En los últimos cuatro años hemos asistido a tres grandes errores de cálculo del hegemonismo occidental liderado por Estados Unidos. El primero fue el de Rusia. Se creía que provocando la invasión de Ucrania, Moscú sufriría una “derrota estratégica” y una debacle económica como resultado de las sanciones y de un aislamiento internacional que se daba como seguro. Nada de eso ha ocurrido. El segundo fue con China. Creían que las barreras y sanciones comerciales y tecnológicas doblegarían a Pekín. Tampoco eso ha ocurrido. China ya es una gran potencia tecnológica que, por ejemplo, produce sus propios microprocesadores. Bastó con que Pekín amenazara con responder cortando toda su exportación de tierras raras, los minerales esenciales para alta tecnología, defensa y energías renovables que dispone casi en solitario, para anular todo aquello. El tercer error de cálculo lo estamos viendo ahora con Irán.

Creían que la decapitación de su liderazgo político y el bombardeo general desencadenaría una revuelta y que esta propiciaría el cambio de régimen. Resultó que Irán resistió y aplicó un plan de guerra asimétrica perfectamente conocido desde hace años: misiles y drones fabricados y lanzados desde instalaciones subterráneas contra Israel y las bases americanas de Oriente Medio, mas cierre del estrecho de Ormuz. La consecuencia es que Irán necesita no perder en esa guerra asimétrica para ganar la guerra, mientras que Estados Unidos e Israel necesitan una victoria total. Si la reserva iraní de misiles y drones es superior a la reserva de interceptores de Estados Unidos e Israel, esta verbena estaría sentenciada…
Tres errores de cálculo tan monumentales y manifiestos en tan poco tiempo, obligan a preguntarse por las causas. Me parece que la principal es de índole general: Ignorando que el mundo ya es multipolar, es decir que cuenta con diversos polos de poder que interactúan, Occidente continua comportándose como si su hegemonismo siguiera siendo viable. Esa falta de visión tiene que ver a su vez con la soberbia de quien está acostumbrado a dictar su voluntad en el mundo y encuentra grandes dificultades en cambiar y adaptarse a la nueva realidad.
También tiene que ver con la decadencia de los procedimientos de toma de decisiones y cierto colapso institucional. Por ejemplo, ahora, el 12 de marzo, la Asamblea Popular Nacional de China acaba de aprobar su XV plan quinquenal para el periodo 2026/2030. Uno puede sonreír al contemplar la ordenada geometría aprobatoria de la Asamblea – el documento final fue aprobado por 2.758 votos a favor, uno en contra y dos abstenciones – siempre que se olvide que detrás de ese plan ha habido un ingente trabajo de institutos y expertos, y controversias entre diferentes corrientes de pensamiento sobre cada uno de sus aspectos. ¿Cómo se toman las decisiones hoy en el soberbio Imperio que va a menos? Si hay que creer lo que se filtra, la administración del Nerón narcisista sospechoso de pedofilia que manda en Washington ignora manifiestamente los dictámenes y consejos de sus agencias de seguridad y de toda la burocracia militar que solía avalar sus fechorías. El Secretario de Guerra, Peter Hegseth, por ejemplo, no solo es un criminal como sus predecesores en el cargo sino que además es un chulo de piscina que antes había sido presentador y comentarista del canal de telebasura Fox. Su colega Marco Rubio unifica en su persona el ministerio de exteriores (secretario de Estado) y la consejería de seguridad nacional, dos burocracias enormes, además de la administración de la agencia de ayuda (al golpe de estado) USAID. Ni uno ni otro pueden decidir gran cosa contra la infalible voluntad del desequilibrado Nerón, cuya principal virtud es concentrar todos los rasgos del típico hombre de negocios/gangster estadounidense de acuerdo con la conocida máxima de Mark Twain: “Pertenecemos a la raza anglosajona, y cuando el anglosajón quiere algo simplemente lo toma”.
Tanto en Washington como en Bruselas no hay estrategia, sino más bien un cuadro de decadencia tardo-romana a cargo de toda una serie de políticos desprestigiados e incompetentes, obsesionados con la “imagen” y la “comunicación”, y rodeados de un complejo mediático y pseudoacadémico estructuralmente corrupto y servil, lo que justifica con creces la nostalgia hacia sus predecesores de los años sesenta, setenta y ochenta. ¿Qué plan quinquenal se puede esperar de esta tropa?
La decadencia institucional puede verse también en la incapacidad de las Naciones Unidas por detener la loca carrera de Israel y de Estados Unidos, incapacidad para poner fin al genocidio de Gaza, condenar la guerra contra Irán y denunciar el peligro de una recesión económica mundial que contiene. El 11 de marzo el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó una resolución, la 2817 /2026, que “condena en los términos más enérgicos” los “atroces ataques” de Irán contra los siete países del Golfo Pérsico que albergan bases militares e instalaciones de Estados Unidos. La resolución ignoró olímpicamente que los ataques eran respuesta al hecho de que desde esos países se bombardea Irán y se asesina a sus máximos dirigentes. La resolución ni mencionó ni condenó la agresión contra Irán y fue aprobada por trece votos a favor y cero en contra. Rusia y China vergonzosamente se abstuvieron.
“Probablemente”, dice el economista Michael Hudson, “el resultado de todo esto será o bien reestructurar la ONU, o crear una organización completamente nueva que no contará con el poder de veto de EE.UU, ni estará bajo el control de EE.UU, y tendrá su propia financiación y presupuesto, y probablemente deberá mudarse fuera de Nueva York, ya que, como ha dicho el secretario general Gutiérres, la ONU está en bancarrota y tendrá que abandonar Nueva York en agosto”. Veremos, pero de momento la guerra está demostrandourbi et orbe que el Imperio de Estados Unidos y sus perritos falderos europeos son el principal factor mundial de caos. Países como Japón y Corea del sur, y hasta las mismas monarquías del Golfo pueden constatar ahora mismo que mientras el Imperio no se vaya de la principal región energética del mundo, el peligro de una gran recesión está servido. A los gobernantes de esos países les puede dar igual la masacre de poblaciones y la destrucción de sociedades enteras, pero en buena lógica la contracción de sus economías y la ruina de sus castillos de naipes financieros, les debería espabilar.
Y sobre la “operación terrestre” que el improvisador e iluminado Nerón podría estar barajando, un despacho de la CIA, datado el 11 de agosto de 2008 en Arabia Saudí y divulgado por Wikileaks, resulta revelador. Dice lo siguiente: “la planta de desalinización El-Dyubail suministra a Riad (capital de Arabia Saudí, población 7 millones, 20% de la población total del país) el 90% de su agua potable. Si esa planta, sus conductos y las infraestructuras energéticas a ella asociadas resultaran seriamente dañadas o destruidas, Riad debería ser evacuada en el plazo de una semana”.
(Publicado en CTXT)
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