Si fuéramos serios, el énfasis se pondría en la exigencia de una política antiimperialista y anti crematística coherente desde los gobiernos nacionales.
La gestión europea de la crisis de los emigrantes ya ha entrado de pleno derecho en la colección de los sucesos infames de la historia continental. Con el telón de fondo de los miles de ahogados en la travesía del Mediterráneo, los centros de internamiento en Europa y los campos de concentración en Libia, la Europa bastión de los derechos humanos se convierte en chiste macabro. La crisis de migrantes de 2015 convirtió todo el perímetro exterior de la Unión Europea en territorio cerrado. Desde entonces se han restablecido, además, los controles en muchas fronteras nacionales del interior de la UE: todas las de Francia y algunas de Austria, Eslovenia, Dinamarca, Suecia, Alemania y Noruega, entre otras.
Al más corto plazo, la inestabilidad en Libia es un acicate para que los migrantes de Oriente Medio y África allá concentrados -entre 700.000 y un millón- así como los propios libios, protagonicen una nueva ola masiva hacia la UE. Hasta ahora la indignación de la opinión pública liberal, o de parte de ella, no ha impedido el avance del discurso anti emigración, ni el desplazamiento de las fuerzas políticas de centro hacia posiciones más o menos confesas de derecha radical y no parece que eso vaya a cambiar. Continuar leyendo «La caridad de los “brazos abiertos” en el mundo que viene»