El centro de mando del operativo americano contra Irán está en Ramstein (Alemania). Los bombarderos de Estados Unidos despegan para sus misiones de Fairford (Inglaterra). Las operaciones de reabastecimiento tienen base en Aviano (Italia) y Le Tubé (Francia). La base de Lajes, en Azores (Portugal), es etapa importante de la logística militar transatlántica y los aviones espía operan desde la base cretense de Souda (Grecia) y Akrotiri (Chipre), desde donde ya se colaboraba de la forma más activa en la masacre de Gaza
En los últimos cuatro años hemos asistido a tres grandes errores de cálculo del hegemonismo occidental liderado por Estados Unidos. El primero fue el de Rusia. Se creía que provocando la invasión de Ucrania, Moscú sufriría una “derrota estratégica” y una debacle económica como resultado de las sanciones y de un aislamiento internacional que se daba como seguro. Nada de eso ha ocurrido. El segundo fue con China. Creían que las barreras y sanciones comerciales y tecnológicas doblegarían a Pekín. Tampoco eso ha ocurrido. China ya es una gran potencia tecnológica que, por ejemplo, produce sus propios microprocesadores. Bastó con que Pekín amenazara con responder cortando toda su exportación de tierras raras, los minerales esenciales para alta tecnología, defensa y energías renovables que dispone casi en solitario, para anular todo aquello. El tercer error de cálculo lo estamos viendo ahora con Irán.
Estados Unidos necesita un cambio drástico y revolucionario, no manifestaciones diurnas contra “el rey” diseñadas para ser lo menos controvertidas posible
Autor: Caitlin Johnstone
Hay otra gran protesta «No Kings» programada para este fin de semana, y ahora mismo lo único en lo que puedo pensar es en lo repugnante que resulta que esto sea lo más parecido a una protesta antibélica a gran escala que hay en Estados Unidos en este momento.
Esta guerra es asimétrica porque la superioridad tecnológica y la capacidad militar de uno de los bandos es abrumadora, pero de momento Irán la está ganando.
Muchos expertos, entre ellos altos mandos retirados estadounidenses y británicos, dudan de que Estados Unidos vaya a imponerse en Irán y prevén otra debacle. Puede que tengan razón o puede que no. Sin embargo, lo que le importa a Netanyahu no es el éxito del ejército estadounidense, sino la idea de que Irán se debilite, sea cual sea el resultado. Si esto no ocurriera, el Estado sionista —la «supersparta», como Netanyahu describió a Israel hace unos meses— es capaz de desatar una catástrofe sin precedentes usando sus armas nucleares, lo que haría parecer insignificante, en comparación, el genocidio de Gaza.
(Una entrevista de Sergi Picazo con el autor para la revista «Critic»)
Trump ya prescinde de la retórica del derecho internacional. La clave para definir las relaciones internacionales es la fuerza. Estados Unidos puede secuestrar o matar a dos líderes de países enemigos: Maduro, en Venezuela, y el ayatolá Jamenei en Irán. ¿Se acabó la legislación internacional? ¿La ONU? ¿Los mínimos de la política internacional?
La pregunta, desde luego, es retórica. La guerra comenzó el sábado con el asesinato del dirigente del país adversario y varios miembros de su familia. Esta guerra comenzó – y es la segunda vez desde junio – en medio de unas negociaciones calificadas de “exitosas” por los mismos personajes (Witkof y Kushner) que están negociando con los rusos el fin del conflicto de Ucrania. ¿Quién puede confiar en tales “negociadores”? “Las garantías y los documentos firmados por este Presidente, no tienen valor alguno”, ha dicho en Moscú el analista Dmitri Trenin sobre Trump. “No se puede mantener negociaciones con este gobierno”, dice desde Nueva York el economista Jefrey Sachs.
El veto de Hungría y Eslovaquia está frenando actualmente el apoyo de la UE a Ucrania. Para los grandes medios de comunicación alemanes, la cuestión está clara: Orbán y Fico son conocidos por ser conflictivos y amigos de Rusia y, como quinta columna de Moscú, bloquean una línea común. Sin embargo, se tiende a olvidar que los dos Estados centroeuropeos también tienen buenas razones para su postura negativa hacia Ucrania. Ambos países dependen del suministro de petróleo ruso y Ucrania está librando actualmente una guerra contra la infraestructura por la que el petróleo ruso fluye hacia Hungría y Eslovaquia. Pronto podrían producirse graves escaseces en esos países. El hecho de que la UE y la OTAN acepten sin más este tipo de ataques contra dos Estados miembros recuerda de forma sorprendente al sabotaje de los gasoductos Nord Stream. Pero Hungría y Eslovaquia no son Alemania.