Una chaladura suicida

Este mes se cumplen sesenta años de la crisis de los misiles en Cuba. Hoy nos acercamos hacia a algo parecido pero la opinión pública está en la inopia.

Entre el 14 y el 28 de octubre de 1962, el mundo estuvo al borde de su total perdición. Un profundo y extremo sentido de inseguridad, derivado de la presencia de recursos militares de destrucción masiva del adversario nuclear junto a las propias fronteras, generó aquella crisis.

Todo el mundo entendió entonces los peligros de desplegar misiles y avanzar infraestructuras militares junto a las fronteras de la superpotencia nuclear rival. Entonces, los misiles nucleares de la URSS habrían podido golpear territorio de Estados Unidos desde Cuba, mientras los misiles de Estados Unidos emplazados en Turquía podían hacer lo propio. La solución fue dar un paso atrás y de paso inaugurar una línea telefónica directa, el famoso “teléfono rojo”, entre el Kremlin y la Casa Blanca. Hoy Ucrania desempeña el papel de Cuba, pero el mundo está en la inopia.

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Un fracaso militar y un entierro

Desde hace décadas, el desastre ha sido el principal resultado de todas las agresiones militares de las grandes potencias.

El tiempo aclarará el alcance del fracaso militar ruso en la región de Jarkov, escenario de una exitosa contraofensiva ucraniana. El complejo atlantista la presenta como un gran éxito e incluso como posible fin del lento pero mantenido avance ruso. Mucho más discretos se muestran los militares de Estados Unidos directamente responsables del asunto. Por su parte, en algunos medios de la izquierda del Sur global se ignora olímpicamente lo que sugieren los compungidos rostros que han ido apareciendo estos días en la tele rusa. Se dice, por ejemplo que los ucranianos, “han ocupado áreas de las que rusos tenía previsto retirarse”. Todo va bien.

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Luces y sombras de Mijaíl Gorbachov (1931-2022)

El gran ruso universal que minusvaloró al imperialismo

Fallecido esta noche a los 91 años de edad, Mijaíl Gorbachov fue un político extraordinario; honesto, valeroso y humanista. Es el único político que he conocido y tratado personalmente cuya foto tengo enmarcada en mi biblioteca. Si hubiera podido tratar a Mandela, Gandhi, Ho Chi Minh o al Che, y posar junto a ellos, los tendría también, pero no fue el caso. Era un tipo simpático. Con sentido del humor y exento de toda arrogancia. Con las mejores cualidades del hijo de muzhik de Stávropol que era.

Mijaíl Gorbachov con el autor, Moscú, 1991

Gorbachov tendía a ver en los demás el aspecto positivo. Creía en la capacidad de las personas y sociedades en avanzar hacia algo mejor. Sin ese fondo de ingenuidad y optimismo sobre las personas y sobre el mundo, nunca habría podido proponerse metas como acabar con la guerra fría o democratizar el sistema soviético.

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La fragilidad de todas las partes aumenta el peligro de una guerra mayor.

La guerra de Ucrania

Que el conflicto de Ucrania vaya a ser punto de inflexión geopolítico, forma parte del consenso general, pero ¿cómo y para quién? El primer dato que nos ofreció fue el aislamiento de Rusia. Cuando en la Asamblea General de la ONU se votó la resolución condenando a Rusia por la invasión, solo cinco países, incluida Rusia, votaron en contra, 35 se abstuvieron y 135 apoyaron la reprobación. Pero convertir esa condena en acciones parece ser asunto bien diferente: ningún país sudamericano y africano y ningún asiático, con la excepción de Japón y Corea del Sur se sumó a las sanciones occidentales contra Rusia. Ni siquiera países sobre los que Estados Unidos ejerce una gran influencia, como Israel, Colombia, México, Arabia Saudita o Pakistán. Que la guerra económica contra Rusia sea una cuestión estrictamente de la OTAN, a la que se suman Australia, Nueva Zelanda, Corea del Sur y Japón, informa también del aislamiento de lo que habitualmente se presentaba como la “comunidad internacional”.

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Hambre y propaganda de guerra en Ucrania

Para el esperado incremento del hambre en el mundo, las sanciones occidentales contra Rusia son mucho más dañinas que el bloqueo ruso de puertos ucranianos.

Para que el trigo valga dinero: agua, sol…. Y guerra en Sebastopol”, se decía en Castilla. Imagino que el dicho se estrenó a mediados del XIX, tras la guerra de Crimea, y recuerda el gran papel de las ricas llanuras ucranianas y sus tierras negras en la producción de cereal y la dinámica de los precios.

Hoy la guerra de Ucrania y las sanciones de respuesta que la invasión rusa ha recibido de parte de Estados Unidos y la Unión Europea, han creado una situación ejemplar. Hay un peligro de hambre en zonas del sur global sobre el que advierte el Programa Alimentario de la ONU (WFP).

Digo ejemplar por la evidente y conocida relación entre los desastres de la guerra y el hambre (según el WFP, el 60% de los hambrientos viven en zonas afectadas por la guerra y la violencia) que en el caso ucraniano incrementará el colectivo de los que sufren hambre aguda en el mundo en 47 millones. Es decir, el número de hambrientos pasará este año de 276 millones (nivel de preguerra) a 323 millones, según esa fuente. Pero ejemplar también por cómo se utiliza este problema con fines belicistas en un contexto de propaganda de guerra.

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Lo que nos van explicando sobre la guerra

Ucrania no estaba en la OTAN, pero la OTAN estaba en Ucrania desde 2014. Tres meses después de su inicio, comprendemos mejor el cúmulo de irresponsabilidades multilaterales que han desembocado en esta guerra.

Emplazamientos de la OTAN en Ucrania
(amarillo y azul): Instalaciones no oficiales de la OTAN
(solo en azul) Instalaciones oficiales de la OTAN)
-Polígono 242 del ejército regular de Goncharovski, región de Chernigov.
-Polígono 233 del ejército regular del pueblo Málaya Liubasha, región de Rovno
-Centro internacional de mantenimiento de la paz y la seguridad de Yavoriv, región de Lviv.
-Base de la flota británica de Yuzni, región de Odesa.
-Base de mando operativo de la flota de EE.UU de Ochakov, región de Nikolayev.
-Centro de observación y escucha de la isla Zmeiny.
-Centro 235 de preparación, pueblo Mijailovka, región de Nikolayev.
-Polígono 241 del ejército regular de Aleshki, región de Jerson.
-Centro de entrenamiento de tiradores de precisión de Mariupol, región de Donetsk.
-Campamento militar de la OTAN de Shostka, región de Sumy.
-Campamento de la OTAN, Sumy.

Cuando el 24 de febrero Rusia invadió Ucrania desconocíamos muchos detalles de esa criminal y desgraciada aventura. Hoy, cuando los peligros de una escalada militar entre Occidente y Rusia se incrementan con las semanas hasta producir vértigo en un diario belicista de Nueva York, sabemos con certeza que aunque Ucrania no estaba en la OTAN, la OTAN estaba en Ucrania. Desde hace años. Lo que eso significaba y significa en la práctica lo sabemos, no a través de informaciones y propagandas justificatorias rusas, sino por fuentes de Estados Unidos: por declaraciones de sus personalidades e informes de sus medios de comunicación.

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Putin y el giro de Rusia

La ideología neocon rusa afirma que se ha puesto fin a la orientación europeísta-occidental del país, llevada a cabo por el zar Pedro el Grande hace trescientos años. ¿Es seria esa ideología, o es una quimera?

La desastrosa guerra de Ucrania ha puesto en evidencia una nueva Rusia. ¿Cómo pudo llegarse a una aventura tan extrema e insensata? ¿Qué ideología y proyecto nacional la han hecho posible? La ortodoxia mediática responde una y otra vez a esas preguntas, repitiendo “Putin, Putin, Putin…”. La demonización del Presidente ruso pretende explicarlo todo con un pueril y maniqueo guion de Hollywood, pero ¿Qué hay detrás de ese recurso?

¿Cómo se gestó la nueva mentalidad neoconservadora de la élite rusa?, ¿Tiene futuro esta reacción a la “globalización cosmopolita” y a la “decadencia liberal”, reacción que se advierte por doquier, también fuera de Rusia? ¿Y cómo empalma ese particular giro ruso con el traslado de la potencia global desde el espacio euroatlántico al indo-pacífico en el que estamos insertos? ¿Cómo afecta, en definitiva, a la correlación de fuerzas global?

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Hacia una escalada bélica

La debilidad militar rusa en la primera fase de la guerra Ucraniana determina mayor presión militar en la segunda fase e incentiva el general impulso occidental para una gran guerra.

El sitio de Sebastopol (Franz Roubaud)

Asistimos en Ucrania a una repetición de la situación vivida en la “guerra de invierno” de la URSS contra Finlandia, de noviembre de 1939 a marzo de 1940. El fracaso de la “guerra relámpago” que los rusos parecían contemplar como primer escenario de su invasión de Ucrania, está teniendo como claro efecto incentivar el intervencionismo militar occidental en el conflicto.

Precedente finlandés

En lugar del esperado desmoronamiento, la confraternización y masiva deserción del ejército regular ucraniano, de la huida del gobierno hacia Ucrania Occidental ante la proximidad de las tropas rusas en Kíev y de una escasa resistencia en el Este y Sur del país, Moscú se encontró con otro cuadro que le ha obligado a cambiar de plan e incrementar la presión militar.

Como ahora en Ucrania, Moscú buscaba distancia en aquella “guerra de invierno”. Leningrado, actual San Peterburgo,quedaba entonces a unos 40 kilómetros de la frontera finlandesa. Finlandia, como Polonia, había logrado salirse del Imperio Ruso con la quiebra del zarismo y la posición de la antigua capital imperial estaba geográficamente demasiado comprometida y expuesta a una invasión. La guerra buscaba ampliar la zona de seguridad, algo que los dirigentes rusos mencionan ahora referido a Ucrania y que desde hace siglos ha sido uno de los motivos básicos del expansionismo defensivo ruso en un país de enormes espacios sin barreras ni limites geográficos.

También entonces las cosas salieron mal -o “como siempre”, según el dicho ruso popularizado por el ex primer ministro Viktor Chernomyrdin en los noventa- y lo que debía ser una “corta guerra victoriosa” ante un pequeño adversario, se cobró un enorme precio de centenares de miles de bajas rusas. El ataque estuvo pésimamente planeado, sin tener en cuenta el escenario, el clima ni problemas logísticos básicos. Los prisioneros soviéticos se quejaban de falta de material y municiones. Muchos años después, Nikita Jrushov calificó de “peligrosa” aquella derrota de los finlandeses, precisamente porque, “la evidencia de que la URSS era un gigante con los pies de barro, animó a nuestros enemigos”, dijo. Quince meses después de la firma de la paz con Finlandia, Alemania invadía la URSS.

Sangrar al oso

Ahora Estados Unidos, la OTAN y la Unión Europea, que en el inicio de la campaña aseguraron que no intervendrían en ella, se están animando. No solo son los ojos y oídos tecnológicos del ejército ucraniano, lo que permite a éste golpear con precisión, limitar la superioridad aérea del adversario y matar a sus generales, sino que incrementan el suministro de armas con la manifiesta intención se sangrar al oso en la trampa en la que él mismo se ha metido. Curtis Schaefer’s answer to Is it becoming increasing clear that Biden & the USA is instigator behind the Ukraine War and wants to prolong the war by adding fuel to the fire? – Quora

2500 millones de dólares desde el inicio del conflicto, solo por parte de Estados Unidos, que se suman a los envíos previos a la invasión y al intenso entrenamiento de cuadros del ejército y los servicios secretos ucranianos a cargo de la CIA que comenzó en 2015, inmediatamente después del cambio de régimen en Kiev. (CIA-trained Ukrainian paramilitaries may take central role if Russia invades (yahoo.com) )

En Europa el consenso es que “este conflicto se ganará en el campo de batalla», en palabras de Josep Borrell tras anunciar otros 500 millones de euros del Fondo Europeo en Apoyo de la Paz (FEAP) para proveer de más armas a los ucranianos. La OTAN ha puesto 40.000 hombres más en su flanco oriental, establecerá mas bases militares permanentes en Europa Oriental y suministra misiles tierra-aire para abatir aviones rusos y misiles contra naves rusas en el Mar Negro. De Eslovaquia han llegado baterías antimisiles de fabricación rusa S-300, que los rusos dicen haber destruido ya en Dniepropetrovsk (Dnipró). Los más insensatos del club europeo, es decir los polacos, insisten en llevar a cabo una intervención militar terrestre en Ucrania Occidental, aunque sea sin la bandera de la OTAN. Washington no enviará tropas a Ucrania (los cuadros de las SAS británicas y los Delta americanos están allá “desde el principio de la guerra”, dice el corresponsal de Le Figaro, Georges Malbrunot) pero está dispuesto a apoyar a los países de la OTAN si alguno de ellos lo decide, declara la embajadora de Estados Unidos ante la ONU, Linda Thomas-Greenfield.

Presión informativa

En el fomento de esta escalada, el papel del complejo mediático es clave. Los crímenes de la soldadesca que en las guerras de Occidente son considerados excepciones en los contados casos en los que son desvelados, están siendo considerados norma y debidamente amplificados, incluso en los casos en los que no hay evidencia independiente de su verosimilitud. Por desgracia algunos de ellos han sido demostrados y nos retrotraen a escenas ya conocidas como las vividas en la localidad chechena de Shamashkí en abril de 1995.

“Todos los rusos son ahora nuestros enemigos”, “Tanques para la ofensiva” titula el Frankfurter Allgemeine Zeitung, principal diario alemán. “Una intervención militar de la OTAN ya no debe ser tabú”, señala Die Welt. Poco después de un mes de iniciada la invasión rusa, la negociación ha desaparecido por completo del horizonte occidental: “nuestro objetivo es que Rusia no gane esta guerra”, dice el Canciller Olaf Scholz. “Eso es lo que hay detrás de nuestros envíos de armas, de nuestra ayuda financiera y humanitaria, de las sanciones y de la recepción de refugiados”, explica.

El Presidente Biden, que puede tener en el gran indice de desaprobación hacia su persona en su país y en la inflación, que achaca “a los rusos”, un motivo político para la guerra exterior, está sometido a influencias de sentido diverso. Desde el Pentágono y la CIA se le aconseja prudencia, desde el complejo mediático y el Departamento de Estado se le invita a implicarse más. En sus declaraciones Biden ya habla de un conflicto de años por delante “entre democracia y autocracia, libertad y represión” y se le escapa en un discurso la voluntad de cambiar el régimen en Moscú al afirmar que Putin (“criminal de guerra” y autor de “genocidio”) “no puede seguir mandando” allá. Una mayoría de americanos apoyan en las encuestas el establecimiento de una “zona de exclusión aérea” si la guerra persiste, pese a que los militares advierten que eso supone derribar aviones rusos y que los rusos derriben los propios, así como la necesidad de atacar defensas antiaéreas en territorio ruso. En su editorial del 10 de abril, The Observer aboga por la intervención militar directa en Ucrania Occidental, que los polacos desean, suministrar tanques y aviones y destacar fuerzas navales en el Mar Negro que disuadan de cualquier propósito de tomar Odesa. “Los riesgos son obvios pero su única alternativa es una carnicería sin fin. Si Occidente es serio en su propósito de detener la guerra, esas medidas fuertes pueden ser la única vía”.

Preparativos contra China

En Washington el dilema “o contra Rusia o contra China” que tantas divisiones creó en el establishment durante la presidencia de Donald Trump se ha resuelto definitivamente: contra ambas. “La mejor manera de actuar contra China es derrotar a Rusia”, dice un conocido analista local, expresando el nuevo consenso.

En su última reunión de ministros de exteriores, el día 8 en Bruselas, la OTAN señaló claramente los preparativos de guerra contra China que se reflejarán en el anunciado “nuevo concepto estratégico” que debe aprobarse en la cumbre del próximo junio en Madrid. Por primera vez en su historia los ministros de exteriores de Corea del Sur y de Japón participaron en un cónclave de la OTAN de ese nivel en Bruselas, además de los de Australia y Nueva Zelanda. Japón se ha sumado a las sanciones contra Rusia y ha deshecho en cuestión de días todos los avances en la complicada relación bilateral con Rusia trabajosamente logrados bajo el mandato de Shinzo Abe. El Aukus (Australia, Inglaterra y Estados Unidos) ha anunciado el desarrollo de nuevos misiles hipersónicos para el escenario asiático. “Las políticas coercitivas de China a nivel global son un desafío sistémico a la seguridad de la OTAN”, ha dicho su secretario general Jens Stoltenberg.

Los chinos toman buena nota de todo ello. “Estados Unidos siente que la fuerza de sus aliados en el Pacifico occidental no es suficiente y quiere implicar a toda la OTAN en su diseño indo-pacífico”, estima el diario chino Global Times.

Los resultados de la primera fase de la invasión tan ambiguos para Moscú y tan desastrosos para la imagen internacional de Rusia en Occidente, han incrementado la expectativa de un segundo desastre ruso en la “batalla del Donbass” que ahora se anuncia y en la que los rusos esperan rodear y aniquilar en una bolsa al mayor y más combativo cuerpo de ejército ucraniano. Habrá que ver si las armas y recursos occidentales así como el empeño ucraniano, logran torcer de nuevo el propósito.

En Moscú el revés de la primera fase ha generado una mezcla de mal humor, contrariedad y jactancia entre los propagandistas de la guerra que salen por la tele. El inquietante endurecimiento del discurso, contra Ucrania, contra la nación ucraniana y contra los ucranianos en general, es la consecuencia. También la emigración: 100.000 jóvenes rusos, en gran parte especialistas cualificados, abandonaron el país en marzo y se espera que las cifras de abril sean similares.

Podemos preguntarnos hasta dónde llegará esta locura en Rusia, sin perder de vista esa demencia mucho más general que empuja inequívocamente al mundo hacia una gran guerra.

(Publicado en Ctxt)

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