Pulso entre dos imperios

(Una entrevista con el semanario uruguayo, “Brecha”, del 25 de febrero)

Francisco Claramunt

¿Por qué Putin decide invadir Ucrania ahora? Parece como si quisiera confirmar todo lo que se venía diciendo de su gobierno en la propaganda de sus enemigos.

—Está haciendo lo que dijo que haría. El 17 de diciembre Rusia presentó un documento a Estados Unidos y otro a la OTAN [Organización del Tratado del Atlántico Norte], en los que exigía una negociación sobre las garantías de seguridad que Rusia consideraba que le faltaban. Esos documentos pedían una serie de cosas, que se han solicitado durante más de 20 años sin nunca haber sido atendidas. Esta vez las ha vuelto a pedir, con 100 mil soldados en la frontera. Recibieron una respuesta, que fue un proceso diplomático, en el que los rusos dijeron que, si no hacían caso a lo que estaban planteando, adoptarían «medidas técnico-militares». No dijeron nada más, no explicaron en qué consistirían. Algunos pensaron que se trataría de reconocer a las repúblicas rebeldes del este de Ucrania; otros especularon que podía haber ataques con misiles en infraestructuras militares ucranianas, y otros dijeron que Rusia podía llegar a invadir ese país, pero casi nadie creía que pudiera pasar lo que finalmente ha pasado: que se invadiera Ucrania de esta manera.

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El Forense y la víctima

Extrema prudencia y negociación parece mucho mejor que alimentar la hoguera. La guerra podría haberse evitado con una negociación en diciembre.

El cadáver está ahí, aun caliente. Es el cadáver de una mujer joven asesinada por su matón con quien hasta 1991 compartió domicilio soviético. El forense llega a la escena del crimen con el objetivo profesional de certificar “técnicamente” las causas y circunstancias del crimen, a efecto de su esclarecimiento judicial. Y lo hace entre indignados y emocionados gritos del público, “¡Pero, ¿es que no ha visto quién le ha disparado?!” Intentar aclarar la situación entre llamadas al linchamiento lleva consigo acusaciones de complicidad. “Intentar comprender y explicar, ya es justificar”, dijo Manuel Valls cuando los atentados yihadistas estremecían a Francia. Una invitación a superar los valores de la Ilustración. Pero la responsabilidad del forense está por encima de todo eso, por encima del horror, de la emoción y del redoblar de tambores. De lo contrario el derecho y la razón no existirían.

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Hacia una quiebra en Rusia

Comienza la cuenta atrás en Moscú

Nadie esperaba esta invasión. “Impensable”, escribí en Ctxt evocando las escenas de Budapest en 1956 como algo por completo descartado. Todo el mundo bien informado y con criterio lo decía a mediados de febrero. Lo decían en Kíev el propio ministro de defensa y los más agudos analistas ucranianos. Lo decía la razón. “Pensábamos racionalmente una situación que desbordó el marco racional”, dice ahora con amargura uno de ellos.

Sabíamos que algo “fuerte” ocurriría. Moscú ya anunció “medidas técnico-militares” si Estados Unidos y la OTAN no atendían a su exigencia de negociar un replanteamiento general de la seguridad europea y en especial el insensato y provocador cerco militar contra Rusia acometido desde los años noventa. Pero ni los ucranianos esperaban tanto.

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Putin cruza el Rubicón

Con su ataque a Ucrania, el Presidente Putin ha cruzado el Rubicón de la violencia militar directa contra un Estado soberano. Se trata de la nefasta agresión de una potencia imperial contra un país mucho más débil y libre que Rusia. Nuestra simpatía está con el pueblo de la Ucrania agredida por un matón. No se puede ser antimperialista y no sentir repugnancia ante lo que sucede. Pero ¿qué sucede y hasta donde llegará?

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Putin mueve ficha imperial

Ucrania es un invento de los comunistas, convertido en ariete contra Rusia, dice

 El martes el Presidente ruso, Vladimir Putin, introdujo un nuevo elemento de presión en su pulso con Occidente al anunciar su decisión de reconocer las dos repúblicas rebeldes del Este de Ucrania, Lugansk y Donetsk y establecer acuerdos militares que permiten la presencia de tropa rusa en ellas. A diferencia de la anexión de Crimea en 2014, este paso no es irreversible. Parece pensado como un elemento más de negociación y presión. ¿Negociar qué?

 Se trata de todo lo que está contenido en los documentos que Moscú presentó el 17 de diciembre. Sus tres principales puntos son: renuncia a la ampliación de la OTAN a Ucrania, retirada de los sistemas de armas occidentales de su entorno geográfico y retirada de la OTAN a los límites anteriores a su ampliación al Este. Estos puntos son, evidentemente, un marco negociable pero Washington y la OTAN no lo ha atendido. Por eso Putin ha dado otra vuelta de tuerca. Habla de “genocidio” y recrea escenarios de opereta inspirados en lo que la Otan escenificó en Kosovo mientras bombardeaba Belgrado.

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Haciendo memoria

De una guerra fría a otra, de la mano de la OTAN

El grito “¡La invasión es inminente!” coreado mayormente por anglosajones ha logrado un efecto: tapar informativamente las exigencias rusas y no debatir sobre ellas. Por otro lado, ese grito, puede formularse a la inversa, como sugiere esta ilustración.

¿Quien se acuerda hoy de la Carta de París? En noviembre de 1990 los países de la CSCE (hoy OSCE), es decir la URSS y Euroatlántida, firmaron en el Palacio del Elíseo, la “Carta de París para una nueva Europa”. Aquel documento contenía el diseño de una seguridad continental integrada, es decir el fin de la guerra fría que había dividido Europa y el mundo en dos bloques. Su preámbulo proclamaba que, “la era de la confrontación y división de Europa ha concluido”. En el apartado, “relaciones amistosas entre estados participantes” se afirmaba: “La seguridad es indivisible. La seguridad de cada uno de los estados participantes está inseparablemente vinculada con la seguridad de los demás”. En el apartado “Seguridad”, se anunciaba “un nuevo concepto de la seguridad europea” que dará una “nueva calidad” a las relaciones entre los estados europeos. “La situación en Europa abre nuevas posibilidades para la acción común en el terreno de la seguridad militar”, se prometía. “Desarrollaremos los importantes logros alcanzados con el acuerdo CFE (desarme convencional en Europa) y en las conversaciones sobre medidas para fortalecer la confianza y la seguridad”. Se ponía incluso fecha a los compromisos; “iniciar, no más tarde de 1992, nuevas conversaciones de desarme y fortalecimiento de la confianza y la seguridad”. En lugar de eso se abrió paso una seguridad a costa del otro.

Un año después de la firma de la Carta de París, en la cumbre de Roma de noviembre de 1991, la OTAN ya dejó claro cuales eran las dos conclusiones que extraía de la disolución del Pacto de Varsovia:

“La primera novedad de estos acontecimientos es que no afectan ni al objeto ni a las funciones de seguridad de la Alianza, sino que resaltan su permanente validez. La segunda, es que estos acontecimientos ofrecen nuevas ocasiones para inscribir la estrategia de la Alianza en el marco de una concepción ampliada de la seguridad”. En resumen, hubo ampliación, globalización y avance de la OTAN, allí donde Moscú se había retirado. ¿Por qué?

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