Un decálogo sobre la Unión Soviética

(Con motivo del reciente centenario de su fundación)

Прощай, наш красный флаг…

Ты был нам брат и враг.

Ты был дружком в окопе,

надеждой всей Европе,

но красной ширмой ты

загородил ГУЛАГ.

(Evgeni Evtushenko. Despedida de nuestra bandera roja * )

El 30 de diciembre de 1922, cinco años después de la Revolución de Octubre, se fundó la Unión Soviética. El 25 de diciembre de 1991 la bandera roja se arrió del Kremlin. La Unión Soviética duró 69 años. En 69 años, España vivió monarquía, dictadura de Primo de Rivera, II República, guerra civil, dictadura franquista y transición democrática con restauración borbónica. En los 69 años de la URSS también ocurrieron cosas muy diversas y contradictorias que suelen tratarse como una simple y continua unidad “totalitaria”.

A continuación un pequeño decálogo sobre la URSS con ocasión del reciente centenario de su fundación.

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La gran ceguera

A casi un año del inicio de la invasión de Ucrania asistimos a una debacle estratégica general de todas las partes implicadas y a una peligrosa y completa incertidumbre sobre sus resultados.

La parábola de los ciegos. Pieter Brueghel el Viejo

Pronto hará un año del inicio de la invasión rusa de Ucrania y aún no tenemos claro quién está ganando esta guerra. Obviamente, en el plano humano, la población ucraniana es la que más está perdiendo, no solo en Járkov y Kíev sino también en Donetsk, por la barbarie y el sufrimiento que acumula, pero más allá de ese hecho, en el plano militar los vaivenes de la situación en el frente, distorsionados por las respectivas propagandas, no ofrecen un cuadro claro.

En otoño las fuerzas armadas ucranianas apadrinadas por la OTAN tomaron la iniciativa, pero tras una retirada rusa, presentada como “táctica” y aparentemente ordenada – pues no dejó prisioneros – han sido los rusos los que en invierno están marcando la pauta. Los estrategas rusos que en otoño estaban inquietos se muestran ahora seguros y confiados en sus fuerzas y capacidad industrial, mientras en Ucrania la movilización forzosa, con decenas de miles de insumisos y escapados, chirría tanto o más que en Rusia. Pero la situación sigue abierta a los vaivenes que ya hemos conocido.

El mero impacto de un misil ucraniano/noratlántico en Moscú, donde estos días se están instalando nuevas baterías interceptadoras, bastaría para cambiar la percepción de la situación…

Pero más allá de la relativamente confusa crónica militar, hay un hecho meridianamente claro: el balance que nos ofrece el resultado de esta guerra a casi un año de su inicio retrata colosales errores de cálculo de todas las partes implicadas en ella.

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Una demencia europea

Cabalgando a lomos del leopardo alemán hacia el riesgo de una guerra mayor

Cartel alemán de la II Guerra Mundial: «El frente necesita armas, la patria ahorra gas»

Hace treinta años, Alemania se reunificó, gracias al buen sentido y la generosidad de Moscú. Treinta años después, los hijos políticos de Helmuth Kohl y nietos de quienes invadieron la URSS en 1941, están debatiendo el envío de tanques alemanes a luchar contra Rusia. Y el combate será en Ucrania, uno de los principales escenarios de la gran matanza desencadenada entonces por Alemania.

“Leopard” se llaman ahora esos tanques que marcharán sobre las roderas dejadas años atrás por aquellos “Tiger” y “Panther”, sobre los huesos de más de veinte millones de “subhumanos” (Untermenschen) soviéticos. Si aquel octubre de 1990, en medio de los fastos de la reunificación, alguien hubiera dicho que, en una generación, tanques alemanes volverían a pisar esa tierra, le habrían tomado por demente. Pero eso es, precisamente, lo que va a decidirse el 20 de enero en la base de Ramstein (Alemania) donde se reunirá el llamado “Grupo de contacto de Ucrania” bajo la batuta de Estados Unidos.

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«La Unión Europea ha errado el cálculo tanto o más que Putin»

(Una entrevista de Jayro Sánchez para el digital «El Resurgir de Madrid»)

El Mar en Crimea. Cuadro de Arjip Kuindzhi, pintor ruso nacido en Mariupol.

Hace casi un año que Rusia invadió Ucrania, pero los expertos en relaciones internacionales afirmáis que el conflicto entre estos dos países se originó mucho antes. ¿Dónde situarías tú su inicio?

En el cierre en falso de la guerra fría. A principios de los noventa se pactó que la retirada soviética del espacio centroeuropeo, la disolución del Pacto de Varsovia y la reunificación alemana, acabarían con la lógica de bloques militares en Europa. El entendimiento general fue que todo eso no sería aprovechado para ampliar el bloque adverso, pero eso fue lo que ocurrió a lo largo de los veinticinco años siguientes. En lugar de la “seguridad continental integrada” firmada en la Carta de París para la nueva Europa de noviembre de 1990, se abrió paso una seguridad europea primero sin Rusia y luego contra Rusia. La OTAN no se disolvió y hoy está junto a las fronteras de Rusia creando las tensiones que justifican su existencia. Obviamente las responsabilidades de este disparate se reparten entre todos los protagonistas, pero la principal es de Estados Unidos, que no quería perder su dominio político-militar en Europa sin el cual su potencia global se resentía considerablemente. En segundo lugar, una Unión Europea germanocéntrica que se ha demostrado geopolíticamente analfabeta e impotente. En tercer lugar, el grupo dirigente ruso que en los noventa primero fue demasiado optimista con Gorbachov por confiar en la buena voluntad de sus interlocutores, luego se centró con Yeltsin en la privatización del patrimonio nacional sobre cualquier otra consideración, hasta que Putin empezó a ordenar las cosas recuperando intereses nacionales rusos y chocando por ello cada vez más con un Occidente que solo preveía un papel subordinado y subalterno para Rusia. Todo esto tiene una larga cronología y un desenlace con el cambio de régimen en Kiev del invierno de 2014 al que Rusia respondió anexionándose Crimea. Desde entonces aquel cierre en falso de hace un cuarto de siglo se dirime militarmente. El ejercito ucraniano que en 2014 era una birria fue armado y financiado intensamente por la OTAN desde entonces con el objetivo de batir a Rusia, recuperar Crimea e imponer con forceps una narrativa nacional antirrusa a la mayoría de la población ucraniana rusoparlante que no estaba de acuerdo con ella y que dio lugar a una guerra civil en el Este del país a partir del verano de 2014. Todo esto es una historia larga y compleja, repleta de sombras en ambos bandos. En su lugar lo que nos explican es un guion infantil de Hollywood: en Rusia hay un zar malo que quiere recrear la URSS a costa de la “Europa de los valores”, “democracia contra autocracia” y otros cuentos. Es lo que suele ocurrir en las guerras y en los pulsos entre potencias que éstas presentan como historias de buenos y malos.

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La deconstrucción del consenso antifascista de posguerra

La guerra de Ucrania está dando un nuevo impulso a un proceso que viene de lejos: la reescritura de la historia europea en unos términos impensables hasta hace bien poco.

Los mandos y protagonistas de la división SS ucraniana «Galichina», inmortalizados como héroes en los actuales sellos de correo ucranianos.

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Un punto de vista del establishment ruso sobre la guerra de Ucrania

Para entender la guerra de Ucrania es imprescindible conocer los puntos de vista de todas las partes beligerantes. Comprendemos el del nacionalismo ucraniano defendiendo su país ante la agresión imperial de su vecino y al mismo tiempo imponiendo su identidad a las regiones menos nacionalistas acusadas de “colaboracionismo” con el invasor. Comprendemos también los intereses y el papel de Estados Unidos en esta “guerra por procuración” en la que se trata de derrotar de forma ejemplarizante el desafio militar ruso iniciado en 2014 con la anexión de Crimea. Importantes estrategas y responsables de Washington nos lo han explicado con toda claridad y admiten que se trata de un “precalentamiento a lo que está por venir” contra China (Charles Richard, jefe del Stratcom y uno de los máximos jefes militares de Estados Unidos). Pero comprendemos mucho menos los motivos de Rusia.

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Nos toman por idiotas

La población debe ser engañada para que consienta o, por lo menos, no se oponga a la guerra.

Si se examina la edición de La Vanguardia del 1 de septiembre de 1939, el día que empezó la Segunda Guerra Mundial en Europa con la invasión alemana de Polonia, el lector se encontrará con el titular, “Un golpe de mano polaco degenera en lucha abierta con fuerzas alemanas”. Al día siguiente el corresponsal del diario en Berlín, Ramón Garriga, informa del inicio de la invasión alemana de Polonia como “contraataque alemán en respuesta a las agresiones de que han sido víctimas los soldados alemanes en los últimos días”. Pero junto a eso, en un pequeño recuadro, aquel 2 de septiembre se podía leer un informe, bien pequeñito, sobre “Las operaciones alemanas según los polacos” e incluso se daba cuenta de la “Proclama del Presidente polaco”. Es decir, dentro de los límites del periódico de un régimen aliado de los nazis, cada cual podía hacerse cierta composición de lugar y sacar sus propias conclusiones sobre lo que pasaba en realidad.

Ahora, para hacerse una idea de lo que ocurre en Ucrania, oficialmente una “invasión no provocada” iniciada en 24 de febrero que carece de un cuarto de siglo de antecedentes, hay que salirse de los medios de comunicación oficiales y establecidos, explorar en los alternativos, en la propaganda rusa y demás, y pese a esta yincana, no siempre te haces una idea clara de lo que ocurre.

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El éxito chino determina la tensión militar

Ucrania forma parte y es prolegómeno de la guerra fría actual contra China en Asia Oriental.

Desde hace algún tiempo y con una periodicidad aproximada de una vez por mes, fuerzas aeronavales de Estados Unidos entran, demostrativa y provocativamente, en el estrecho de Taiwán, mientras que las fuerzas chinas responden con diversos movimientos militares que van desde incursiones aéreas hasta lanzamiento de misiles, etc. No solo estamos en una “guerra fría” en Asia Oriental, sino que el peligro de degenere en un conflicto militar abierto es muy serio. Nadie lo desea, muchos “expertoshttps://rafaelpoch.com/2019/05/30/preguntas-sobre-los-expertos/ (frecuentemente vinculados al complejo militar-industrial) lo consideran “inevitable”, y todos se acercan físicamente a él, por el mero hecho de poner a sus fuerzas armadas permanentemente en contacto.

Como el último documento oficial de la doctrina militar de Estados Unidos, recién publicado, relaciona directamente en un mismo paquete lo que ocurre entre Ucrania y Rusia con el pulso con China, y estima que éste es la dimensión principal de todo ello, es obligado preguntarse por la génesis de la actual situación: ¿cómo hemos llegado a esto? ¿Qué ha pasado?

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Más sobre los motivos de la guerra

El choque militar en Ucrania refleja un conflicto entre clases capitalistas excluyentes en su dinámica depredadora

El sitio de Sebastopol (Franz Roubaud)

En uno de los artículos más interesantes que se han leído hasta ahora sobre la guerra de Ucrania, el joven sociólogo ucraniano Volodymyr Ishchenko tiene el mérito de situar el conflicto en lo que suele describirse como “una perspectiva de clase”. Behind Russia’s War Is Thirty Years of Post-Soviet Class Conflict (jacobin.com)

Ishchenko dice, con muy buen criterio, que sin entender la naturaleza, la economía y la manera de funcionar de las elites postsoviéticas – que no son “soviéticas” ni “real-socialistas”, sino capitalistas – nunca se entenderá este conflicto. Esa incomprensión es la que explica muchos errores en los diagnósticos sobre la guerra. Dejo de lado los de quienes en Occidente ven en la Rusia actual “una especie de Unión Soviética”, entendiendo por esta no la real, sino una URSS por ellos imaginada nacida de las ilusiones y la desesperación de tantos adversarios del capitalismo, pero sin demasiada relación con las crudas realidades de la Unión Soviética realmente existente. En ese ámbito se reduce la invasión de Ucrania a mera respuesta y se diluye su criminal naturaleza.

Entre los más críticos con Rusia, muchos cargan las tintas en el “imperialismo” de Moscú o en la voluntad de restablecer territorial y políticamente espacios de la antigua Unión Soviética. Otros apuntan a las ideologías nacionalistas o euroasianistas que se habrían instalado en el Kremlin (actuar contra eso explicaría el atentado fallido contra un marginal pensador de la derecha nacionalista rusa que acabó con su joven hija en Moscú), y muchos otros, en fin, mencionan, una y otra vez, el fanatismo o la maldad de Putin, dentro de la habitual narrativa infantil- hollywoodense de amplio consumo (la “lucha entre democracia y autocracia”, en palabras de Biden), particularmente popular entre la mayoría de los periodistas del rebaño atlantista. Nada de todo eso sirve para entender lo que ocurre.

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