Paciencia (o debilidad) rusa, implicación europea

El centro de mando del operativo americano contra Irán está en Ramstein (Alemania). Los bombarderos de Estados Unidos despegan para sus misiones de Fairford (Inglaterra). Las operaciones de reabastecimiento tienen base en Aviano (Italia) y Le Tubé (Francia). La base de Lajes, en Azores (Portugal), es etapa importante de la logística militar transatlántica y los aviones espía operan desde la base cretense de Souda (Grecia) y Akrotiri (Chipre), desde donde ya se colaboraba de la forma más activa en la masacre de Gaza

Últimamente se recrudecen los ataques ucranianos a Rusia. Entre el 9 y el 15 de marzo seis regiones del país, incluidas las de Moscú y Leningrado, así como la Rusia meridional, la ribera del Volga, Cáucaso del norte y la región noroccidental, fueron atacadas con drones. En marzo Ucrania ha atacado las tres principales infraestructuras exportadoras de crudo ruso, los puertos de: Novorosisk en el Mar Negro, y Primorsk y Ust-Luga en el Báltico. Estos ataques han mermado alrededor del 40% la capacidad exportadora rusa de petróleo, según una estimación de la agencia Reuters, que no ofrece una estimación sobre la duración de tal merma. Se suceden también los ataques a buques mercantes rusos, o buques extranjeros que transportan materias primas rusas. Desde el 8 de enero se contabilizan nueve casos conocidos de ataques con drones, detenciones o inspecciones de esos barcos, todas ellas ilegales y consideradas actos de piratería.

Los medios de comunicación europeos informan muy poco sobre víctimas civiles rusas en estos ataques, por lo menos en comparación con los efectos de los ataques rusos a instalaciones ucranianas, pero en Rusia el flujo informativo a este respecto es extenso y diario. En la última semana de marzo se han contabilizado 133 civiles muertos en Rusia en ataques ucranianos, según informes oficiales rusos. Es opinión común entre los analistas y comentaristas rusos que todos esos ataques se están realizando con la complicidad y a veces en estrecha colaboración con las agencias de seguridad y los militares europeos, especialmente ingleses. Los aviones y drones espía americanos y británicos sobrevuelan rutinariamente el Mar Negro, el Báltico y los alrededores de la Rusia del Norte ofreciendo toda la información a tiempo real a Ucrania para seleccionar y golpear objetivos en Rusia.

En Moscú hay un murmullo de descontento porque el Kremlin no responde a estos ataques. Habría que derribar esos drones y esos aviones, se propone. Habría que ayudar a Irán activamente y responder a los occidentales con la misma moneda, se dice. En algunos programas de televisión, sin citar el nombre del Presidente, se ha reprochado directamente a la máxima autoridad por pusilánime. La falta de respuesta da una imagen de debilidad y anima a los enemigos del país a continuar e incrementar los ataques, se dice.

Europa está plenamente implicada en todo esto. “El mes pasado suministramos a Ucrania 3500 drones, 18.000 proyectiles de artillería y tres millones de cartuchos”, declaraba el 16 de marzo a The Guardian el ministro de defensa inglés, John Healey. Suecos, franceses, británicos y bálticos participan en el acoso y marcaje de los barcos cargueros. Los militares ingleses acaban de ser autorizados a abordar buques rusos. Hay contratos en marcha para producir armas ucranianas en naciones europeas, entre ellas España. Los drones contra puertos rusos en el Báltico han sobrevolado en su ruta espacio aéreo de la OTAN, Letonia y Estonia, vigilado por ejércitos europeos, incluido el español. Al mismo tiempo hay conexiones manifiestas entre el frente ucraniano y el de la guerra contra Irán.

El centro de mando del operativo americano contra Irán está en Ramstein (Alemania). Los bombarderos de Estados Unidos despegan para sus misiones de Fairford (Inglaterra). Las operaciones de reabastecimiento tienen base en Aviano (Italia) y Le Tubé (Francia). La base de Lajes, en Azores (Portugal), es etapa importante de la logística militar transatlántica y los aviones espía operan desde la base cretense de Souda (Grecia) y Akrotiri (Chipre), desde donde ya se colaboraba de la forma más activa en la masacre de Gaza. El primer ministro británico Keir Starmer dice que la acción de los bombarderos que parten de su territorio es “defensiva”, el canciller alemán Fridrich Merz dice que no tiene más remedio que permitir las operaciones americanas en suelo alemán a causa de los acuerdos suscritos con Washington, pero que esa no es su guerra y el ministro de defensa francés afirma que “un avión de reabastecimiento es una gasolinera, no un avión de combate”. De todo esto se habla diariamente en los medios rusos.

Irán suministró en su día drones a Rusia, que al parecer ésta ha perfeccionado y sofisticado, y ahora Rusia está devolviendo el favor con un flujo de suministros a través del Mar Caspio. El 18 de marzo Israel atacó las infraestructuras de ese flujo en la ciudad portuaria iraní de Bandar Anzali, en la costa meridional del Caspio. El informe israelí mencionó que “se destruyeron decenas de buques», así como “el puesto de mando central de la Armada iraní y las infraestructuras utilizadas para la reparación y el mantenimiento de buques militares”. Moscú desmintió los informes de que en el ataque también habían sido destruidos barcos de transporte rusos y el portavoz del Kremlin Dmitri Pskov declaró que la ampliación del conflicto al mar Caspio sería “extremadamente negativo”. Por su parte, la portavoz de exteriores rusa, María Zajárova amenazó con “medidas políticas y diplomáticas” por los ataques e inspecciones de buques rusos o que transporten mercancías rusas…

Todo esto sabe a muy poco a los críticos con la pusilanimidad de Putin, que mantiene relaciones fluidas con Netanyahu, con quien ha hablado por teléfono regularmente en los últimos meses. El Kremlin mantiene el más que ambiguo juego negociador de Trump, marginando al Ministerio de Exteriores en la operación. De momento ese marco no ha cosechado ningún resultado, por lo que crece la irritación acerca de todo ello. Muchos se preguntan qué debería todavía ocurrir para que el Kremlin adopte medidas militares parejas a las que está sufriendo, contra países europeos, y muy especialmente contra Inglaterra.

No está claro si tras esta falta de respuesta del Kremlin hay un calculo prudente y astuto de que de todas formas el tiempo trabaja a su favor, o si se trata de una expresión de pura debilidad rusa.

(Publicado en Ctxt)

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