“Trump e Israel también arriesgan mucho con esta locura”

(Una entrevista de Sergi Picazo con el autor para la revista «Critic»)

Trump ya prescinde de la retórica del derecho internacional. La clave para definir las relaciones internacionales es la fuerza. Estados Unidos puede secuestrar o matar a dos líderes de países enemigos: Maduro, en Venezuela, y el ayatolá Jamenei en Irán. ¿Se acabó la legislación internacional? ¿La ONU? ¿Los mínimos de la política internacional?

La pregunta, desde luego, es retórica. La guerra comenzó el sábado con el asesinato del dirigente del país adversario y varios miembros de su familia. Esta guerra comenzó – y es la segunda vez desde junio – en medio de unas negociaciones calificadas de “exitosas” por los mismos personajes (Witkof y Kushner) que están negociando con los rusos el fin del conflicto de Ucrania. ¿Quién puede confiar en tales “negociadores”? “Las garantías y los documentos firmados por este Presidente, no tienen valor alguno”, ha dicho en Moscú el analista Dmitri Trenin sobre Trump. “No se puede mantener negociaciones con este gobierno”, dice desde Nueva York el economista Jefrey Sachs.

La crisis del hegemonismo comporta la de sus instituciones. La ONU fue una buena idea pero reflejaba el mundo de 1945. Hoy el mundo es diferente y diferentes son también las correlaciones de fuerzas que hay en su interior. Entonces los chinos y los indios no contaban nada en el mundo y hoy pesan mucho. Pero curiosamente no son los emergentes los que están derribando las instituciones internacionales y el derecho internacional, sino sus inventores, los gobiernos de aquellos países que diseñaron todas esas instituciones a la medida de sus intereses. Si la ONU era el desigual “parlamento de la humanidad” en el que algunos mandaban más que otros por su derecho de veto, hoy sus inventores se han hecho extraparlamentarios y promueven el bandidismo y el gangsterismo más crudo. Asistimos a la conversión de la ONU en una especie de reedición de aquella impotente “Sociedad de Naciones” disuelta en 1946. Si entonces aquella organización fue incapaz de impedir la invasión italiana de Abisinia, la japonesa de China y el desastre de Ia Segunda Guerra Mundial, la ONU de hoy se muestra igualmente impotente ante el genocidio de Gaza. Su Corte Penal Internacional condena a los criminales, pero son sus magistrados los que están siendo violentados y chantajeados, mientras sus imputados gozan de plena impunidad en Occidente. Por no hablar de la relatora Francesca Albanese, objeto de sanciones y medio refugiada en Túnez… Respecto a la UE, su papel no puede ser más vergonzoso: cooperación militar con el agresor, incluso desde la base de Rota, y condena de la respuesta del agredido por parte de Alemania, Francia e Inglaterra. “Instamos a Irán a que ponga fin de inmediato a estos ataques imprudentes. Tomaremos medidas para proteger nuestros intereses y los de nuestros aliados en la región, tal vez adoptando medidas defensivas proporcionadas para destruir la capacidad de Irán de lanzar misiles y drones”, señalaba el domingo su comunicado.

La situación del nuevo mundo multipolar exige nuevas instituciones, desde luego también en Europa, pero la experiencia histórica sugiere que éstas solo aparecen después grandes desastres.

Has escrito en Ctxt que los asuntos de Venezuela, Irán y Ucrania en realidad son la misma guerra y que “el objetivo es impedir militarmente el ocaso de la hegemonía americano-occidental en el mundo, amenazada principalmente por la pujanza china” ¿Puedes explicarlo?

El dato central es la reacción occidental al ascenso de China. Ese es el hecho que unifica el grueso de la situación y viene de lejos. Hace treinta años se esperaba que la integración en la globalización, entendida como seudónimo del dominio mundial de Estados Unidos y sus satélites, convertiría a China en un miembro subordinado y dependiente del sistema mundial. Esperaban que la integración de las élites chinas en la globalización acabaría dando lugar a una forma de gobierno subalterno más aceptable para Occidente que la del Partido Comunista Chino. Pero un cuarto de siglo después se encontraron con la sorpresa de que, jugando en el terreno de juego por ellos diseñado, China les ganó la partida: se hizo mucho más fuerte, continuó siendo autónoma y soberana, y se proyecta al exterior mediante una estrategia mundial integradora, no militarizada, de redes y jugosos vínculos comerciales que devalúan todo intento de contrarrestarla militarmente.

La amenaza al hegemonismo occidental liderado por Estados Unidos es el gran peligro que ven en Washington, y así lo proclaman y lo han explicado, por activa y por pasiva, un montón de políticos, militares y estrategas de allá. Con la desindustrialización, la deslocalización y la economía de casino que han fomentado en busca del mayor y más rápido beneficio de su capitalismo rentista y de especulación financiera, la única respuesta que tienen a mano es la de la fuerza. Primero, en 2012, inventaron el “pivot to Asia” de Obama, es decir desplegar en Asia Oriental el grueso de su fuerza aeronaval. Después intentaron redefinir las normas de su globalización proclamando nuevos proteccionismos y aranceles, donde Trump ha destacado. La escena que mejor ilustra la situación es la del tahúr que al ver que está perdiendo la partida le da una patada a la mesa de juego y desenfunda la pistola.

Uno de sus fallos garrafales fue ignorar y maltratar los intereses rusos en Europa durante treinta años. Desoyendo las advertencias de gente como Kissinger o Kennan contra la ampliación de la OTAN, estimularon la estrecha integración euroasiática entre Rusia y China, algo que ni Moscú ni Pekín buscaban inicialmente. Luego, cuando tras múltiples advertencias Rusia reaccionó militarmente al intento de echarla definitivamente del Mar Negro, anexionándose Crimea, continuaron con una escalada militar en Ucrania inyectando recursos militares al nuevo régimen proccidental de Kíev y apoyando su “operación antiterrorista” contra las regiones rusófilas del Este del país. La supuesta participación “mediadora” de Francia y Alemania en las conversaciones de Minsk fue una mascarada para “ganar tiempo y preparar a Ucrania” para la guerra, según han admitido la ex canciller alemana Angela Merkel y el ex presidente francés François Hollande y ha corroborado el ex presidente ucraniano Petró Poroshenko. Los dos últimos años anteriores a la invasión rusa, las señales emitidas contra Rusia fueron claras. En 2019 un extenso documento de la RAND Corporation, el principal think tank del Pentágono, titulado “Overextending and Unbalancing Russia” (“Sobrepasar su capacidad y desestabilizar a Rusia”. Consultable en: https://www.rand. org/pubs/research_briefs/RB10014.html ), proponía un detallado catálogo para estresar a Moscú cuyo primer y principal escenario era el de “suministrar una ayuda letal a Ucrania”, cosa que se venía haciendo desde 2014. Una vez lograda la invasión rusa, se movilizaron para impedir cualquier acuerdo entre Rusia y Ucrania en las negociaciones que comenzaron enseguida después de la invasión, primero en Minsk y luego en Estambul. Cuando se dieron cuenta de que se complicaba el objetivo proclamado de infligir una “derrota estratégica” a Rusia por medio de las sanciones y la ayuda militar y financiera a Ucrania, optaron por separar los frentes.

En noviembre de 2023 el vicesecretario de Estado para Europa y Eurasia en la primera administración Trump, Aaron Wess Mitchell, dijo que Estados Unidos podría perder una guerra si tuviese que actuar en tres frentes simultáneamente, porque en tal caso, “Estados Unidos tendría que ser fuerte en cada uno de los tres escenarios bélicos, mientras que sus tres adversarios, China, Rusia e Irán, solo tienen que ser fuertes en su propia región para alcanzar sus objetivos”. Así que optaron por transferir parcialmente el marrón de Ucrania a los europeos, concentrarse en Irán, el más débil de los tres, y continuar preparándose para lidiar con China más tarde. Por eso escribí que en Ucrania se trata de debilitar a Rusia, fundamental socio de China. En Venezuela se trata de privar a China del acceso a importantes reservas energéticas y recursos latinoamericanos. Irán es el eslabón fundamental de la integración euroasiática, con sus corredores energéticos y de transporte este/oeste y norte/sur.

El gobierno de Irán quiere, realmente, tener armas nucleares? ¿El tema nuclear es un paripé? ¿Hay algo que negociar realmente entre Estados Unidos e Irán?

A principios de los noventa el embajador de Estados Unidos en Arabia Saudi ya advertía que Irán “está a pocas semanas de hacerse con la bomba”. Si se hubieran hecho con ella, los ayatolas nunca habrían sido atacados, pero los dirigentes iraníes han demostrado tener mas escrúpulos en esto que los norcoreanos que tras el fin de la guerra fría y la desaparición de la cobertura brindada por el paraguas nuclear soviético, comprendieron enseguida que hacerse con la bomba era su única póliza de seguros contra un ataque de Estados Unidos.

Recordemos que en 2015 ya se alcanzó un acuerdo con Irán, el Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA, por sus siglas en inglés) por el que Teherán accedía a limitar su enriquecimiento de uranio a cambio del levantamiento de las sanciones y de las inspecciones del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) de sus instalaciones. Entonces yo me encontraba en París y Bernard Hourcade, uno de los principales especialistas franceses en Irán estaba entusiasmado por las perspectivas económicas y comerciales que aquel acuerdo abría, sobre todo para Europa. “Treinta y siete años después de la caída del Sha, la República Islámica ha sido reconocida como un actor de pleno derecho de la vida económica y política del mundo”, decía. Esperaba una inmediata apertura del régimen y aseguraba que “se abre una nueva página en la historia iraní”. Todo quedó en nada: Trump retiró del acuerdo a Estados Unidos, los europeos no hicieron nada y las inspecciones de la OIEA sirvieron para afinar los objetivos de las bombas israelís contra las instalaciones y los domicilios privados de los responsables del programa nuclear, algunos de ellos asesinados con sus familias en junio. Como ahora, aquel ataque se produjo en medio de una negociación. Lo decisivo no es la bomba sino el viejo plan de 2002 desvelado por el General Wesley Clark en el que se decía, “vamos a deshacernos de siete países en cinco años, empezando con Irak, luego Siria, Líbano, Libia, Somalia, Sudán y acabando con Irán” https://www.youtube.com/watch?v=fAnNJW9_KYA ) . Lo han cumplido todo. Llevan más de cuatro millones de muertos y 40 millones de desplazados. Solo les falta Irán. Quieren crear en ese país un agujero negro.

¿Qué intereses tienen Estados Unidos e Israel para atacar a Irán? ¿No es por recursos naturales, sino por intereses geoestratégicos?

Para Israel se trata de acabar con el único país de Oriente Medio capaz de impedir el loco proyecto colonial “sin fronteras” del Gran Israel, del Nilo al Éufrates. Como ha dicho el embajador americano en Israel, Mike Huckabee, Israel goza de un “derecho bíblico” a expandirse por toda la región. E Israel, como se sabe, tiene una gran influencia en la política de Estados Unidos. De los intereses, digamos, geopolíticos, de Estados Unidos ya hemos hablado, pero hay también un interés político interno de ese Nerón narcisista que preside actualmente el régimen de Washington y su administración de aficionados. Trump prometió no meter a Estados Unidos en nuevas guerras y se está divorciando de su base social popular. En noviembre tiene unas elecciones de medio mandato en las que se prevé que perderá mucho apoyo. Si consiguiera tumbar al régimen iraní acudiría a esas elecciones desde una posición de fuerza. Pero si las cosas le van mal, esta guerra impopular, inconstitucional, sin acuerdo del Congreso y desaconsejada por sus agencias de inteligencia, se le podría derrumbar encima. Trump e Israel arriesgan mucho en esta locura.

¿Esta guerra es una prueba más del supuesto fin del poder de Estados Unidos? No se entiende que sea así cuando Estados Unidos ataca y tiene un poder militar indiscutible, ¿ no?

Nadie discute que tengan el poder militar más fuerte del mundo, pero la loca y criminal utilización de ese poder, ¿es una verdadera muestra de fortaleza? Yo creo que lo que están demostrando ante los ojos de todo el mundo de forma indiscutible, particularmente desde la serie bélica que arranca del 11/S de 2001 de Nueva York, que va de Irak a Irán, pasando por Afganistán, Libia, Siria, Yemen, Somalia, Ucrania y Gaza, es que son el principal peligro para la paz mundial.

¿Estados Unidos se atreverá a entrar en Irán, un país de 90 millones de habitantes y con uno de los ejércitos más poderosos del mundo musulmán, con tropas y soldados sobre el terreno, como hicieron en Irak? O solo bombardeará desde aviones y portaaviones? ¿Será una guerra corta?

No creo que se arriesguen a entrar con tropas allí. Pesa mucho el precedente de Irak, sin contar conque Irán es mucho más que Irak. En la guerra de los doce días de junio se agotaron las existencias de los arsenales de recursos antimisiles de Estados Unidos e Israel. Dicho sea de paso, esta guerra es muy mala noticia para los militares ucranianos que van a ver aún más mermado su suministro de recursos de defensa antimisiles ante los ataques rusos. La fabricación americana de esos recursos es limitada y no parece que puedan sostener una campaña intensa de ataques y contraataques de más de cuatro o cinco semanas, pero mucho dependerá de la capacidad de respuesta iraní para agotar esos arsenales.

¿Cuál es la capacidad defensiva de Irán ahora?

Es la gran cuestión militar. En junio lanzaron primero la morralla, drones y misiles obsoletos para desgastar la capacidad de intercepción israelí y localizar los emplazamientos de sus defensas, y luego lanzaron misiles hipersónicos más sofisticados que hicieron mucho daño. Habrá que ver cuantos les quedan ahora. Ahora hay muchos más objetivos, las bases americanas del Golfo y eventualmente, si les alcanza, la flota desplegada en el Mediterráneo. Irán ya ha atacado instalaciones americanas en cinco países del Golfo. El asesinato del Ayatolá Jamenei no es solo un asunto nacional iraní. Hay muchos chiitas en Irak, Pakistán, Arabia Saudí, Bahrein y Líbano, entre otros. Hay un riesgo de guerra regional muy serio en el que también los iniciadores pueden salir escaldados.

¿Cómo afecta el ataque a Irán, o un cambio de régimen o el bloqueo de Ormuz, a China y la Ruta de la Seda? El asunto chino es fundamental aquí o solo un efecto colateral?

Es fundamental porque Irán es un gran socio energético de China y porque sin Irán se cortan importantes circuitos de la Ruta de la Seda. No por casualidad insisto en la unidad de todos estos conflictos. Desconocemos el nivel de la implicación militar de China con Irán. ¿Han recibido los iranís baterías anti misiles de Pekín como se ha dicho? No me parece probable que China se implique militarmente, por otro lado dejar pasar un ataque militar contra ella tan claro sin hacer nada tampoco parece realista… Respecto a Rusia, me parece que no ha hecho gran cosa en favor de Irán. Están muy centrados en el fregado ucraniano y sus ambiguas conversaciones con el equipo de Trump y no creo que pasen de las declaraciones y condenas diplomáticas. Mi impresión es que Irán está bastante solo, lo que es contradictorio con la unidad de conflictos que apunto.

Hablemos sobre política interna en Irán. La izquierda tiene dudas en este asunto porque, por un lado, ve que se produce un ataque/golpe de Estado/asesinato del neoimperalismo Estados Unidos, pero por otro, también saben que el régimen de los ayatolás masacró a la izquierda comunista en Irán, ataca los derechos humanos básicos y reprime a las mujeres. Qué hacer o qué pensar ante este dilema?

Me parece que el país y su régimen no están siendo atacados por “haber masacrado a la izquierda”, ni por “atacar los derechos humanos” o “reprimir a las mujeres” que son mucho más libres en Irán que en cualquier monarquía del Golfo. A los que ven un “dilema” en este ataque, solo puedo decirles una cosa: los reyes son los padres.

¿Caerá la República Islámica? Dice Nazanin Armanian que “la república islámica ya ha terminado” después de las protestas sociales y de la burguesía iraní, y de los ataques militares?

Desconozco la situación interna de Irán ni soy un experto en las cosas de ese país, pero como dice Nazanín la fragilidad del régimen es evidente y mayor que nunca. Supongo que todo es posible. Dice Trita Parsi, un experto del Quincy Institute de Washington, que los iraníes “se han visto atrapados entre una teocracia represiva y actores externos cuyas políticas se diseñaron deliberadamente para crear desánimo. La ironía es evidente: las mismas voces que ayudaron a cerrar las vías para el desmantelamiento pacífico de la teocracia se presentan ahora como salvadores, ofreciendo la intervención militar extranjera como el único camino hacia la liberación, una oferta que no habría encontrado compradores si la población no se hubiera visto abocada a la desesperación en primer lugar”. Me parece un buen diagnóstico, que puede consultarse aquí: La desesperación de Irán es culpa de la política estadounidense – Rafael Poch de Feliu

(Publicado en Critic)