La Unión Europea no puede resolver un conflicto cuyos motivos no entiende, pero a medio plazo puede coaligarse con la oposición a Trump en Estados Unidos, que crecerá, y provocar, mientras tanto, otra guerra en el flanco norte/Báltico de la OTAN.

La Unión Europea no puede resolver un conflicto cuyos motivos no entiende, pero a medio plazo puede coaligarse con la oposición a Trump en Estados Unidos, que crecerá, y provocar, mientras tanto, otra guerra en el flanco norte/Báltico de la OTAN.

Vuelven a pasar demasiadas cosas en pocos días y no parece prudente extraer grandes y claras conclusiones.
Vuelven a pasar demasiadas cosas en pocos días y no parece prudente extraer grandes y claras conclusiones. La última vez que pasó algo así, en febrero de 2022 califiqué de “impensable” la invasión rusa de Ucrania, y cuando esta se produjo, ahora justo hace tres años, anuncié la “quiebra de Rusia”. A largo plazo todo es posible y, como quien dice, el que esté libre de error que tire la primera piedra, pero hoy lo que se vislumbra más bien es la quiebra de la OTAN y por tanto, en buena medida, de la Unión Europea, de la que la OTAN era guía, tutor y mentor en política exterior y de seguridad. Así que, seamos más humildes esta vez y reconozcamos la dificultad de extraer conclusiones y pronósticos de lo imprevisible. Limitémonos, por tanto a un prudente catálogo de preguntas e hipótesis, conscientes de que la semana que viene acaso haya que enmendarlas significativamente.

Moscú demuestra que puede incrementar su disuasión sin usar armas nucleares y responder a la escalada de sus adversarios, ampliando de paso las grietas en las instituciones europeas que juegan a la ruleta rusa.

El 21 de noviembre los diversos explosivos de un nuevo misil hipersónico ruso, el famoso “Oreshnik”, impactaron en la ciudad ucraniana de Dnipropetrovsk (rebautizada Dnipró por Ucrania). El objetivo era la fábrica de misiles “Yuzhmash” de esa ciudad. Desde entonces, ni Ucrania ni la OTAN han ofrecido imágenes de las consecuencias del ataque. Ningún periodista ha podido acercarse al lugar y el acceso a la zona está estrictamente vigilado.
Continuar leyendo «Oreshnik visita Yuzhmash»Los ucranianos y la OTAN quieren mantener su baza territorial de negociación, mientras que los rusos quieren arrebatársela antes de que Trump jure el cargo para fortalecer aún más la posición negociadora de Moscú.

Los últimos peldaños de la escalada que acabamos de presenciar en Ucrania, la implicación occidental en los ataques con misiles a territorio ruso y la respuesta de Moscú lanzando por primera vez, el 21 de noviembre, un misil hipersónico de alcance intermedio llamado Oréshnik con vehículos de reentrada múltiples e independientes (MIRVs), imposible de interceptar y carga convencional, tienen una lógica clara y concreta: se trata de la carrera por definir las bazas para una futura solución negociada de esta guerra.
Continuar leyendo «La carrera de Kursk»La emisión de órdenes de detención contra Benjamín Netanyahu y Yoav Gallant se está retrasando sospechosamente. El Presidente del tribunal ya ha sido sustituido, entre fuertes indicios de conjura.
Autor: Craig Mokhiber (*)

Occidente no entiende que su propósito de dominio exclusivo del entorno ruso ya no es viable
Se ha acabado la orientación exclusiva a Occidente en los países del entorno de Rusia. Eso ya es un hecho consolidado en Asia Central, presenta diversos grados y variantes en Transcaucasia y Moldavia, y, si no hay una gran guerra por medio, acabará ocurriendo en los países bálticos y quien sabe si hasta en Polonia. No se trata de la creciente percepción de que Rusia no va a perder la guerra en Ucrania, ni va a sufrir la pronosticada “derrota estratégica”. Mucho menos aún se trata de que Moscú vaya a ser para esos países el nuevo centro gravitacional, como pueda ser el caso de Bielorrusia. La amenaza de un nuevo dominio ruso exclusivo “a la soviética”, es uno de los mitos de la propaganda occidental. La simple realidad es que Rusia ni puede, ni quiere regresar a aquello y que, por el contrario, lleva décadas abierta a un condominio con otras potencias, lo que determina ciertos equilibrios y respetos a la soberanía e integridad de esos países.

En Moscú saben que, gane quien gane en Washington en noviembre, si Estados Unidos no acepta su derrota, la perspectiva de una guerra mayor está servida.
La derrota militar de Ucrania está servida, pero lo más peligroso es que también, y sobre todo, será una derrota de la OTAN contra Rusia “por procuración” cargada de consecuencias para el liderazgo global occidental, dentro y fuera de Europa. Así que, tratándose de eso, la pregunta del momento es ¿cómo responderá la OTAN a su derrota en Ucrania?

Cómo una región de paz se convirtió en una línea de frente estadounidense
Autor: Glenn Diesen (*)
La militarización de Escandinavia socavará drásticamente la seguridad de la región e invitará a nuevos conflictos, ya que Rusia se verá obligada a responder a lo que podría convertirse en una amenaza existencial. Noruega ha decidido albergar al menos 12 bases militares estadounidenses en su suelo, mientras que Finlandia y Suecia siguen su ejemplo transfiriendo el control soberano sobre partes de su territorio tras convertirse recientemente en miembros de la OTAN. Se construirán infraestructuras para acercar más rápidamente las tropas estadounidenses a las fronteras rusas, mientras que el Mar Báltico y el Ártico se convertirán en mares de la OTAN.

Las élites rusas parecen resignadas a aceptar que el conflicto se prolongue indefinidamente. Anatol Lieven, director del ámbito euroasiático del Quincy Institut de Washington y raro observador occidental independiente, narra las impresiones de su última visita a Moscú el pasado junio, es decir antes de la muy efectista pero militarmente temeraria incursión militar ucraniana en la región rusa de Kursk.
Autor: Anatol Lieven

La evolución política del viejo continente demuestra el colapso moral de su sistema
Las elecciones al Parlamento Europeo, las de Francia y Gran Bretaña, ilustran la dimensión de la euromiseria. En el país con la mas rica tradición social de Europa, donde la vida casi siempre fue mucho más llevadera y libre que en el resto, se disputa un regreso a Vichy. En la Gran Bretaña de rancia tradición parlamentaria e imperial, el cambio de figuras pronosticado por la derrota conservadora no cambia ni un ápice el asunto. La situación en Alemania, por citar otro país de peso, va en la misma línea. Estamos asistiendo al colapso del sistema político europeo, como ocurrió con la ola parda de los años treinta del pasado siglo.
