La sentencia del caso Bourget

Dieciocho años después de los hechos, la justicia francesa reconoce el crimen de un soldado israelí no identificado.

Importante sentencia la del día 21 en el Tribunal de apelación de París. El 21 de octubre de 2000, el periodista francés de Paris-Match, Jacques-Marie Bourget fue gravemente herido en el pecho por el disparo de un fusil M16 de un tirador de precisión del ejército israelí. Importante porque han sido necesarios casi 18 años para que el hecho haya sido calificado judicialmente como crimen y violación del derecho internacional.

Fue en Ramallah, territorio ocupado, y en una situación sin tensión. El disparo, en el pulmón izquierdo, hace suponer que el soldado apuntó al corazón. Un grupo de jóvenes palestinos se precipitó al rescate del periodista y lo llevaron en estado de coma al hospital local. La herida era tan crítica que los médicos estimaron que Bourget debía ser operado inmediatamente en un hospital israelí mejor equipado que el suyo. Tratándose de un periodista extranjero (y no de un untermensch palestino – “subhumano” era el calificativo que los nazis concedían a los judíos) pensaron que sería fácil. Las autoridades ocupantes israelíes se negaron y Bourget fue operado en Ramallah y estabilizado. Mientras tanto un avión médico de emergencia procedente de Francia acudió a Tel Aviv a buscarle. Las autoridades israelíes se negaron a autorizar el paso de la ambulancia para llevar a Bourget al aeropuerto. El Presidente francés, Jacques Chirac tuvo que telefonear personalmente al primer ministro israelí exigiéndole el paso de la ambulancia.

Siguió una denuncia por tentativa de homicidio ante los tribunales franceses. Pese al acuerdo de colaboración judicial con Israel vigente desde 1959, los israelíes se negaron a colaborar en cualquier investigación. En 2011 el tribunal francés desestimó la denuncia. La tenacidad de la víctima dio lugar a recurso que se ganó en 2015 en términos ambiguos: a Bourget se le reconocía como “víctima” pero no mucho más. Han tenido que pasar 18 años para que la justicia francesa produjera una sentencia decente que crea jurisprudencia.

La decisión judicial en París llegó justo veinte días después del asesinato de la enfermera palestina de 21 años de edad, Razan al-Najar, tiroteada por otro tirador de precisión israelí junto a la frontera del campo de concentración de Gaza cuando acudía a socorrer a heridos de bala vestida de blanco y con las manos en alto. En la conmemoración de la Nakba en la que cayó al-Najar,  3500 palestinos fueron heridos de bala y 120 murieron a tiros en una masacre que según una encuesta el 62% de los ciudadanos israelíes judíos considera apropiada (otro 28% considera que la acción militar no fue suficientemente fuerte). La Unión Europea emitió uno de sus habituales vergonzantes comunicados.

El asesinato de la enfermera fue un desastre de imagen para Israel cuyos especialistas se dedicaron en las siguientes semanas en montar un video manipulado para denigrar a la víctima y presentarla como “escudo humano de Hamas”, una de las fórmulas con las que el sionismo justifica sus crónicos asesinatos y presenta a las víctimas desarmadas como agresoras de su ejército. El video se difundió pocos días antes de la sentencia de París que condena a un soldado israelí no identificado.

Mientras tanto Israel se prepara para impedir, o por lo menos paliar, la propagación informativa de sus crónicos crímenes con los palestinos. Su parlamento prepara una ley para castigar en determinados casos con hasta cinco años de cárcel a quienes documenten los desmanes de su ejército de ocupación en Cisjordania. Se trata de impedir una repetición de casos como el del soldado Elor Azaria. En marzo de 2016, ese soldado mató en Hebrón a un palestino que yacía herido de bala en el suelo tras haber acuchillado a otro soldado. Mientras la ambulancia se llevaba al soldado herido, Azaria disparó en la cabeza al herido rematándolo. En este bárbaro contexto, la sentencia de París, a dieciocho años de los hechos, ha sido importante por más que el crimen quede impune y su autor siga siendo un soldado desconocido

4 comentarios en “La sentencia del caso Bourget”

  1. Gracias, Rafael Poch, por su valentía de seguir denunciando “las cosas” de las cuales casi ningún medio oficial habla.

    A propósito de la acción criminal de Israel hay que mencionar también su guerra incesante contra Iran. Ha conseguido que Trump denuncie ilegalnente el acuerdo internacional sobre armas nucleares (https://www.nachdenkseiten.de/?p=44711) y decrete las sanciones más duras contra la venta de su petróleo contra Iran. Decisiones con consecuencias incalculables…

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  2. La actitud servil hacia Israel es algo habitual en determinados paises absolutamente controlados y amedrentados como el nuestro, donde tenemos ilustres admiradores del Sionismo tan heterogeneos como D. Jose Maria Aznar, D. Federico Jimenez Losantos, Dña. Pilar Rahola o D. Jordi Pujol; tambien tenemos ilustres judeoespañoles triunfadores como D. Julio Iglesias, por lo que cuando pasan “esas cosillas” que suceden en Gaza, Cisjordania, Libano, los politicos españoles mirarán reverencialmente hacia otro lado y ni se les ocurrirá cuestionar nada .¿ Etica ? ¿ Y eso que es ?

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  3. -Mientras tanto Israel se prepara para impedir, o por lo menos paliar, la propagación informativa de sus crónicos crímenes con los palestinos. Su parlamento prepara una ley para castigar en determinados casos con hasta cinco años de cárcel a quienes documenten los desmanes de su ejército de ocupación en Cisjordania. –

    Intolerable, però comprensible que intentin amagar el que fa la ma, millor dit el seu braç armat, mentre ells juguen a la diplomàcia negant el que tothom veu, però no pot demostrar. Un pais que ens toca de ben aprop ja ho ha fet de manera mes barruera amb la policia. Les subtileses no han sigut el seu fort i el d’aquest Parlament tampoc, és un insult, ha deixat amb un pam de nas a tot el món.
    .
    En fa molt, vaig ajudar a un conegut, fent un descarrec, a un Governador Civil i aquest en va respondre que, els policies tenen preferència , o sigui que, la seva versio dels fets, té preferència respecte a un ciutadà. Per això es bo que algú pugui deixar constància d’uns fets que poden quedar impunes si traspassen el llindar, sino hi ha cap enregistrament s’ha begut oli. Sembla que si n’hi ha, el que ha begut oli els el “bon samarità” o periodista.

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