Seis presos políticos que atacaron fábricas que suministran armas para el genocidio de Israel llevan semanas en huelga de hambre. Pero, a diferencia de la huelga de hambre del IRA en la década de 1980, esta está siendo ignorada por los medios de comunicación.
Europa lleva meses alarmada por los avistamientos de drones en aeropuertos, puertos e instalaciones militares. Esto ha provocado inquietud, cierres temporales y especulaciones sobre la implicación de Rusia. Sin embargo, un análisis de más de sesenta incidentes realizado por el diario holandés Trouw y la revista Dronewatch ofrece una imagen diferente. En la mayoría de los casos, nunca se ha confirmado que hubiera drones volando y casi no hay pruebas de que haya habido intervención extranjera.
“He dicho cien veces que no vamos a entrar en guerra con Europa, pero si Europa lo hace, estamos preparados”, dice Putin.
El lunes el presidente del comité militar de la OTAN, Almirante Giuseppe Cavo Dragone, declaró al Financial Times que la OTAN estudia actuar de forma “mas agresiva” contra Rusia. Un “ataque preventivo” contra Moscú “podría considerarse una acción defensiva”, dijo. Pocos días antes dos cargueros con destino a Rusia, el “Kairós” y el “Veirat”, fueron atacados con drones marítimos ucranianos en aguas turcas del Mar Negro y un tercero, el “Mersin”, sufrió otro ataque frente a las costas de Senegal. Según el influyente y bien informado diputado ruso Konstantin Zatulin, los ataques a barcos con carga rusa, de los que ha habido más de una docena en los últimos meses en diversos lugares del mundo, los planifican militares británicos destacados en el “Centro de operaciones marítimas 73” de la ciudad ribereña ucraniana de Ochákovo. Zatulin dice que las operaciones las dirige un almirante británico y que en el lugar hay fuerzas especiales inglesas.
Todos los primeros ministros de Israel a lo largo de su historia excepto uno, tienen raíces rusas.
Rusia es un país con una gran tradición de antisemitismo que la revolución de Octubre cortó radicalmente en 1917 y que la restauración termidoriana estalinista restableció desde finales de los años treinta. Entre los años cuarenta y los ochenta del siglo XX el latente antisemitismo oficial complicó bastante, cuando no imposibilitó, que los judíos accedieran a las mejores universidades e institutos del país y aún menos que ocuparan cargos importantes en el partido, el ejército, o en las altas esferas de la economía. Con Putin mucho de todo esto se ha roto, pese a la mayor influencia que la Iglesia Ortodoxa Rusa ejerce hoy en comparación con el pasado soviético.
Una de las anomalías de la Rusia actual es que nunca en los últimos setenta años se había tratado tan bien a los judíos, ni había sido tan bajo el antisemitismo oficial.
Después de la guerra, el Holocausto se jugó siempre a la baja en la URSS. Con tres millones de judíos soviéticos muertos entre la invasión alemana de 1941 y la victoria de 1945, entre el total de 27 millones de muertos del país, los dirigentes optaron por presentar un sufrimiento sin distinción de etnias. Eso ha sido finalmente normalizado.
En 2005 Putin fue el primer líder ruso en acudir a Auschwitz con motivo del aniversario de la liberación, por el ejército soviético, de aquel campo de exterminio; en expresar su pesar por la gran emigración de judíos soviéticos experimentada tras la disolución de la URSS y en hacer pública su esperanza de que regresen en el futuro. También ha sido el primero y único en felicitar a los judíos rusos por el año nuevo hebreo y la Hanukkah y en enviar un mensaje presidencial al Congreso de judíos rusoparlantes.
En este contexto de relativa normalización oficial un personaje como el politólogo Dmitri Simes dirige hoy uno de los programas de análisis y debate político más importantes del primer canal de la televisión rusa. Simes es un ex ciudadano soviético hijo de abogados judíos defensores de disidentes, que en 1973, a los 25 años de edad, emigró a Estados Unidos como judío, fue asesor de Richard Nixon, editor de la revista The National Interest y se codeó con las primeras figuras del establishment de Washington, donde se movía como pez en el agua. En 2018, Simes volvió a Rusia, recuperó la nacionalidad rusa en 2022, y se ha convertido en uno de los principales comunicadores del país. Su programa “Bolshaya Igrá” (“El gran juego”) sigue al detalle el pulso mundial, con especial atención hacia las interioridades de la política americana, invitando a conocidos personajes y analistas de Estados Unidos, economistas, embajadores, ex agentes de la CIA, además de expertos rusos. El resultado es que, contra lo que se suele pensar en Occidente -donde se tiende a confundir la Rusia de Putin con una especie de Corea del Norte- el público ruso interesado está mejor informado sobre la guerra de Ucrania, las relaciones internacionales y las tensiones entre potencias, que su correspondiente europeo o americano.
En temas de Oriente Medio, Simes refleja en su programa el sutil equilibrio que Moscú práctica entre la crítica y censura de la bárbara masacre israelí, y el cuidado y la atención que se dedica a Israel, con sus dos millones de ciudadanos ex soviéticos entre sus nueve millones de habitantes. Aunque en Rusia aún no se han editado las obras de los historiadores israelís críticos con el sionismo, como Ilan Pappe, Idith Zertal o Avi Shlam, que han desmontado el discurso oficial israelí sobre la historia del país y tanto han influido en la academia occidental, por el estudio de Simes desfilan expertos iranís, árabes, analistas rusos sutilmente proisraelís, ilustres arabistas claramente antisionistas y abiertos defensores israelís de la política de Israel. Entre estos últimos destaca el político y diplomático israelí Yakov Kedmi.
Kedmi, cuyo apellido original era Kazakov, nació en Moscú en 1947 y emigró a Israel en 1969. Con los años llegó a dirigir el “Nativ”, un servicio secreto adjunto al primer ministro centrado en la política hacia la importante emigración de judíos soviéticos a Israel. Kedmi suele intervenir en el programa de Simes por videoconferencia desde su vivienda en Tel Aviv y lo que llama la atención es el busto que tiene colocado en su biblioteca. No es el de Ben Gurion, ni el de Theodor Herzl, ni el de cualquier otro padre de la patria del estado de Israel, sino el de Felix Dzerzhinsky, fundador de la Cheka, primera policía secreta bolchevique instrumento del terror rojo de defensa de la Revolución Rusa. Explico todo esto para llamar la atención sobre la actualidad de lo que expondré a continuación y que podríamos denominar las raíces rusas del terrorismo colonial israelí.
Sobre un artículo editorial del Frankfurter Allgemeine Zeitung
Autor: Andreas Wehr
En los últimos años, se ha anunciado la muerte de la UE en repetidas ocasiones. Tras el fracaso de la Constitución Europea en 2005 en los referéndums celebrados en Francia y los Países Bajos, muchos creyeron que eso había sido el final. Sin embargo, bajo el liderazgo alemán, el texto constitucional se impuso finalmente como Tratado de Lisboa mediante un truco. Muchos se dieron cuenta del juego y perdieron su confianza en la «unión cada vez más estrecha», según su propia descripción. En 2008 se produjo la crisis financiera, que supuso una prueba de resistencia para la zona del euro. Se logró evitar su desintegración, pero el precio fue muy alto. La población de Grecia se empobreció y las economías de España y Portugal perdieron definitivamente el contacto con Europa Central. Desde entonces, cada vez más jóvenes con buena formación se trasladan al norte. Vuelve la antigua migración de trabajadores extranjeros. En 2016 se produjo la conmoción del Brexit. Con Gran Bretaña, el segundo país más importante abandonó la Unión y dejó atrás a una UE desconcertada.
A pesar de todos estos reveses, se siguió adelante, se mantuvo el optimismo y se forjaron nuevos planes. Se invocó la necesidad de formar por fin una unión política a partir de la unión económica y monetaria. Se publicaron libros en los que se describía el «sueño europeo». [1]
En Alemania, el Frankfurter Allgemeine Zeitung (FAZ) siempre fue una de las voces optimistas e impulsoras. Ahora parece que eso ha terminado.
Trump es la versión gringa de los dictadores brutales y corruptos que los oligarcas y los imperialistas yanquis impusieron a los países latinoamericanos.
Uno de los actuales misterios de la guerra de Ucrania es el de cómo se sostiene su ejército, cómo es que aún no se ha desmoronado. Desde luego, la ayuda occidental es decisiva, pero teniendo en cuenta los enormes niveles de deserción que se registran y el generalizado escaqueo de la llamada a filas, hay que preguntarse cuanto tiempo podrá mantenerse en condiciones de una moral de combate cada vez más baja por acumulación de reveses y de un cambio muy significativo en la opinión pública. En dos años, los partidarios de un final negociado de la guerra han pasado del 27% al 69%, mientras que los partidarios de resistir “hasta la victoria” han disminuido del 63% al actual 24%.
Seis millones de hombres ucranianos han eludido el servicio militar por la vía de no actualizar sus datos de registro en 2024. Eso supone más de la mitad de los aproximadamente diez millones de hombres en edad militar. Oficialmente se han contabilizado 110.000 casos de deserción en la primera mitad de 2025 (en 2024 se abrieron 89.000 casos penales por ese motivo), lo que refleja un claro incremento del fenómeno. En enero fue noticia que una brigada entera de 1700 hombres formada en Francia, la 155 mecanizada, rimbombantemente bautizada como “Anna de Kíev” por la reina de Francia y esposa de Enrique I Ana Yaroslavna (S.XI), se volatizó con muchos de sus miembros huidos en Francia.
El ministro de Asuntos Exteriores ruso, Lavrov, ha ofrecido nuevas garantías de seguridad integrales a la UE y a los miembros europeos de la OTAN. Alemania las rechaza sin considerarlas.
Un analista ruso sobre los vaivenes del Presidente de Estados Unidos: el diálogo del Kremlin con Trump puede ser útil, pero no sustituirá a la presión militar.
Autor: Dmitri Trenin (*)
Durante el último año, los comentaristas rusos se han convertido en gran medida en «trumpólogos». Cualquier declaración del presidente de los Estados Unidos, y a menudo hay varias al día, se convierte en objeto de la más atenta atención y de un activo debate. Dado que las declaraciones de Trump a menudo contradicen a las anteriores, seguir el hilo de sus pensamientos resulta una actividad apasionante, una especie de montaña rusa virtual. Es emocionante.