Jaque mate bielorruso

El mismo personaje que en los años noventa expresó la soberanía popular se ha convertido en su impedimento

¿Perdió Aleksandr Lukashenko las elecciones presidenciales del 9 de agosto? Mi impresión es que incluso sin mediar amaños podría haberlas ganado, aunque desde luego no por un 80% del voto. Esa impresión es compartida hasta en el ministerio de exteriores alemán en Berlín, pero no cambia lo esencial: el resultado ha indignado en su país y desencadenado un potente movimiento popular. Parece que el vaso se ha colmado en Bielorrusia. Pero ¿cómo se ha llegado hasta aquí y qué horizonte se perfila tras una caída del caudillo? Leer más ”   Jaque mate bielorruso”

En la niebla de Vasil Bykov

Estrenada en Berlín una película sobre la obra del gran escritor bielorruso

(Publicado el 18 de Noviembre de 2012)

Creemos que en la vida no hay destino ni misterio, que todo se divide en sol y sombra, noche y día, así nos han educado. Pero ahí está la niebla, el claroscuro de nuestra existencia, las trampas y los espejismos de la vida que sorprenden a los hombres enfrentándolos con lo más inesperado y contradictorio.

“Un frío día de finales de otoño en el segundo año de la guerra partisana, el explorador Burov se acercó a la aldea de Mostish para matar a un traidor local, un tipo llamado Sushenia”. Así comienza la novela “В тумане” (“En la niebla”) del escritor bieloruso Vasil Bykov (1924-2003). Es un autor que casi solo escribió relatos de guerra, un género alimentado por su propia biografía al que tantos escritores soviéticos aportaron obras de gran calidad y fuerza humana. В тумане es una de ellas.

 

Folleto de la pelicula “En la niebla”, sobre la obra del escritor Vasil Bykov del mismo nombre, que acaba de estrenarse en Berlín

El director ucraniano Sergei Loznitsa ha hecho con ese relato una de esas raras películas, estrenada esta semana en Berlín, premiada en Cannes, Yerevan y Odessa, que no desmerecen su base literaria. Gran parte de sus diálogos son textuales. La descripción de la Bielorrusia rural de finales de 1942, impecable. La aparente lentitud de sus personajes, en perfecta armonía con la sicología campesina local. Estamos ante una de esas adaptaciones maestras, como la de los Taviani con los relatos de las Novelle per un anno de Pirandello en Kaos, su mejor película, Visconti con El Gatopardo de Lampedusa, o, mejor aún, por la parquedad y crudeza rural que las une, con aquellos Santos inocentes de Mario Camus, sobre la novela homónima de Delibes.

Sushenia no es un traidor, sino que es víctima de un trágico destino. En la cuadrilla de peones ferroviarios en la que trabaja deciden, contra su opinión, sabotear una vía para descarrilar un convoy. Hombre realista, Sushenia sabe que la cuadrilla será inmediatamente acusada del hecho por los alemanes, tal como ocurre, pero pese a todo participa. Tras la detención, palizas y torturas, el oficial alemán le propone salvar la vida a cambio de convertirse en delator de partisanos. Sushenia es un muzhik responsable para el que la honradez y la estima de sus vecinos que se deriva de ello es esencial. “No puedo”, le responde al oficial. Este le castiga de la peor manera posible: preserva su vida, mientras los otros miembros de la cuadrilla son ahorcados en la plaza del pueblo. ¿Por qué no le cuelgan a él? Ante todos Sushenia pasa por traidor. Y por eso, ese día de finales de otoño Burov, su amigo de la infancia, se acerca a su casa para matarlo en cumplimiento de la ley partisana y del cruel cálculo del oficial alemán para manipularla.

Sushenia sabe que nadie creerá su historia. Hasta su mujer, Anelia, cree que hay algo turbio en su extraña salida con vida de la Kommadantur. Burov viene a llevárselo “para un asunto”. No quiere matarlo en presencia de su mujer y de su hijo. Todos saben de qué se trata. Sushenia se lleva la pala al bosque, cava su tumba y elige el lugar. Es entonces cuando ocurre lo imprevisto. Como en “Soldados de Salamina”, la ejecución es frustrada no por el escrúpulo de un miliciano, sino por una patrulla de colaboracionistas que dispara sobre el ejecutor y permite escapar a la víctima. Si a partir de ese momento literariamente tan fuerte, Javier Cercas tejió una novelita, Bykov hace literatura. Sushenia regresa al lugar, rescata a Burov malherido y lo carga sobre sus espaldas para salvarlo, por la misma razón por la que se negó a aceptar la oferta del oficial alemán: una voluntad recta y honrada, exenta de todo cálculo.

La sospecha general le impedía a Sushenia, “vivir honradamente, como un igual entre todos, y no quería vivir traicionando su conciencia. Tenía mujer, muchos parientes, su pequeño hijo Grishutka, ¿cómo iba a embarrar el futuro de todos ellos? Pero no hacerlo ya era imposible, pese a sus deseos y esfuerzos, ¿qué podía hacer?”  Esta es la trágica niebla que inspira a Bykov y en la que él mismo se vio sumido.

Nacido en una aldea de la región de Vitebsk, Vasil Bykov (en bielorruso, Vasil Bykay) participó con 18 años en la guerra, la guerra del Este, sin parangón con la civilizada guerra de los nazis en el Oeste: la guerra de exterminio de Bielorrusia sin más perspectiva que el total sometimiento, en la que murieron uno de cada tres habitantes, se destruyeron 209 de las 290 ciudades y el 85% de la industria. Cifras y datos que no captan lo esencial de todo aquello. Para eso hace falta la literatura y la experiencia generacional más directa.

Recuerdo la sorpresa de un amigo ruso al revolver en los años ochenta entre los arrugados diarios de guerra de su padre, un ex combatiente de aquella Bielorrusia partisana. Su unidad regular fue destrozada en la retirada de 1941 y sus restos quedaron aislados tras las líneas enemigas. Hombres hambrientos en fuga en un inmenso universo de pantanos y matorral. El padre ingresó en la República de los Bosques en colectivos de resistentes que morían de hambre y frío y practicaban sabotajes y ataques contra las líneas de comunicación y abastecimiento de la Werhmacht.

“Hoy hemos capturado a un alemán bueno”, decía una nota de aquel diario paterno. “Bueno”, sin más explicaciones. ¿Por qué “bueno”?, al fin y al cabo no era más que un soldado raso apresado y ejecutado entre otros cuando viajaba en su moto con sidecar por una carretera rural. Bueno, porque su zurrón iba lleno de vituallas que los partisanos devoraban con una gratitud entre animal y salvaje sobre el cadáver de su presa, explicó el padre. El anciano padre era un hombre medio enloquecido por aquellos recuerdos, que incluían una heroica huida con regreso a las líneas soviéticas, en las que fue recibido con sospechas: consejo de guerra –entonces todo el mundo era “espía” y en caso de duda te liquidaban- del que salió milagrosamente absuelto. Meses después, destinado como oficial en Stalingrado. Y una nueva nota incomprensible en el diario: “Nuestros camaradas caídos nos siguen siendo útiles después de muertos”. Sin más explicación. De nuevo preguntas al padre. ¿”Útiles”? En el invierno de 1942, a treinta bajo cero metidos en una trinchera con solo unos pocos metros de tierra y el Volga a sus espaldas, el padre de mi amigo y sus compañeros colocaban los tiesos cadáveres congelados de sus camaradas alineados sobre el marco superior de sus trincheras a fin de parapetarse mejor. Así seguían siendo útiles después de muertos…

Esa era la guerra en la que Bykov llegó a ser dado por muerto y que acabó como oficial. El escritor describió el miedo que se pasaba; “miedo a los alemanes, el miedo a ser capturado, fusilado, el miedo en el combate, sobre todo a la artillería y los bombardeos, donde si la explosión caía cerca parecía que el cuerpo, sin control de la razón, iba a desintegrarse de puro terror. Pero también el miedo que se sentía a la espalda: miedo a la superioridad, a todos aquellos organismos represores y de castigo que había en la guerra”.

Bykov escribió toda su obra en lengua bielorrusa. Él mismo la  traducía al ruso. Después de la guerra una clásica trayectoria de escritor soviético; ingresó en la unión de escritores, escribió todo tipo de relatos bélicos, muchos de ellos sorprendentes por las situaciones y trágicas alternativas que se planteaban a sus personajes, inspirados en tipos reales. Fue, junto con otros, cronista emérito de la República del Bosque, una gesta que imprimió carácter a la población biolorrusa hasta el día de hoy, cuando la general ignorancia europea sobre su periferia tiende a reducir a la magnífica Bielorrusia a una especie de culo del mundo gobernado por el sátrapa Lukashenko. Bykov fue diputado del soviet supremo de Bielorrusia, galardonado con los más altos premios y distinciones de la URSS, su nombre sonó como candidato al premio Nóbel…

Con la perestroika, cuando le conocí, formó parte de aquella “inteligentsia radical” que le hizo la cama a Boris Yeltsin y su modelo autocrático-presidencialista-cleptocrático que aún impera hoy. Su propia evolución forma parte de esa niebla humana existencial que raras veces conoce líneas rectas. Fundó el Frente Popular de Bielorrusia y en 1989 fue elegido diputado del Congreso de la URSS. El 5 de octubre de 1993 fue uno de los firmantes de la “carta de los 42” publicada por Izvestia en la que se pedía a Yeltsin, que acababa de dar su golpe de estado cañoneando el primer parlamento plenamente electo por sufragio universal de la historia de Rusia, que diera, “un paso más hacia la democracia y la civilización” y prohibiera “todas las organizaciones y partidos comunistas y nacionalistas”, es decir toda la oposición, cerrara los periódicos Den, Soviétskaya Rossia, Literatúrnaya Rossia, Pravda y otros, y disolviera todos los órganos representativos e incluso el tribunal constitucional. Días antes, en una infame y multitudinaria asamblea organizada en el Cine Oktiabr de la Avenida Kalinin de Moscú (hoy Novy Arbat), aquellos intelectuales demócratas, como se llamaban, habían pedido a Yeltsin métodos pinochetistas: “!Es que acaso no hay suficientes estadios en Moscú¡”, clamaron. Asistir a aquello como periodista fue una experiencia estremecedora.

Bykov formó parte de aquel vergonzoso liberalismo estalinoide. Mucho más vergonzoso e indigno que su firma de aquel otro manifiesto, éste de los años setenta, veinte años antes, dedicado a vilipendiar a Aleksandr Solzhenitsyn y Andrei Sájarov. Por lo menos entonces había una cierta presión institucional para ser inquisidor. En 1993, por el contrario, no había excusa: todo era libre y voluntario en aquella adoración a la nueva autocracia. Cuando ésta se concretó políticamente en Bielorrusia con Lukashenko –un autócrata que al principio ganaba las elecciones limpiamente, hoy ya no se sabe, y que a diferencia de Yeltsin no cañoneó su parlamento- Bykov se enfrentó. Ninguneado, a finales de 1997  el escritor emigró primero a Finlandia y luego a Alemania, donde debió sufrir esa  confortable y al mismo tiempo desapacible existencia de la que tantos eslavos se quejan aquí. Una existencia sin chispa ni misterio, como la literatura del escritor local vivo más celebrado.

Quizá huyendo de esa vida sin niebla Bykov regresó a su país a morir y falleció en 2003 en la unidad de cuidados intensivos de un hospital de Minsk. Hoy su obra ha dado lugar a una magnífica película. Descanse en paz Vasil Vladimirovich Bykov.

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El aniversario de una lección que la humanidad no aprendió

Hace 75 años Hiroshima anunció el inicio de la capacidad humana de destruir toda vida en el planeta. De las 350.000 personas que se encontraban allí el 6 de agosto, 140.000 habían muerto en diciembre.

Imagen aérea del alcance de la bomba de Hiroshima.

A las 08:15 del 6 de agosto de 1945, un bombardero B-29, de un grupo de tres “fortalezas volantes” que navegaban a 8.500 metros de altura, lanzó una bomba sobre Hiroshima. Los aviones habían despegado seis horas y media antes, en plena noche, de la isla de Tinian, al lado de Guam, a 2.700 kilómetros al sureste de Japón. La bomba llevaba el inocente nombre de “Little Boy”, medía tres metros de largo y 0,7 de ancho. Su peso era de cuatro toneladas. Explotó a 590 metros de altura, liberando una energía equivalente a la explosión de 13.000 toneladas de TNT, es decir la capacidad convencional de bombardeo de 2.000 aparatos B-29. La bomba tuvo tres efectos mortales: calor, explosión y radiación.

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             ¿La eternización de Putin?      

                      Maduran las contradicciones del régimen ruso

Como en el resto de las potencias, tampoco en Rusia la pandemia está alterando de forma significativa las tendencias que se observaban antes de ella, pero las acelera. El plebiscito constitucional iniciado el 25 de junio y dilatado hasta el uno de julio, ha ilustrado la maduración de las contradicciones y dificultades internas del régimen ruso. Como ocurrió en Pekín hace años cuando se blindó la autoridad de Xi Jinping, en Moscú los gobernantes también son conscientes de que se avecinan tiempos difíciles y se preparan. También ellos quieren ponerse el cinturón de seguridad, pero sus circunstancias son bien diferentes a las de China y no está nada claro que el asunto solucione algo o que el cinturón complique aún más las cosas. Leer más ”             ¿La eternización de Putin?      “

La pandemia acelera las tendencias

En Estados Unidos la protesta ciudadana amplia la división de los que mandan y dibuja en el horizonte un panorama de guerra civil fría.

 Con diez millones de casos confirmados y medio millón de muertos conocidos, las cifras de finales de junio (recordemos que eran 300.000 y 11.000, respectivamente, en marzo) confirman la expansión general de la pandemia como amenaza global. Las consecuencias que la pandemia está teniendo en las potencias y sus relaciones no han cambiado las tendencias generales anteriores a ella. Solo las ha agravado y acelerado. Leer más “La pandemia acelera las tendencias”

Segunda Guerra, Tercer Mundo

           (*Publicado el 11 de octubre de 2009)

Sobre los olvidados de la gran carnicería que Europa desencadenó en el mundo

Se sabe que en la Segunda Guerra Mundial murieron alrededor de 70 millones de personas, entre ellas más de 20 millones de soviéticos y más de 5 millones de alemanes. Hasta tenemos la minúscula lista, y completa, de los 1.400 daneses caídos en aquella carnicería. Sin embargo, las cifras exactas de muertos del Tercer Mundo en esa guerra engendrada en Europa se desconocen. Y no sólo las cifras. La situación la resume magistralmente el Profesor Kuma Ndumbe, de la Universidad de Yaoundé, en Camerún:

“La historia de la Segunda Guerra Mundial se revela, como toda historia, como la de los vencedores, pero también como la de los ricos y los propietarios. Pese a su derrota, Alemania y Japón pertenecen, desde el punto de vista de la escritura de la historia, a los vencedores. Aunque la historiografía de ambos países haya tenido que llevar a cabo cuestionamientos críticos, japoneses y alemanes son tratados por ella como personas del mismo rango que los vencedores. Quienes fueron olvidados después de la guerra, como si no hubieran existido durante el conflicto, quienes deben aprender de nuevo la historia junto a sus hijos, sin encontrar en ella sus propias acciones, son los que pertenecen a la verdadera categoría de perdedores. Perdedores sin voz propia. Así viven hasta hoy centenares de millones de personas y sus descendientes en África, en Asia, América Latina, Australia y en la región del Pacífico”. Leer más “Segunda Guerra, Tercer Mundo”

El atropello de Génova

*Publicado el 3 de abril de 2012

(Sobre provocadores e infiltrados)

El 20 y 21 de julio de 2001 hubo una cumbre del G-8 en Génova. El lector quizá recuerde vagamente que en ella se registraron “incidentes”. Lo que seguramente no sabe es que en aquellos días se produjo, “la mayor violación de derechos humanos de la historia de Italia desde la segunda guerra mundial” – según la contundente fórmula de Amnistía Internacional- resultado de una brutalidad policial planificada. En una Europa en la que crecen las protestas civiles, el tema es de una enorme actualidad. Leer más “El atropello de Génova”

  En la boca del túnel

            Otro mundo es posible, pero no seguro ni ineludiblemente mejor

 Mucho se habla del “mundo después de la pandemia”. Habrá cambios, seremos otros, dicen. Parece que el virus sea un agente transformador y no un mero factor de enfermedad, desempleo y pobreza. Desde luego, “otro mundo es posible”, pero ni el cambio está garantizado, ni tiene que ser ineludiblemente un cambio a mejor. Leer más ”  En la boca del túnel”

Buscando culpables

El fiasco occidental en los inicios de la crisis del virus, se conduce hacia un incremento de la agresividad contra el nuevo enemigo chino

Con la economía mundial en ruta hacia su mayor depresión desde la gran crisis de 1929 (FMI dixit) y entre nerviosas advertencias de sus propios partidarios de que la superpotencia imperial por excelencia podría estar perdiendo terreno en esta crisis ante su principal adversario, se abre paso de manera frenética la búsqueda de un culpable. Leer más “Buscando culpables”

“Por primera vez nadie espera que las soluciones vengan de Estados Unidos”

El inicio de la crisis del coronavirus en China fue descrita por algunos medios como “el Chernobyl chino”, sugiriendo el inicio de la decadencia de la potencia asiática. Un par de meses después, parece todo lo contrario…

Hay que ser muy prudentes, porque de este virus nos falta mucha información, pero de momento el Chernobyl no es tanto chino como americano. Hace unas semanas, cuando el principal foco era Europa, escribí que el siguiente problema gordo podía ser el de Estados Unidos, y eso es lo que tenemos ahora. En Estados Unidos se están confirmando las cosas más locas que se pensaban sobre ellos, como que es un país que pone el dinero por delante de la gente, que es incapaz de cesar sus sanciones que la crisis convierten en aun más criminales, o que tienen unos responsables políticos absolutamente disparatados, como el gobernador de Florida, Ron DeSantis,  que tiene una población de ancianos muy abultada y que no ha hecho prácticamente nada, o el de Georgia, Brian Kemp. Y eso por no hablar del principal incompetente y negacionista que está en la Casa Blanca, lo que no le impide ofrecer mil millones a una empresa alemana para hacerse con la exclusiva de posibles remedios.… Y mientras eso pasa en Estados Unidos, en China parece que de momento están saliendo. La actitud exterior china no solo no ha sido negacionista sino que ha dado información muy fluida a la OMS y ha hecho una labor de ayuda extraordinaria brindando a los demás un tiempo que no todos han sabido aprovechar para prepararse. Esta es una crisis en la que por primera vez nadie espera que las soluciones vengan de Estados Unidos, y parece que algunas incluso van a venir de China.

¿Por qué cree que se no se espera que las soluciones vengan de EE.UU? ¿Muestra una decadencia del país como potencia única o es por otras razones?

La crisis ha puesto en evidencia una situación que ya teníamos, que es una tendencia a cierto relevo de potencias. No en el sentido de que China vaya a ser la próxima superpotencia hegemónica, no está claro que China quiera ser eso, pero sí en el sentido de que el vector que ya conocíamos de que la potencia estadounidense se iba relativizando mientras la china se iba aumentando. Esta pandemia nos ha ofrecido una fotografía de eso. Y todo aquello que barruntábamos, de repente, lo vemos.

Antes sugería que quizás China no quiere ser esa potencia a la que parece estar llamada a convertirse. ¿Por qué?

Por tradición secular, China ha sido un país y una cultura introspectiva, más bien cerrada en sí misma. No ha sido una potencia expansiva. Sí, ha tenido cierta expansión imperial en su inmediato entorno, pero no ha sido un imperio de comercio de gran distancia ni nada de eso, como fueron las potencias europeas. Y el motivo podría ser la gran fragilidad interna que siempre ha tenido China, un país en el que siempre han coincidido las sequías con las inundaciones y, en fin, que siempre ha tenido enormes problemas de gobernabilidad interna. También cierta idea de superioridad y autosuficiencia, de “nuestra civilización como la más perfecta por lo que hay que concentrarse en defenderse de los bárbaros”, lo que la Muralla China representa.

Pero todo esto puede ser música celestial si lo cotejamos con los imperativos de la globalización, cuando hablamos de una potencia industrial y de exportación, que necesita materias primas para funcionar, y eso cambia mucho las cosas. Desde el momento que eres la fábrica del mundo tienes que abandonar esa introspección y necesitas proyección exterior.

En Europa se ha instalado cierta idea fatalista de que, si vamos a competir con China, hace falta que demos un giro tecnocrático. ¿Es así?

Antes hablábamos de Chernobyl. En estos momentos Europa está en la UCI, clarísimamente. También ha ofrecido una fotografía en esta crisis de todas las miserias e insuficiencias que la Unión Europea demostró durante la crisis del 2008. El egoísmo de Alemania, la incapacidad de hacer una política solidaria dentro de un esquema diseñado como una autopista de la globalización neoliberal. Eso es muy difícil de transformar porque los tratados que regulan los principios neoliberales de la UE son inamovibles y están blindados contra el cambio, lo que agudiza la crisis interna.

Una crisis que parece recurrente entre el norte y el sur europeo.

En el caso de Alemania las posiciones han sido espectaculares, en una de las últimas reuniones, la del 26 de marzo, ante una presión considerable en pro de medidas solidarias, Merkel realizó una maniobra indecente. En manos de los cinco presidentes de las instituiciones de la UE (Consejo, Parlamento, Comisión, BCE y Eurogrupo) la posición de países como Francia, España e Italia en favor de los llamados coronabonos parecía ineludible, así que hizo que  la decisión se tomara  en el Eurogrupo donde los adversarios de esa política tenían más peso, con Holanda y Alemania en primer lugar. Este truco de Merkel lo explicaba el indecente Der Spiegel el dia 27. Este tipo de recursos ahora cada vez huelen más y son los que llevan a la UE a la UCI. La Comisión Europea, entre 2011 y 2018, exigió en 63 ocasiones a los países miembros que recortaran sus gastos en sanidad o privatizaran ambitos enteros de su sistema público de sanidad. La contabilidad es de Martin Schirdewan, coopresidente del grupo de la Izquierda unitaria europea. Esto es muy difícil de olvidar…

Así como en la crisis pasada no parecía tan factible, en la actual crisis se habla en voz alta de la posibilidad de una ruptura de la UE. ¿Cree que es posible?

Creo que estamos hablando de cosas que en cierta manera ya han sucedido. Siempre pongo el ejemplo de la Sociedad de Naciones (1919), la antecesora de la ONU. Fue un acontecimiento histórico, por primera vez las naciones del mundo intentaban ponerse en común, conscientes de que debían tratar problemas generales. La práctica demostró que no pintaba nada, fue impotente ante las catástrofes del periodo de entreguerras y no digamos en la génesis de la Segunda Guerra Mundial, así que se acabó disolviendo en 1946 sin que nadie lo notara. Pero luego se creó la ONU. ¿Por qué? Porque la necesidad de una coordinación entre estados para un gobernanza mundial existía, permanecía y se incrementaba trasla experiencia de la guerra mundial. Pues yo creo que con la UE pasará lo mismo, no sirve para nada, está complicando las cosas con el corsé del euro y de sus irreformables tratados germánicos de cemento armado, nos ha quitado soberanía y democracia, es imposible de cambiar con el actual esquema pero, al mismo tiempo, la necesidad de una integración entre las naciones de Europa es por todos reconocida y fundamental.

¿Las democracias liberales están peor preparadas para afrontar una crisis como la del coronavirus o no tiene nada que ver con sistema político?

La pregunta es: ¿Para vencer al coronavirus tenemos que ser un régimen autoritario de partido único o mandar a centenares de miles de uigures a campos de reeducación? Pues creo que es una idea disparatada. Porque de momento, insisto en el “de momento”, quien lo ha hecho bien no es solo China sino Asia Oriental en general. Y ahí tenemos regímenes políticos muy diferentes: Japón, Taiwan, Corea del Sur… Y en China ha habido medidas de tipo autoritario (cuando el autoritarismo era necesario) pero también otras que simplemente tienen que ver con el buen gobierno y con anteponer la sanidad pública y los intereses de la población a la economía. Eso ha ocurrido bajo diferentes métodos. Ahora, sí que es necesaria cierta disciplina cívica y cierto regreso a una gobernanza estatal efectiva, cosas que en occidente se han perdido en beneficio de la gobernanza empresarial.

Uno de los debates es sobre las medidas de protección a la salud en contraposición con el impacto económico que podían generar. Y se le pueden sumar también los derechos. ¿Cree que en Europa se ha resuelto bien esta cuestión?

Respecto a las libertades, en condiciones de pandemia la solidaridad pasa por el distanciamiento social. Parece contradictorio, pero no, es absolutamente claro. El confinamiento por tanto no solo no es autoritario sino que es altruista y solidario. Ahora bien, el dilema entre la economía y la salud no es ninguna tontería.  El actual parón va a provocar un colapso mayor. Otra cosa es que el capitalismo siempre prime la economía en detrimento de la población. Pero en una posición 100% humanista, atenta a los intereses de la población, la pregunta continúa siendo válida: ¿Hasta qué punto este confinamiento llevado más allá de lo razonable no se puede volver contra nosotros? Estamos ante sociedades de clase y los de abajo son los que más van a sufrir. El dilema este es muy serio, independientemente de que Trump, Bolsonaro o Merkel, a otro nivel, le hayan dado una respuesta asquerosa desde el principio.

En un sistema comunista también habría este dilema, ¿no?

Claro. Por eso hay que buscar un balance. Pero es muy difícil porque esta pandemia, sin ser históricamente nueva, es novedosa porque hace tantos años que no ocurría algo así, y nunca en una sociedad tan moderna, que estamos en terreno desconocido.

Rusia ha apostado por unas medidas mucho más blandas que China o el sur de Europa en relación con el coronavirus. Parece que se ha alineado más con los países negacionistas. ¿Por qué cree que ha sido así?

Hay un punto de misterio en la respuesta rusa a esta pandemia, aún no está claro si es que han tenido suerte, si han acertado mucho en las medidas preventivas, o si han sido de una incompetencia increíble. O podría ser una combinación de todas estas. En primer lugar, las características de la sociedad rusa dan ventajas: hay menos sociabilidad que en España o Italia, tienen un espacio físico enorme, las redes viarias son menos fluidas, hay mucho comercio con China, pero es sobre todo de petróleo y gas… todo esto ayuda a que el impacto sea menor. Además Rusia cerró ya en enero la frontera con China, y desde febrero los pasajeros a Moscú eran controlados por equipos médicos, y a quien daba fiebre se le confinaba en casa. Todo eso ocurrió.

Más allá de lo que dice el Gobierno de Putin, entonces, ¿la clave es que Rusia apostó por la prevención?

Sobre todo fueron medidas muy prontas, ya desde enero. A partir de ahí, la vida en Moscú ha continuado con menos cambios que aquí hasta hace bien poco. Pero tienen pocos casos y por eso, a la pregunta de si se falsea la información, pues es totalmente plausible. Yo sostengo que en este tipo de crisis la estadística se convierte en un recurso de Estado: cada uno cuenta los muertos como quiere. Y eso es aplicable tanto a China como a Rusia, a Estados Unidos, Alemania o España.

Hay quien sostiene que la crisis del coronavirus puede generar un giro hacia posiciones más solidarias o de defensa de los servicios públicos. ¿Lo ve de forma tan optimista?

Yo lo que veo claro es que las cosas van a cambiar. Pero, ¿En qué línea? Esta es la cuestión. ¿Hay oportunidades para un cambio negativo o positivo? ¿Puede acabar esto en una guerra? Por qué no. ¿Puede acabar en una revuelta social o en un despertar social contra el neoliberalismo? Pues también, puede ser. Ahora bien, también es posible una utopía de estas orwellianas, con más control social, a partir de los precedentes liberticidas creados por la emergencia. Recordemos la nueva y desastrosa ola imperalista abierta por el 11-S neoyorkino: la “guerra contra el terror”, es decir millones de muertos, Guantánamo y la NSA en nuestro teléfono móvil y nuestro ordenador. Mucho depende de la capacidad y exigencia de las sociedades para cambiar las cosas. Yo creo que el futuro está bastante abierto y tenemos que reconocer que simplemente no sabemos qué va a pasar. Hay condiciones para el desastre y también para un cambio socioeconómico que encare los retos del siglo (clima, recursos de destrucción masiva y desigualdad), pero no habrá “vuelta a la normalidad” porque ha sido esta normalidad la que ha creado el problema.

(Publicada en Diario.es y ampliada)

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