Putin cruza el Rubicón

Con su ataque a Ucrania, el Presidente Putin ha cruzado el Rubicón de la violencia militar directa contra un Estado soberano. Se trata de la nefasta agresión de una potencia imperial contra un país mucho más débil y libre que Rusia. Nuestra simpatía está con el pueblo de la Ucrania agredida por un matón. No se puede ser antimperialista y no sentir repugnancia ante lo que sucede. Pero ¿qué sucede y hasta donde llegará?

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Putin mueve ficha imperial

Ucrania es un invento de los comunistas, convertido en ariete contra Rusia, dice

 El martes el Presidente ruso, Vladimir Putin, introdujo un nuevo elemento de presión en su pulso con Occidente al anunciar su decisión de reconocer las dos repúblicas rebeldes del Este de Ucrania, Lugansk y Donetsk y establecer acuerdos militares que permiten la presencia de tropa rusa en ellas. A diferencia de la anexión de Crimea en 2014, este paso no es irreversible. Parece pensado como un elemento más de negociación y presión. ¿Negociar qué?

 Se trata de todo lo que está contenido en los documentos que Moscú presentó el 17 de diciembre. Sus tres principales puntos son: renuncia a la ampliación de la OTAN a Ucrania, retirada de los sistemas de armas occidentales de su entorno geográfico y retirada de la OTAN a los límites anteriores a su ampliación al Este. Estos puntos son, evidentemente, un marco negociable pero Washington y la OTAN no lo ha atendido. Por eso Putin ha dado otra vuelta de tuerca. Habla de “genocidio” y recrea escenarios de opereta inspirados en lo que la Otan escenificó en Kosovo mientras bombardeaba Belgrado.

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Haciendo memoria

De una guerra fría a otra, de la mano de la OTAN

El grito “¡La invasión es inminente!” coreado mayormente por anglosajones ha logrado un efecto: tapar informativamente las exigencias rusas y no debatir sobre ellas. Por otro lado, ese grito, puede formularse a la inversa, como sugiere esta ilustración.

¿Quien se acuerda hoy de la Carta de París? En noviembre de 1990 los países de la CSCE (hoy OSCE), es decir la URSS y Euroatlántida, firmaron en el Palacio del Elíseo, la “Carta de París para una nueva Europa”. Aquel documento contenía el diseño de una seguridad continental integrada, es decir el fin de la guerra fría que había dividido Europa y el mundo en dos bloques. Su preámbulo proclamaba que, “la era de la confrontación y división de Europa ha concluido”. En el apartado, “relaciones amistosas entre estados participantes” se afirmaba: “La seguridad es indivisible. La seguridad de cada uno de los estados participantes está inseparablemente vinculada con la seguridad de los demás”. En el apartado “Seguridad”, se anunciaba “un nuevo concepto de la seguridad europea” que dará una “nueva calidad” a las relaciones entre los estados europeos. “La situación en Europa abre nuevas posibilidades para la acción común en el terreno de la seguridad militar”, se prometía. “Desarrollaremos los importantes logros alcanzados con el acuerdo CFE (desarme convencional en Europa) y en las conversaciones sobre medidas para fortalecer la confianza y la seguridad”. Se ponía incluso fecha a los compromisos; “iniciar, no más tarde de 1992, nuevas conversaciones de desarme y fortalecimiento de la confianza y la seguridad”. En lugar de eso se abrió paso una seguridad a costa del otro.

Un año después de la firma de la Carta de París, en la cumbre de Roma de noviembre de 1991, la OTAN ya dejó claro cuales eran las dos conclusiones que extraía de la disolución del Pacto de Varsovia:

“La primera novedad de estos acontecimientos es que no afectan ni al objeto ni a las funciones de seguridad de la Alianza, sino que resaltan su permanente validez. La segunda, es que estos acontecimientos ofrecen nuevas ocasiones para inscribir la estrategia de la Alianza en el marco de una concepción ampliada de la seguridad”. En resumen, hubo ampliación, globalización y avance de la OTAN, allí donde Moscú se había retirado. ¿Por qué?

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Las realidades debajo del griterío

Reactivar los acuerdos de Minsk podría ser el verdadero objetivo del puñetazo ruso. La cumbre Putin-Xi en Pekín provoca acidez de estómago en Washington.

Encuentro del viernes en Pekín: unidos por la estupidez estratégica del contrincante
El cerco militar alrededor de los adversarios
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Reventando el polvorín ucraniano

La OTAN justifica su vigencia en la necesidad de afrontar problemas por ella creados. Un repaso a una crisis de treinta años.

I) Pueblos hermanos

Se dice que rusos y ucranianos son “pueblos hermanos”, y es verdad. Siglos de vida en común, dos lenguas bien parecidas y una geografía sin obstáculos físicos, de llanuras surcadas por ríos mansos, que complica y difumina todo concepto de frontera. Al mismo tiempo, el parentesco fraternal no es incompatible con fuertes diferencias de carácter. Cuando una abuela dice sobre sus nietos, “¡Qué diferentes son, parece mentira que sean hermanos!” está formulando un tópico familiar de los más recurrentes. Veamos algunas de esas diferencias.

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Treinta años nos contemplan

Sobre la insensatez de una “seguridad europea” contra Rusia

En diciembre Rusia presentó una propuesta de acuerdo a Estados Unidos y a la OTAN que satisfaga sus “intereses de seguridad”. No era una propuesta nueva. Ambos documentos contenían lo que Moscú lleva pidiendo desde hace años, y en algunos casos décadas. Como en general no se informa de ellos, es necesario dedicarles unas líneas:

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La maldición de la autocracia

Sobre la fragilidad de Rusia. Una advertencia contra la sobrevaloración de su potencia.

Procesión de Pascua. Ilya Repin

Me parece que algunos observadores de izquierda del Sur global son excesivamente optimistas, y están demasiado deslumbrados por la combinación que resulta de la alianza ruso-china por un lado, y del declive de Occidente en el mundo por el otro. Ambos procesos son verdaderos, pero el primero, la alianza ruso-china, es incierto a medio plazo. No sabemos cuanto va a durar, teniendo en cuenta el desequilibrio de potencia entre ambos países y la nula vocación de Rusia por ser “hermana menor” de nadie. Respecto al segundo, es tendencia histórica, es decir tiene lugar desde hace décadas y es lento en sus efectos. Así que la promesa de un mundo multipolar, con varios centros de poder, que suceda al hegemonismo occidental a punto de quebrar, es al mismo tiempo verdadera, problemática y relativa…

Todo esto es un gran asunto del que no sabemos qué resultará, pero aquí vamos a centrarnos solo sobre un aspecto del mencionado optimismo: la exagerada sobrevaloración de la potencia rusa.

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¿Ajedrez o parchís?

Estamos asistiendo a una crisis de tonos militares particularmente peligrosa porque viene presidida por la general inestabilidad de todos sus actores. En esta jugada insensata, todo el mundo está expuesto, pero Rusia la que más.

Estamos asistiendo a una crisis de tonos militares particularmente peligrosa porque viene presidida por la general inestabilidad de todos sus actores. Un ejemplo, el Presidente Biden, el 20 de enero. Con su prestigio en horas bajas, la posibilidad de que su presidencia sea un “paréntesis entre dos Trumps”, a un año de aquellos insólitos sucesos del 6 de enero de 2021 en el Capitolio que tanto se parecieron a una intentona golpista y con la derrota, la víspera en el Senado, de su reforma electoral que tan malos augurios sugiere para las elecciones midterm de noviembre, comparecía ese día, el jueves pasado, ante la prensa. Y lo dijo: “espero que Putin sea consciente de que se encuentra no muy lejos de una guerra nuclear”. “Putin quiere probar a Occidente y pagará por ello un precio que le hará arrepentirse de lo que ha hecho”.

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La invasión de Ucrania

Desde el punto de vista de los intereses europeos, nada sería más sencillo que establecer estatutos de neutralidad y renunciar al despliegue de armas nucleares.

Que Rusia vaya a “invadir Ucrania”, ocupando todo el país, está completamente descartado. En las calles de Budapest, todavía hoy se ven los rastros de la ocupación soviética de 1956. Lo de entonces en Hungría sería de risa al lado de lo que pasaría en Ucrania en tal caso. Eso es algo evidente para cualquiera mínimamente informado, así que no merece la pena extenderse.

Otra cosa es que, ante la falta total de resultados de la reclamación de Rusia a Estados Unidos y la OTAN, exigiendo garantías de seguridad, debería haber una respuesta “fuerte” de Moscú. Rusia anunció “medidas militares”. ¿Cuales? Como mínimo colocar misiles nucleares https://rafaelpoch.com/2021/12/31/hacia-una-crisis-de-misiles-nucleares-en-europa/#more-776 “tácticos” en Bielorrusia, Kaliningrado y demás. Como máximo, una anexión del Donbass con el beneplácito de la población local. Los actuales precios del petróleo al alza y la previsión de que se mantendrán, permiten con creces al Kremlin sufragar los costes económicos de tales operaciones.

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