El centro de mando del operativo americano contra Irán está en Ramstein (Alemania). Los bombarderos de Estados Unidos despegan para sus misiones de Fairford (Inglaterra). Las operaciones de reabastecimiento tienen base en Aviano (Italia) y Le Tubé (Francia). La base de Lajes, en Azores (Portugal), es etapa importante de la logística militar transatlántica y los aviones espía operan desde la base cretense de Souda (Grecia) y Akrotiri (Chipre), desde donde ya se colaboraba de la forma más activa en la masacre de Gaza
(Una entrevista de Sergi Picazo con el autor para la revista «Critic»)
Trump ya prescinde de la retórica del derecho internacional. La clave para definir las relaciones internacionales es la fuerza. Estados Unidos puede secuestrar o matar a dos líderes de países enemigos: Maduro, en Venezuela, y el ayatolá Jamenei en Irán. ¿Se acabó la legislación internacional? ¿La ONU? ¿Los mínimos de la política internacional?
La pregunta, desde luego, es retórica. La guerra comenzó el sábado con el asesinato del dirigente del país adversario y varios miembros de su familia. Esta guerra comenzó – y es la segunda vez desde junio – en medio de unas negociaciones calificadas de “exitosas” por los mismos personajes (Witkof y Kushner) que están negociando con los rusos el fin del conflicto de Ucrania. ¿Quién puede confiar en tales “negociadores”? “Las garantías y los documentos firmados por este Presidente, no tienen valor alguno”, ha dicho en Moscú el analista Dmitri Trenin sobre Trump. “No se puede mantener negociaciones con este gobierno”, dice desde Nueva York el economista Jefrey Sachs.
“He dicho cien veces que no vamos a entrar en guerra con Europa, pero si Europa lo hace, estamos preparados”, dice Putin.
El lunes el presidente del comité militar de la OTAN, Almirante Giuseppe Cavo Dragone, declaró al Financial Times que la OTAN estudia actuar de forma “mas agresiva” contra Rusia. Un “ataque preventivo” contra Moscú “podría considerarse una acción defensiva”, dijo. Pocos días antes dos cargueros con destino a Rusia, el “Kairós” y el “Veirat”, fueron atacados con drones marítimos ucranianos en aguas turcas del Mar Negro y un tercero, el “Mersin”, sufrió otro ataque frente a las costas de Senegal. Según el influyente y bien informado diputado ruso Konstantin Zatulin, los ataques a barcos con carga rusa, de los que ha habido más de una docena en los últimos meses en diversos lugares del mundo, los planifican militares británicos destacados en el “Centro de operaciones marítimas 73” de la ciudad ribereña ucraniana de Ochákovo. Zatulin dice que las operaciones las dirige un almirante británico y que en el lugar hay fuerzas especiales inglesas.
Un analista ruso sobre los vaivenes del Presidente de Estados Unidos: el diálogo del Kremlin con Trump puede ser útil, pero no sustituirá a la presión militar.
Autor: Dmitri Trenin (*)
Durante el último año, los comentaristas rusos se han convertido en gran medida en «trumpólogos». Cualquier declaración del presidente de los Estados Unidos, y a menudo hay varias al día, se convierte en objeto de la más atenta atención y de un activo debate. Dado que las declaraciones de Trump a menudo contradicen a las anteriores, seguir el hilo de sus pensamientos resulta una actividad apasionante, una especie de montaña rusa virtual. Es emocionante.
Toda una generación europea de políticos, militares, expertos y periodistas, que en su gran mayoría desconocen la historia y han interiorizado una concepción maniquea profundamente estúpida de las relaciones internacionales, la está haciendo posible.
”Hay que advertir de nuevo a Londres y París de que, en caso de que envíen tropas al territorio de Ucrania, serán consideradas participantes directas del conflicto, y Rusia se verá obligada a comenzar a lanzar ataques contra sus activos y bases, primero en el extranjero y con municiones no nucleares”. ”Berlín debe saber que si recurre a las armas nucleares y sigue luchando de facto contra Rusia, no habrá piedad”. Sobre el último artículo del profesor ruso Sergei Karagánov.