“¡Ah, la Catalogne!”. (Vista desde París)

En una pequeña librería del barrio latino de París tiene su sede el IREMMO, un centro de estudios independiente “sobre el Mediterráneo y Oriente Medio”, una pequeña pero importante institución parisina. Sus coloquios suelen ser interesantes porque la gente que participa en ellos, con alguna salvedad periodística, suele ser competente. Intento asistir a ellos cuando el tema me interesa, pese al gran inconveniente de que muchas sesiones son a media tarde, justo en la franja horaria en la que los plumíferos elaboramos nuestras incomprendidas joyas de la historia literaria mundial que ya no sirven ni para envolver bocadillos.

El caso es que el IREMMO, que suele enfocar su actividad hacia Oriente Medio se acordó de que lugares como Catalunya también forman parte de ese Mediterráneo que está en sus siglas y dedicó el miércoles un coloquio al procés. El intento de los franceses por entender lo que está ocurriendo en España ha dado lugar a muchos bandazos. En pocas semanas la editorial de Le Monde pasaba de recomendar a Rajoy que siguiera el ejemplo de Cameron con Escocia, a condenar como “vendedor de ilusiones”  y “estratega de la tensión” a Puigdemont, que no consiguió ser recibido por nadie en París. La segunda editorial de Le Monde causó crujir de dientes en Barcelona. En las redes sociales se intentó explicar en, “el 15% que el grupo Prisa tiene en el diario francés”, obviando que las editoriales que Le Figaro dedicó al independentismo (“Un desastre indecente”) no fueron a la zaga.

Un debate sin histerias

El diario conservador del grupo Dassault acusó a los independentistas, en una tribuna del consejero de Estado  Jean-Éric Schoettl, de, “intolerantes y autoritarios” por, “querer extirpar la parte hispánica” que los catalanes llevan dentro. En el referido coloquio del barrio latino, los tonos fueron mucho más sosegados. No había ibéricos en el público, compuesto por gente predominantemente madura y más bien inclinada a la izquierda, con lo que el ambiente se benefició de la ausencia de pasión de quienes no están emocionalmente  implicados. Los ponentes eran los profesores Cyril Trépier y Christian Hoarau, que ofrecieron muchos elementos de historia, de sociología electoral y demás, para intentar dilucidar el enigma que el asunto plantea a los franceses: ¿por qué en uno de los países más descentralizados de  Europa, una de las regiones con mayor soberanía y competencias autónomas quiere independizarse? Tanto Trépier como Hoarau tienen libros publicados sobre Catalunya, uno de ellos con prólogo de Artur Mas. El segundo resumió la situación a la que se ha llegado en dos elementos explicativos: 1- El Estado  privilegió la inercia y cuando se dio cuenta de que el asunto estallaba fue a la confrontación y 2-Los independentistas apostaron por la ruptura con mediación de la UE, algo poco realista, en defecto de un pacto.

Falta de visión a ambos lados

Las preguntas del público en este amable coloquio fueron las siguientes, por orden de aparición; ¿Cual es el papel de Podemos en esta crisis? ¿Qué diferencias hay entre la autonomía vasca y la catalana? ¿Cómo explicar la reacción fuerte del Estado al referéndum ilegal? ¿De dónde sale  esa ilusión hacia la mediación de la UE? ¿Recibe o escucha alguien en Bruselas a los independentistas? ¿Hay peligro de guerra civil? ¿Qué pinta el franquismo en todo esto? y, finalmente, ¿Qué habría que hacer? Los ponentes apenas mencionaron dos aspectos fundamentales del gran contexto de la situación española: el enorme sufrimiento que la crisis económica tiene sobre la población ibérica más humilde, y la delicada situación  que la crisis plantea para la legitimidad de los dos gobiernos implicados, conectados por ese fenomenal río de corrupción que une Madrid con Barcelona y que convierte a los nacionalismos en enormes recursos políticos. A partir de ahí, inocentes sorpresas ante la falta de respuestas solidarias y comprensivas en Europa y ante la reacción de fuerza del Estado y su amenaza de liquidar, simplemente, la autonomía.

“El gobierno catalán asumió el riesgo de una situación que no era impensable y de la que el 1-0 la primera víctima no fueron las instituciones sino la población”, dijeron. Esperanzas en que Rajoy no lleve demasiado lejos la “humillación” que la situación le brinda en bandeja y cuya salida menos mala sería la electoral. En resumen la conclusión: “una crisis que no ha sido gestionada con visión, ni por una parte ni por la otra”. Eso y la certeza de que un coloquio así, tranquilo y desapasionado, sería muy difícil en la España de hoy.

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