente a EEUU Y TODOS SUS ALIADOS. Rusia aún no puede contar con China y ya veremos si puede contar mucho en el futuro. Pero hoy por hoy, Rusia se está enfrentando sola a la coalición de Occidente. Desde mi punto de vista, las sanciones económicas de Occidente y la ayuda militar a Ucrania, ya son en sí misma un acto de guerra. No veo que «el gran aliado chino» esté ejerciendo como tal ayudando también a Rusia con armamento. A todas luces, Rusia está sola ante el peligro. Si ya con EEUU la diferencia de armamento no nuclear es bastante sensible a favor de EEUU, ya con todos los países de la OTAN, apaga y vámonos. Rusia no tiene ninguna chance. Solo la tendría con el apoyo explícito de China. En una guerra a largo plazo, hasta Ucrania le puede pintar la cara a Rusia con el apoyo económico y militar que tiene y va a tener. Créeme que siento tener que decir esto, ya lo sabes. Pinta mal para Rusia.

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      2. Joder, Jorge, Ucrania no es nada. Nada. A ver si puedo aclararlo.

        Cuando los Borbones tomaron el control del imperio Hispánico (y cuyo objetivo era la fusión tal cual, es decir, chapar Madrid y llevarse consejo de admon. y CEO a Versalles), al final se impuso un equilibrio armado. Tendrían el control pero como empresas separadas, nada de fusiones. En la práctica no fue así, p.ej. la independencia de EEUU fue gracias a ese control conjunto, Francia y España por separado no hubieran conseguido inclinar la balanza contra Gran Bretaña. Fíjate què dos decisiones que de haber sido diferentes en cada caso, la historia hubiera cambiado por completo, tanto que depende de las alas de las mariposas.

        En cualquier caso, como garantía de control, en Europa Gran Bretaña tuvo dos bases territoriales, Gibraltar, para controlar el acceso al Mediterráneo, y Menorca, para controlar la flota francesa en su retaguardia (esto de por sí lo dice todo sobre lo que pensaban de la española). Menorca finalmente la terminaron perdiendo, porque Francia no podía consentir aquella amenaza en sus puertos mediterráneos, pero Gibraltar no siguió ese camino. Me parece evidente que es mucho más difícil de defender Gibraltar que Menorca. La geopolítica en estado puro.

        Lo cierto es que España en el siglo 18 ni siquiera tenía capacidad para defender la entrada en el Mediterráneo. Si quieres, puedes verlo como una concesión. Los británicos y su Gibraltar le evitaban muchos problemas a la Corona hispánica que caso de no estar allí, repercutirían directamente sobre los territorios del Sur españoles que tampoco eran políticamente muy estables. Que era fácil para potencias foráneas montar pollos allí (de hecho ahí empieza la entrada de grandes terratenientes de origen británico en Andalucía, que no tienen nada que ver con irlandeses rebeldes refugiados como los apellidos O’Donnell y otros). Es interesante destacar que las Cortes de Cádiz se convocaron precisamente allí, lo cual es ilógico por una serie de razones, pero deja de serlo cuando se ve que Gibraltar, a tiro de piedra, era una ruta de escape para esos diputados en caso de problemas (como así fue). No tanto como la base americana de Kabul, pero en esa línea.

        Corolario: Gibraltar no tenía ninguna posibilidad, que no probabilidad, de dejar de ser británico. O, mejor dicho, si por accidente puro y duro dejaba de serlo, la inestabilidad provocada tendría enormes y desfavorables consecuencias para España, cosa que la prebostería entendía perfectamente, y digo accidente en el amplio sentido de la palabra. De hecho, a principios del siglo 20 Gibraltar como base militar ya era completamente obsoleta y había perdido todo sentido geopolítico, los propios británicos llegaron a hablar con la corruptela local para cambiarlo por Ceuta, todo esto desembocó en meter a España en el Rif que trajo de propina el tener un ejèrcito corrupto colonial que fue el que le dio el tono más cainita a la Guerra Civil, pero el corolario es que esa válvula geopolítica de control era autosostenida porque su falta traería consecuencias muy dramáticas, sobre todo para este país. Si no me crees, Panamá perteneció a Colombia hasta que fue viable un canal interoceánico, con toda la naturalidad y el desparpajo. La geografía *juega*. En un sentido, en otro, en el que sea.

        Corolario: Rusia no va a perder la guerra de Ucrania porque las consecuencias incluso para EEUU son devastadoras, y lo saben. Aparte de que no es posible por razones, que diría el otro, ‘tècnico-militares’, un cambio de règimen en Rusia la haría caer en manos de China, no de Occidente, y de ahí nos vamos a la guerra abierta porque en Beijing importa una mierda que vuelen bombas por toda Europa, sobre todo si la alternativa es que vuelen en China. Y China sí se está mojando el culo, muchísimo, otra cosa es que como eres masoca sigues leyendo la prensa del règimen. Todo esto en Occidente ya ha pasado de ser un rumor a un rugido de fondo (ayer mismo en el NYT), y a què está jugando la admon. Biden cada vez lo entiende menos gente.

        En resumen, que Rusia está jugando la guerra que le conviene. Lo que pasó hace un par de días en la isla de las Serpientes es la norma, no la excepción, nos enteramos porque iba a ser un PR show y así acabó siendo, pero no para beneficiar a quien habían pensado sus patrocinadores. Esta guerra se ha convertido literalmente en una carnicería del ejèrcito ucraniano, machacado por la artillería mejor del mundo y tiene un volumen de pèrdidas tan escalofriante que dudo mucho que esto pueda dar mucho más de sí salvo que en chez Biden se les ocurra alguna otra burrada.

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    1. La lectura del artículo que enlazas me ha dejado anonadado. Efectivamente, EEUU quiere dominar el desarrollo de la guerra, quienes serán sus aliados y quiénes sus enemigos. En otras palabras, quieren reeditar la Guerra Fría, un formato muy cómodo para ellos. Tienen un psicología binaria, vaya.

      Aparentemente podría beneficiarse China (único aliado firme de los rusos) pero en realidad, el que más pierde en potencialidades y márgenes de maniobra es Europa (la UE).

      Me estoy acordando de la película La Caída del Imperio Romano, la escena interminable del desfile de aliados y vasallos romanos…

      Así se ha quedado la jugada, pues. Habrá una guerra proxy, larga y lenta. Lo que dije, EEUU buscando ganar tiempo.

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      1. Por otro lado, felicitar el excelente post de nuestro estimado Rafael Polch.

        Muy esclarecedor sobre lo que significó aquella época, y un personaje a todas luces muy interesante.

        Se agradece mucho esta lectura!

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      2. …Y desgastando a Rusia. Y me huelo que China va a seguir haciéndose el sueco. China no tiene prisa de enzarzarse en riñas con Occidente. Rusia está en una situación de vida o muerte. EEUU la tiene donde quería hace muchos años. EEUU sigue siendo el puto amo y va a seguir siéndolo aún por muchos años más. China a lo suyo: paciencia y seguir tomando nota.

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    2. Gracias, Iván. El artículo de Wolfgang Streeck es de lectura obligada. Entiendo que tanto Macron como Olaf Scholz son conscientes de la jugada, sus asesores y servicios secretos están echando chispas y ellos se ven en una situación incómoda y sin margen de maniobra. Ninguno de los dos parece especialmente audaz, desde luego, y se contentan con gestionar el desastre mientras, supongo, cruzan los dedos para que la cosa no se les desmadre demasiado. «Que se joda la UE», que dijo la otra, sin que aquí pasara nada de nada. Y en fin, supongo también que en el futuro se ven con alguna cuantiosa jubilación y que ninguno tiene ni por asomo el deseo de acabar como Olof Palme.

      Estas son «las élites que nos hemos dado entre todos».

      Sin embargo, y pese a la visión monocorde que se quiere imponer desde los medios, nada de todo esto se conseguirá sin fricciones. De hecho, estas, así como la represión, irán acentuándose a más se prolongue el conflicto. Supongo que estáis al tanto de la carta abierta al canciller Scholz contra el envío de armas, firmada por un buen número de intelectuales alemanes, o del reciente artículo de Habermas, uno de los filósofos más prestigiosos del continente.

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  4. Muchísimas gracias, Rafael Poch, por este brillantísimo artículo sobre la figura de Leonov, tan interesante como bien narrada. Me recomendó un amigo este blog y desde luego que me haré adicto al mismo, una vez disfrutada esta primera entrada que me ha cautivado.
    Y ya aprovecho de la amabilidad, tanto del autor como de los comentaristas, para reclamar información sobre la actuación del coronel Luis Barceló Jover, jefe del I Cuerpo de Ejército de la República, que se enfrentó al golpe del coronel Segismundo Casado en marzo de 1939 y que le costó su fusilamiento. Se trata de mi abuelo, al que no pude llegar a conocer, y estoy recogiendo datos sobre su vida. Gracias por su comprensión.

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  5. #Lambda

    La escena que mencionas es genial. Un simbolismo abrumador.
    El papel que parece reservar a Europa la huída hacia adelante yanke tiene similitudes con la Europa recién colonizada por los americanos después de la IIWW y que, como comenta #Fran (de nada, por cierto), inevitablemente tendrá y ya tiene (Hungría, R. Checa, Eslovenia) roces y fricciones, como las tuvo entonces. Recordemos algunos métodos conocidos de la OTAN para «controlar» el rebaño en aquellos años, como Gladio (resolución del Parlamento Europeo en 1991, explicando).

    Desde luego la sumisión europeo/coreana/japonesa a EEUU/RU (Y hermanos menores) es digna de un estudio aparte, sobre todo la europea… ¿Acaso no puede toda Europa occidental (menos RU, claro) mandar al cuerno a EEUU y la OTAN y sobrevivir por libre? Incluso se le unirian partes de Europa oriental…

    ¿Por qué esto no ha ocurrido? No es posible que no se haya planteado. Todos son conscientes del final del papel yanke desde hace años (y del Europeo). ¿Entonces?

    Reconozco que no doy mentalmente para explicarme eso y la vuelta a un mundo orwelliano 2.0.

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    1. La verdad es que ni la carta de los intelectuales ni el artículo de Habermas son especialmente críticos o transgresores, pero han levantado en Alemania una gran polémica porque se sitúan al margen del discurso dominante. No lo atacan frontalmente, pero alertan de una situación que fácilmente se le puede ir de las manos a los actores implicados.

      Sobre lo de mandar al cuerno a la OTAN e intentar una vía europea independiente. O al menos, con mayor autonomía respecto a los intereses de EE. UU. Yo también me lo he preguntado a menudo. Supongo que no tenemos ni idea del hervidero de conexiones que se han establecido allá en los alto entre las élites, que impiden cualquier proceso en esa dirección.

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      1. Pienso a menudo en esa maraña o madeja o red o vete a saber. Pero me quedo como con falta de «algo más»… Veo moverse a esos grupos de países/intereses aparentemente opuestos a otros grupos de países/intereses, que han ido cambiando de elementos integrantes en otras épocas (aunque algunos no han cambiado sustancialmente) y… ¿cómo puede eso darse de esa forma y mantenerse? No sé si me explico: me falta algo, como si por encima hubiese otra capa, mucho más reducida de «decididores». No es que eso me convenza, claro, ya que es incomprobable, pero la capa que vemos me deja con esa sensación de la falta de «algo más» que explique esos movimientos/enfrentamientos entre elementos a veces tan dispares como los que forman, por ejemplo, eso que llamamos «occidente atlantista».

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  6. Jorge. Le propongo un análisis diferente.

    Rusia combate por su seguridad y por un lugar en un mundo que hasta ayer era unipolar. (en esto creo que estamos de acuerdo)

    A partir de aquí, Rusia ha cumplido un objetivo: pararle los pies a USA (OTAN+UE, colonia tipo A, pero colonia, al fin y al cabo). Rusia ha puesto un límite a la política exterior USA, es decir, hay un cambio en el orden post caída muro de Berlín. No es poco.

    Está claro que en una guerra convencional Rusia no podría contra USA+OTAN (vemos que en esta proxy contra ellos le está costando), pero también sabemos que esa guerra convencional es menos probable que la atómica, porque ese es el límite que ha puesto Rusia, ¿y sabe una cosa? Por ahora le creen, porque se están cuidando muy mucho de entrar. Por desde Occidente están desencajados con todo lo que está pasando (sanciones sin ton ni son que perjudican más a los sancionadores que a los sancionados, o medidas rusófobas que dan vergüenza ajena).

    Quizá EE. UU. está ganando tiempo para contrarrestar a los Sarmat, ¿quién lo sabe? Ahora, si todo esto es una estrategia EE. UU. para desgastar a Rusia con una guerra proxy junto a la frontera de esta, me parece una apuesta arriesgada, como mínimo.

    Hoy Putin ha dado su discurso, convenientemente masacrado por los medios otanistas. Pero, ¿qué ha dicho? Nada nuevo.

    «Sin novedad en el frente» podría titularse. Ningún cambio. No pareció el discurso de alguien muy preocupado. Ni siquiera habló de las sanciones, de lo que debemos suponer que es un tema que no tiene la ciudadanía entre sus preocupaciones (y coincide con las opiniones de rusos en Rusia). Según los analistas, algunas de esas sanciones no tendrán efecto hasta otoño, así que…

    Y luego está el teatro de operaciones, que va a su ritmo, ¿lento o rápido? El tiempo dirá.

    Un saludo

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  8. Una delicatessen

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    1. EEUU. Es el sistema. En un universo alternativo, Roosevelt pierde las elecciones con Lindberg (el aviador), y tenemos una adminstración filonazi en EEUU. ¿Què falló? Que esa administración quizá llegase a un acuerdo con los nazis, a fin de cuentas los pusieron ellos, hablo de gente como Henry Ford que tenía su foto del Fuehrer dedicada en su despachito, pero con Japón nanay, iban a colisionar con EEUU lo mismo, entonces una administración filonazi hubiera tenido que colusionar con Stalin para poder colisionar con los japos, lo cual es un sindiós porque organizaron el carnaval NSDAP precisamente para liquidar la URSS de Stalin. Callejón sin salida, Blind alley como ellos dicen.

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      1. ¿Y antes de Estados Unidos? Sí, veo lo que dices. Me iba un poco a las raíces más allá, lo que trata también Arendt en Los orígenes del totalitarismo, que no he tenido ocasión de leer completo todavía. Las raíces culturales vaya que acaban dando forma a los -ismos en Europa.

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    1. En efecto, vp22, es la carta abierta al canciller Scholz a la que me referí ayer. No es que sea nada del otro mundo, pero al menos no comparte la histeria belicista contra Rusia que se está imponiendo de manera casi unánime. Y dadas las circunstancias, eso ya es mucho.

      Uf, gracias de nuevo #Iván por el artículo de Andrea Zhok. Daría para veinte tesis doctorales. Es cierto que el nazismo es, digamos, un invento de Europa, aunque un invento exitoso, que lo mismo puede adaptarse al Japón de la era Meiji que al primer peronismo, al régimen de Chian Kai-Shek en la isla de Taiwan que al Hindutva de la India o al sionismo desquiciado del partido Lehi. Es un poco como la Revolución industrial y el capitalismo, que surgieron aquí pero se han extendido por todo el mundo arrasando con todas las otras formas de organización política y económica. Queda solo el folklore y las simbologías propias de cada lugar, que aportan su particular colorido.

      Por supuesto, hemos sido los occidentales los que nos hemos dedicado a exportar tanto el fascismo como del capitalismo. O el comunismo, que no es más que una versión que se pretendía más humanista del mismo acervo de ideas propias de la Ilustración. Desde mi punto de vista al menos, el nazismo no es más que la fase demente del capitalismo, un capitalismo loco y sin contrapesos, que prescinde ya de su prosodia liberal al considerarla no solo innecesaria, sino un estorbo para cumplir sus objetivos.

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      1. A mí lo que me impacta, pese a que no me sorprende, es lo rápido que se ha mostrado de una forma clara todo ese neonazismo que siempre ha estado ahí, larvado aunque con desarrollos aquí y allá, dentro del sistema occidental y en concreto atlantista.

        Comenzó a ser tal cual es al comienzo del Show Covid, y a continuado a cara descubierta para quedarse y desarrollarse cual Leviatán desde la operación rusa.

        Hace años, desde muy joven, en parte por mi raíz contraria a imposiciones y en parte por los lecturas (1984 como punto de inflexión personal) bromeaba con un gran amigo, nos reíamos ambos, viendo aquí y allá tics… A veces yo decía «nos puede lo facha», otras «lo nazi»…. Nos reíamos, pero yo era consciente de lo que veía y de que su mera existencia y no cuestionamiento implicaba su desarrollo más o menos encubierto….

        Hoy resulta que ya somos eso. Ya somos el IV Reich que Hitler no conseguió, gracias por cierto a la URSS, que se lo impidió. La Historia es tozuda, les guste o no a los que sean.

        Es impactante sí, vivir esto.

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      2. Se fabrica, directamente. No hay nada larvado. Occidente es como el franquismo, destruye a la izquierda de todas las formas posibles, cooptación incluida. Igual que España y sus limpiezas históricas, de sangre, de religión, es perfectamente posible alcanzar la homogeneidad, pero de puertas para adentro, todo lo que has echado fuera simplemente se va a prosperar a otra parte, y finalmente te destruye, o te ayuda a destruirte a ti mismo definitivamente.

        Fue Napoleon el primero en combatir la izquierda dejando más muertos en cualquiera de sus batallas que todas las purgas de Robespierre. Al final Occidente se ha quedado limpito de izquierdosos y China, que hace 300 años era un mamotreto corrupto y reaccionario, se ha vuelto la gran ganadora del marxismo, recuperando con crecres su posición central mundial. Parte es mèrito suyo, pero otra parte es mèrito de Occidente. Spinoza o el gallego (de Tui), Francisco Sánchez, el de ‘no podemos saber’, son judíos hispánicos víctimas del detergente español que redundaron a mayor gloria de Francia y los Países Bajos. Y brillaron de cojones, sin duda.

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      3. Qué grande que traigas a colación a Francisco Sánchez, el filósofo esc`eptico que debería citarse entre Descartes, Montaigne o David Hume, y que ni siquiera aquí es medianamente conocido. La verdad es que esta purga continua y esta liquidación de izquierdosos, esta expulsión de todo lo que no fuera Arriba y Grande y España, esta tontería de la limpieza de sangre y de espíritu ha supuesto en nuestro país una inercia mental y una carencia de pensamiento (no ya crítico, sino pura y simplemente de pensamiento) que pone los pelos de punta.

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  9. Muchas gracias por este relato, no exento además de buen humor. He aprendido mucho. También son enriquecedores los comentarios de los participantes.
    Me ha gustado especialmente la descripción de la fascinación del espía ruso por el carácter latino del «otro comunismo». El descubrimiento de que la verdadera praxis ideológica encuentra a veces más sentido en el discipulado.

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  10. Este capítulo de novela histórica, Rafael Poch destila nostalgia de un tiempo pasado. En cuanto a lo de socialismo genuino, no tengo claro a que se refiere.
    Yo diría que Putin es genuinamente occidental, es decir; un hijo bastardo de nuestra civilización, como lo fueran Lenin, Hitler, Stalin o Napoleón.
    Moscú es la tercera Roma, después de Roma la primera y Bizancio la segunda. Que viene a partir la espalda de sus enemigos, una vez constatado que estos no aman a Rusia, que la gran Eurasia desde Lisboa a Sebatopl (R. Poch), era solo una bufonada. Putin quiere demostrar que es acreedor a «hijo terrible de la edad moderna» (Peter Sloterdijk), con sus misiles hipersónicos capaces de destruir los países de la OTAN en pocos segundos y con Satan II, que llegaría hasta los mismos EEUU. No necesita el cinturón de bases para rodear Rusia y China. No necesita intimidar con la red clientelar de países de la OTAN, unos cuanto misiles son suficientes para partir el mundo en dos.

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  11. Siento disentir. Putin ha demostrado con su decisión, dura donde las haya, estar muy por encima de Europa Occidental y sus líderes, a años luz de las élites yankes y -digamos- contrapuesto a los personajes que mencionas.

    Yo (lo he dicho aquí alguna vez) no estaría conforme ni en Rusia ni en China ni probablemente en ningún país. Pero eso me impide ver coyunturas históricas y seres humanos que cargan con ese peso y desde luego ven más allá de sí mismos e incluso de sus países. Independientemente de lo que tengan y cómo lo tengan que hacer.

    No me gusta el ser humano en su estado actual. Vivo con disgusto y turbación permanente ante lo que veo, pero obrar y hablar ‘desde occidente’ como si el planeta y la vida social humana fuese el parque de los teletubbies es infantiloide y bastante vergonzoso, por falso.

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  12. Porque Putin es un bastardo.
    Digamos que él es un don nadie, que se encontró al frente de la tercera Roma por casualidad; un borracho (Yelsin), le dio el plácet . El viene de los de abajo, de donde vienen todos los bastardos, del pueblo llano y súbdito. Del pueblo sumiso y esforzado. En el sentido más literal de la palabra Putin no es un ser humano, es dinamita (Nietzsche).

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    1. Ah, ya te capto 🤣.
      Vale, te vas a ciertas formas filosóficas (de ciertos filosófos) de descripción. Okey.

      No estoy situado en ese ‘plano’ intelectual a la hora de valorar al personaje. Puede que mis sesgos sean otros, claro, pero me parece que para ser ‘de abajo’ no lo está haciendo mal.

      Reitero que me parece un fuera de serie, como algunos de los que le rodean.
      Creo que Xi, el vecino, es un equivalente chino. La Historia, a la hora de los cambios de tercio tiene estas cosas.
      El mismo Modhi (creo que se escribe así) es de esa cuerda. Y algunos otros de ese «otro mundo» que ahora resulta que va a ser ‘el centro’ del mundo. La Historia y sus cosas interesantes.

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      1. Por otra parte, lo que sea que fuese el nutriente, la chispa inicial que hizo posible la Europa-Mundo, se ha extinguido. Y no tengo claro que «mantener» esos «episodios» sea humanamente posible.

        Me parece que nos encontramos de nuevo ante algo humano pero que supera al hombre. Algo en lo que el hombre está pero como ingrediente y parte del resultado, no siendo el resultado mismo.

        Y no pasa nada. Nuestros nerviosismos, miedos y ansiedades son fruto de un tara: el «occidentalcentrismo», podríamos decir. Si hubiésemos nacido en Argelia, ahí al lado, no veríamos ni de coña el mundo igual. Qué decir del que nace en Singapur.

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  13. Es tracta, en realitat, de maneres de ser i de fer, de coherència, integritat, compromís, respecte, empatia o…tot el contrari. En el món contemporani sembla que guanyin x majoria abrumadora els segons. Per això són tan valuosos i imprescindibles els que són com volen ser i se’n surten de la norma.

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  14. El relato pone los pelos de punta, porque uno tiene la pavorosa emoción de estar ante los tiempos interesantes de la maldición china. Solo ahora me he dado cuenta, que nos encontramos ante uno de los hijos terribles que incendiaron Europa y que hicieron exclamar a Madame de Pompadour » après nous, le déluge». Él, nuestro pequeño bastardo enfant terrible, es uno de ellos y acaba de encender la mecha de la hoguera. Bastardos en el amplio sentido de la palabra. Aquellos que no son seres humanos, aquellos que son dinamita. Que tienen un elevado sentimiento de orfandad. Los ricos y arrogantes países europeos saben muy bien que la despreocupación es una ficción que tiene sus costes y tienen, como R. Poch, tendencia a la melancolía. Solo Putin está dispuesto a la huida hacia delante y Rusia con él.

    ELMUNDO.
    La periodista Irina Bobrova escribió para el diario ruso Moskovski Komsomolets la historia de Vera Nikolaevna Putina, la mujer que asegura ser madre del presidente de Rusia. Atendiendo a estas informaciones, Vera nació en 1926 en el distrito ruso de Ochyorsk, en la región de Perm Krai. Durante su etapa universitaria como estudiante de Mecanización agrícola, esta joven se enamorará de Platon Privalov, el presunto padre biológico de Putin. Sin embargo, pronto se dará cuenta de que su relación con este hombre es una farsa, ya que estaba casado con una mujer estéril y su único objetivo era robarle a su bebé. Según su relato, Vladimir Putin nació en 1950 y pasó su infancia con ella. Pero tiempo después, Vera se casará con otro hombre y decidirá abandonar a su hijo por obligación de su marido. «Fue al colegio en Georgia hasta el tercer grado. En Rusia repitió un par de cursos», comunica la anciana. «Mi marido no lo quería aquí. Temía que tendría que mantenerlo». Ante esta situación, Vera decide llevar a Vladimir a vivir con sus abuelos maternos cuando tenía solo nueve años, pero su abuelo decidirá mandarlo a un orfanato. «Lo llevé a Rusia y lo dejé allí con mi madre»

    El relato viene de la caverna de nuestros parias, que con el fin de difamar a Putin han conseguido todo lo contrario, elevarlo a la calidad de hijo terrible. Uno de los arquitectos de nuestra civilización occidental, en caída permanente.

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    1. Bueno, como guión está bien. En todo caso me es indiferente, ni le veo relación alguna con el presente. Y entrar en análisis sobre cómo es él a raíz de esa supuesta infancia…un ejercicio bastante fútil.

      ¿Qué infancia tuvo Pedro Sánchez para mentir todo el tiempo, a todo con el que habla? ¿Y para manejar una supuesta crisis sanitaria con criterios políticos, dejando morir a miles en las residencias en los primeros meses? En fin.

      ¿Y la infancia de Margarita Robles…? ¿Y la de Rubalcaba?

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      1. Dime como eran en el colegio siendo niños y te diré lo que son con 40 años. O al revés, dime como son ahora con 40 años y te diré qué hacían en el colegio cuando tenían 12 años. Pedro Sánchez era un integrado, jugaba a minibasket todos los días en el recreo. Los de minibasket eran especiales. La masa de alumnos solía jugar a futbol en el patio en los recreos. Los de basket eran minoritarios, tenían un toque especial. Seguramente aprendió a amar el American Way of Life por la via del basket. Probablemente tendría idealizados a los jugadores de la NBA y se derretía por ver jugar a los Globbe Troters. Su ídolo, no lo duden, Michael Jordan. El no vio en directo la final de Basket URSS-USA de la olimpiada de Munich de 1972, pero a buen seguro que creció con la idea ferreña de que la final se la robaron a USA en el último segundo. De aquellos polvos estos lodos. Si estudió en colegio mixto, muy pronto debió percatarse de su éxito con las chicas, y probablemente presumía de ello entre sus compañeros. Era ya alto, sobresalía entre sus compañeros por su estatura, y es posible que calce un buen nabo. Su competitividad en el basket le ayudó a crearse una aureola de líder entre sus amigos, sobre los que siempre intentó imponerse. Probablemente abusó de su corpulencia, pero no mucho, no era un perro callejero, más bien de familia acomodada. Con los que le ganaban en pelea, acostumbraba a nadar y guardar la ropa. Ya era un manipulador en la infancia. Conseguía cosas a base de engaños. No pasó en su pubertad por la crisis del nazismo, sino que él ya desde el principio, respecto a la Segunda Guerra Mundial, se posicionó al lado de los norteamericanos, aunque lo que más le influyó fue la Guerra del Vietnam. No se perdía las películas protagonizadas por sus héroes: «Chaqueta metálica», «Apocalipse Now», «Nacido el 14 de julio», «El sargento de hierro», «La colina de la hamburguesa», etc. Nunca le atrajo el comunismo, ni el marxismo. Llegada su adolescencia, probablemente tuvo que elegir partido, y entre el PP y el PSOE optó por este último, porque en la época era caballo ganador. Gran admirador de Felipe González. Se hizo del PSOE como se podría haber hecho del PP. En fin, es lo que se me ha ocurrido. Ocurrencias mías basadas en la intuición sobre el personaje.

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      2. Marhuenda, el típico Pitagorín al que todos teníamos muchas ganas de darle una paliza, pero nunca conseguimos porque él siempre tenía quien le defendiese.

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  15. Me ha encantado el texto. Supongo que és porque se trata de un relato muy ‘terrenal’ (aparte de su valor periodístico, histórico, cuasi-novelesco, profesional, personal…) y de alguna manera todos los lectores podríamos establecer ciertos paralelismos con nuestras propias vidas, relaciones, amistades, casualidades… Casi se pueden imaginar las largas conversaciones con el sr. Leonov.
    Un buen homenaje, gracias.
    _____________

    Me gustaría acercaros un intersante texto que aborda de forma analítica la situación en el Imperio, poniendo el acento (advertencia/alerta) en varios aspectos que han sido señalados de una u otra forma por varias personas en este espacio virtual.
    […]“Los gobiernos extranjeros necesitan prepararse para una América post-democrática, una superpotencia autoritaria y, por tanto, mucho menos estable. Tienen que prepararse para una América rota, con muchos centros de poder diferentes”[…] https://www.alai.info/eeuu-estado-derechista/

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    1. Es sencillo. Todas las potencias que en el mundo han sido tienen su edad de oro, de plata, de hierro, de bronce y por fin, de barro. (parafraseando una cita bíblica )

      ¿Fue la Guerra Fría y sus postrimerías su era del hierro? No lo sé. Quizá ahora estemos ante el inicio de su era de bronce, donde aún pretende retornar a la energía potencial de épocas pasadas.

      Pero si le diéramos credibilidad a las tesis de John Glubb, la decadencia de los imperios es muy similar a la energía vital de una persona: se desvanece por causas que superan, desde dentro y desde fuera, las intenciones y creencias que operasen a nivel secular en los imperios y naciones.

      Un reflejo de esto lo vemos en el repentino mensaje de decrecimiento, en la aparente ansiedad por rápida reforma (cifras límite repetidas constantemente, 2023, 2030…). Semejante «goal posting» refleja crudamente que algo no les va bien, que algo no les permite su «bussines as usual». Y es en esas claves donde podemos leer sus miedos y esperanzas. Y aunque fuese todo mentira, es evidente que algo sí les preocupa, lo suficiente como para crear tensiones en las poblaciones bajo su dominio. El libro de «Algo no va bien» de Tony Judt, refleja también esta crisis en las clases intelectuales de nuestro mundo occidental. No entendemos que pasa, porque solo tenemos una perspectiva, y eso «nos/les» angustia.

      ¿Huidas hacia adelante? ¿Añazagas constantes para limar el poder de sus competidores? No lo sé. Lo que si sé es que tienen apego al mundo tal como lo hemos conocido nosotros, y que tampoco les apetece mucho de veras como se está transformando.

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      1. Seguro que no les apetece.

        El decrecimiento al igual que todo el discurso de transformación «verde y digital» dentro del «reseteo» de Davos y la 4a revolución industrial y demás es ni más ni menos que la forma de mantener ese poder que declina y que comentas. Todo discurso, todo plan y toda idea que provenga de ese lado es parte de los mismos planes de dominación de siempre.

        No es casual que todo eso tomase velocidad cuando se vio venir que China y otros, pero sobre todo China, no iba a ser manejable.

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    2. Genial el estudio, porque es más un estudio que un artículo. Nos falta información sobre lo que ocurre dentro de Estados Unidos. Es otro de los temas ocultados en la zona atlantista. Al final resulta que Europa es el mayor páramo intelectual y de conocimiento del planeta (qué decir de España)…. Paradojas de la Historia.

      Gracias #mastropiera

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  16. Presiento que algunos están entrando en pánico: no hay nada más terrorífico que mirar fijamente a las fauces de la bestia, en este caso la desinformación y la propaganda por doquier!!.
    Ah!!, y recordemos que el legado más asumido de Nieztche era el superhombre, concepto a la medida de los amorales paladines del neoliberalismo…mucho más que a la de un»su humano» como Putin aún regido por «ñoña» moralidad.

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    1. Creo haber leído hace años que la traducción más acertada era «ultrahombre», que es sensiblemente diferente a «superhombre». Lo dejo como dato porque me falta estudio sobre lo que implica esa diferencia en lo que Nietzsche quería mostrar.

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      1. Bueno, lo de Nietzsche, está un poco simplificado y «embrutecido» por lugares comunes.

        Nietzsche tenía el deseo de romper el corsé de la sociedad, de «despertarla». Muy probablemente, pensaba que el conflicto era necesario. El «superhombre» era sobretodo alguien que había dominado y sublimado su propia psiqué, y por ende, comprender y responder de su mismo cuerpo.

        Todo esto no deja de ser una mezcla de su percepción de las aspiraciones de la filosofía griega, y su profundo desprecio por las religiones semíticas y su moralina axiomática, a todas luces contradictoria a veces con la naturaleza de la vida humana.

        Lo del «übermensch» ultracapitalista, yuppie, no deja de ser una parodia de su pensamiento.

        Que Víktor califique de enfant terrible a Putin, de «homme extraordinarie»… Es un reflejo de nuestra forma de pensar occidental. Sin querer, pensamos que nuestros «enemigos» son extraordinarios o miserables, los personificamos, tapando totalmente lo que hay detrás. Es la forma de construir «relatos hedónicos», que viene determinado por nuestro trasfondo religioso y cultural. Ah, los bárbaros.

        Supongo

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      2. Yo preferiría una humanidad no bárbara. Y he conocido humanos (pocos) que son «anomalías», que yo considero potencialidades desarrolladas o innatas dentro de lo humano.

        El caso es que para los que, por taras neuronales, comenzamos desde muy jóvenes a darnos cuenta de la fina capa que nos separa de la barbarie (aquí, en España/Europa), todo esto que estamos viendo no es tanto (por lo menos en mi caso) una «atracción» de lo «bárbaro» (en este caso eslavo) como una «repulsión» de lo «propio».

        Siendo al final una distinción sin base lo de «propio» y «ajeno»; una «separación psicológica» de lo que al final es un todo: lo humano.

        Aunque eso no quita que en este tema somos «los malos». Y que las élites yankes son de los más depravado y oscuro que ha parecido la Historia.

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    1. Habrá que ver este documental entero.

      Lo que dice de Allende, por cierto (democrata 100×100) en fin… desmontaría taaaaaaaaantas cosas que se han dicho, tanta basura….

      Y que la URSS no quisiera «otra Cuba» y que ambos (EEUU, URSS) no «necesitasen» un socialismo democrático… ¡luz y más luz sobre la Historia!

      Gracias por colocarlo.

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      1. Hace llorar. Aunque oficialmente no le podían apoyar, «en privado» le ofrecieron armamento, que luego Leonov deprisa y corriendo mandó desviar para que no cayera en manos de Pinochet

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    2. Gracias, por el enlace, # vp22!

      Hemos podido ver (posar-li carta i ulls, que decimos en Catalunya) a esta figura tan interesante al que Rafael Poch dedica su personal obituario. La verdad es que en el vídeo cae muy bien.

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  17. Josep M. Colomer, «Ucrania desde Washington», La Vanguardia (11/V/2022)
    No se puede leer (sólo para suscriptores). En catalán sí. Pero en su blog, en inglés, sí se puede :
    http://jcolomer.blogspot.com/2022/05/burns-and-kissinger-against-ukraine-in.html
    Bill Burns, ex embajador en Moscú, actual director de la CIA, y Kissinger, conocido halcón (ver anterior vídeo sobre Nikolai Leonov y Allende) explican su postura sobre Ucrania

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    1. Muy bueno aun resumiendo mucho. Pero uno puede sacar muchas conclusiones y aprendizajes.

      Los paralelismos con la II República Española -a mí- me parecen claros en varios temas, comenzando por la falta de control interno desde el minuto 1 del nuevo gobierno, además de ciertas decisiones (como las nacionalizaciones masivas) que estaba muy claro lo que iban a provocar.

      En todo caso uno de los mayores dramas modernos. Una auténtica tragedia griega, sí, como se dice ahí.

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      1. Tanto que criticamos a los socialdemócratas blandos, de repente en Chile eran más radicales que nadie, «echaban gasolina al fuego», …

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  18. Ahí va entrevista jugosa a coronel retirado yanke que ha salido estos días.

    Documento en pdf.

    ttps://larouchepub.com/eiw/public/2022/eirv49n18-20220506/eirv49n18-20220506_008-interviewcol_richard_black_the_u.pdf

    Video.

    https://earthnewspaper.com/2022/04/28/u-s-leading-world-to-nuclear-war-mike-billington-interviews-colonel-richard-h-black-11058/

    Programa de César Vidal donde la va desgranando.

    https://go.ivoox.com/rf/86878143
    https://go.ivoox.com/rf/86948476

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  19. Creo que la entrevista al coronel llena algunas lagunas que hemos tenido sobre la operación rusa. Cosas que no nos explicábamos.

    Todo va cobrando algo más de sentido conforme introducimos datos, como la acumulación previa de tropas ucranias en la línea de contacto, el comienzo de la operación estando en inferioridad numérica y sin ser un ejército bélicamente experimentado (como el yanke, que está en guerra permanente), o los intentos de Putin en diciembre y enero para llegar a un acuerdo que evitase todo esto.

    Lo siento pero no es posible mantener que este asunto es una mera agresión rusa con la cantidad de datos que tenemos después de dos meses, más lo que se sabía de antes.

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    1. Al Coronel Richard Black. Los enlaces que os ponía se han quedado «pendientes de moderación». Pero está en internet y en los dos últimos programas de Cesar Vidal.

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  20. Siguiente capítulo: cambio de cromos, sentencia tribunal Supremo Roe v. Wade por Segunda enmienda…la verdadera cara del mercado neoliberal USA : cuando el balance comercial de consumo externo-interno se caga en la sacrosanta constitución de lo padres de la República…Putin que malo eres!!

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  21. Muy interesante el fragmento del artículo en el que se hace alusión al carácter idealista e ingenuo del comunismo latinoamericano, que no tenía nada que ver con lo que existía en la URSS, que no era comunismo. Volvemos al eterno debate sobre la ortodoxia o heterodoxia del marxismo aplicado en la URSS, que a juzgar por el artículo ni marxismo era. Entonces ¿Qué era? Al parecer, según el artículo, una suerte de régimen ultranacionalista de base autocrática herencia de los zares, acompañado de directrices morales sacadas de la religión ortodoxa rusa (cristianismo y comunismo se intercambian bajo la bandera del pobrismo izada en el sermón de la montaña). ¿Acaso eso no es el régimen que lidera Putin? Al parecer era correcta la interpretación de Theda Sckopol de la URSS como imperio soviético, no importa tanto cual fuere su ideología, pues lo importante era mantener la momia. La hegemonía (geopolítica) por encima de la ideología. Esta solo era el paripé para hacer de cuenta y mantener el sistema en pie. Daba igual que se llamase URSS que Rusia, que Poposkaia de los Palotes.

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  22. De la misma forma que se critica a la URSS como el fracaso de la utopía comunista, habría que hacer la misma crítica a Occidente por su fracaso de la utopía liberal. Porque sí, el liberalismo también tenía una utopía. La utopía comunista era la abolición de las clases, y la utopía liberal descansaba en el logro de una sociedad con una sola clase social de pequeños propietarios: la burguesía. Esa era la utopía liberal antes del surgimiento de los monopolios y oligopolios con la verdadera industrialización a todo vapor en la segunda mitad del siglo XIX (utopía abrazada por los jacobinos, sobre todo los robesperianos). Los oligopolios acabaron con Adam Smith. La mano invisible solo funcionaba en mercados perfectos donde todos competían en igualdad (palabras textuales de Adam Smith en «La riqueza de las naciones»). El propio Adam Smith defiende la intervención del Estado cuanto menos en la Salud y la Educación. Pero esos mercados perfectos no existen en la realidad, ni en la actualidad, sobre todo a partir de la segunda mitad del siglo XIX. De ahí la necesidad de que haya un mecanismo regulador de las imperfecciones del mercado. Y ese solo puede ser el Estado, que siempre ha salido en ayuda de los mercados cuando estos no funcionaron, vide las sucesivas crisis económicas cíclicas. Antes de la guerra civil americana de 1862-65, Estados Unidos era un país eminentemente de granjeros, al norte, y de terratenientes dueños de plantaciones llenas de esclavos, en el sur. Después de la Guerra Civil hay una transformación radical de la sociedad. Lo que vino después nada tiene que ver con los ideales prístinos del liberalismo, de la misma forma que lo que vino después de Lenin en la URSS nada tenía que ver con los ideales prístinos del comunismo/marxismo. Si la sociedad estuviese formada en su práctica totalidad de pequeños propietarios (el viejo ideal de la sociedad rural y de pequeños granjeros y artesanos) en armonía con la naturaleza (no obsesionada con crecer a toda costa) a lo mejor a mi me atraería más la utopía liberal que la utopía comunista. Desgraciadamente, la utopía liberal es eso, otra utopía. Lo que hay en la actualidad es un mundo atroz donde los pequeños granjeros y artesanos (pequeños empresarios) son engullidos por el Leviatán (no el Estado, sino las grandes corporaciones).Habría que volver al mundo de antes de 1850. Menos consumismo, ahorro por si vienen tiempos de vacas flacas, vida en pequeñas comunidades rurales o escasamente urbanizadas (ciudades de no más de 100.000 habitantes), autoconsumo, vuelta a los valores tradicionales, armonía con la naturaleza, pero sin religión, con amor libre (hay que follar y hacerlo con variedad para fomentar la alegría), aborto libre para que la sociedad pueda autorregularse demográficamente, plenos derechos de las mujeres sin que tengan necesidad de ir a cortar caña de azúcar para demostrar que valen para todo.

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    1. Creo que vemos ahora una reorganización del capital fusionándose con el poder político y controlando la narrativa mediante el entrado mass media, censuras y silencios incluidos. Todo ello articulado en torno a la tecnología como herramienta/s principal/es de sustentación del monstruo.

      Suena al fascismo de siempre, ¿no?, con sus trazos nazis y bolcheviques, claro.

      El siglo está echado a perder, como el XX. No vamos a ver ni siquiera paz aparente, salvo la de después de una destrucción nuclear. Quitando eso, la lucha va a estar en todas partes (como durante todo el s.XX) variando en intensidad y zonas geográficas.

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    2. Un dels problemes de l’abolició de les classes és que els del Partit van esdevenir La Classe i les classes segons les diverses jerarquies que aconseguien dins d’aquest, tal com relata sempre en Rafel a l’URS i també a la Xina que malgrat tot, encara segueixen tenint molt poder a l’interior. Els tot poderosos Partits Comunistes, fou el tot s’hi val, tractant a la gent, al poble, com a part de l’engranatge d’unes màquines que treien i posaven segons els seus interessos. Em va caure la bena dels ulls en conèixer la Xina de l’any 1990. Quin esglai vaig tenir…….com en temps de les plantacions, no!! molt pitjor. Cal redissenyar un nou model, la RPde la Xina hi fa rumb ….. però els queden tantes coses importants per assolir, les quals van més enllà dels diners…….amb diners rien ne va plus.
      En aquest bastiment no m’hi embarco, deu me’n guard……uf!!.

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