El fraude de las “fake news”

La ruptura del monopolio propagandístico occidental genera nuevas armas soft

Entre los últimos conceptos importados de Estados Unidos, el de “fake news” (noticias falsas) se ha instalado inocentemente en nuestro lenguaje. ¿Qué significa? Noticias falsas las ha habido siempre. Recuerden que la guerra de Cuba fue facilitada por la voladura del “Maine”, que la de Vietnam comenzó con el ficticio “incidente de Tonkín” y que la de Irak tuvo por motivo las inexistentes armas de destrucción masiva de Sadam Hussein.

Sí, la tecnología digital permite la multiplicación de mensajes y noticias en una escala nueva, pero la simple realidad es que la mentira y la falsificación forman parte del periodismo realmente existente. Eso tiene que ver con la corrupción estructural que rodea a la información, que en nuestro mundo suele estar en manos de empresas mediáticas de grandes magnates y de poderes estructuralmente incompatibles con los intereses de la mayoría social. También tiene que ver con el pluralismo de puntos de vista y con el hecho de que los informadores practican siempre una selección que nunca es neutra al elegir sus noticias. Entonces, ¿a santo de qué nos vienen ahora con ese concepto?

El desencadenante ha sido la paranoica tesis americana de que los rusos determinaron el resultado de sus últimas elecciones presidenciales, pero el motivo de fondo es la crisis del monopolio informativo occidental.

Rusos y chinos -y también árabes y latinoamericanos- han creado en los últimos años sus propios aparatos de propaganda global. Ahora, en esta época de imperios combatientes, cualquier guerra y conflicto entre potencias, tiene más de una versión. Es así como, además de propagar guerras, Estados Unidos abre una nueva “guerra soft” contra los aparatos de propaganda de sus rivales, particularmente Rusia y China. El principal objetivo de esa acción son el canal global de televisión rusa RT y la agencia Sputnik. La meta es, llegado el momento, prohibir o censurar la acción de esos medios en Euroatlántida. Y la acusación: fabricar “fake news”. Como suele ocurrir la Unión y el Parlamento europeos se han metido en esa guerra. Una ley francesa actualmente en proyecto contempla la posibilidad de cierre de canales y medios de información que estén, “bajo influencia de un estado extranjero”. El problema es que todos los medios públicos emiten la influencia del país al que pertenecen. Algunos periodistas necios -en el diario Le Monde y en varios diarios alemanes, por ejemplo- han establecido servicios para desenmascarar “fake news”, naturalmente excluyendo las que ellos mismos lanzan, es decir se arrogan la capacidad de establecer lo que es verdadero y lo que es falso, dando por supuesto que lo suyo es siempre neutro y objetivo.

El problema, como ha dicho Jean-Luc Melenchon, es que la “verdad” es algo bastante controvertido. A mí, por ejemplo, me parece que la receta neoliberal que nos hacen pasar por panacea es un desastre al servicio de los más ricos, pero eso forma parte de la batalla de ideas, es decir de los intereses que defiendes. Lo que es el colmo es que aquellos personajes y medios cuya información consiste en la defensa continua del orden establecido, lo que implica mentir diariamente, pretendan dictaminar lo que es verdadero y falso desde su pretendida y angelical objetividad.

El dominio occidental del informe global sigue siendo aplastante,  RT tiene un presupuesto de 300 millones de dólares anuales sin que exista una red de emergentes que coordine sus mensajes con, por ejemplo, la china CCTV, la televisión iraní o Telesur. Pero la red occidental es una suma de aparatos bastante coordinados en su informe sobre Rusia y muchos otros temas: la Deutsche Welle tiene un presupuesto de 350 millones, la francesa RFI, 380 millones, la BBC 524 y el complejo de Estados Unidos, que lleva décadas emitiendo en casi todas las lenguas de la ex URSS (y son muchas lenguas), muchos más millones. Y todo ello sin contar con los medios privados y sin tener en cuenta la enormidad que representa el complejo Hollywood, que, como dice Laurent Dauré, es, “la continuación de la política de Washington por otros medios”. Los emergentes no tienen, ni tendrán hasta donde alcanza la vista, algo comparable a Hollywood.

Pese a esta desproporción de medios, la mera ruptura del monopolio propagandístico ya crea una nueva tensión. Y ese frente de “guerra soft” se arma de nuevos conceptos. “Fake news” es uno de ellos, y, haciendo honor a su nombre, es una falsificación.

11 comentarios en “El fraude de las “fake news””

  1. La creacion del nuevo concepto de “fake news” ya sabemos que sera para aplicarselo solo a lo que no les convenga y como dieta especial para los ya idiotizados por los medios, con lo que ahora la unica verdad sera solo lo que diga el emperador de turno o algunos de sus testaferros.

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  2. Lo cual no impide que, al igual que los medios occidentales, RT también lance sus “fake news”. A mí, en particular, como ya le he dicho alguna vez, no me molestan las “fake news” de propaganda auténtica, sin tapujos. Las que me molestan, porque insultan la inteligencia, son las gratuitas, lanzadas con el solo propósito de emburruñar los canales de comunicación y crear paranoias, alentando tesis conspirativas. Como le dije en una ocasión, RT puede hacer toda la propaganda, o contrapropaganda, que quiera. Lo que no le perdono es que promocione desatinos conspiranoicos como que el Ébola no existe y, en la misma noticia, acto seguido, sin solución de continuidad, se diga sin ningún rubor “y si existe, es un invento occidental diseminado por las ONG que dicen pretender contenerlo”. Esto es una barbaridad absoluta, más allá de las propagandas de cada cual, y que puso RT, a mi modesto entender, no al nivel de un New York Times, sino de las “InfoWars” del esperpéntico Alex Jones. Cuando RT decida producir algo del nivel del NYT -o, sin ir tan lejos, de Al Jazeera-, volveré a escucharles. Mientras tanto les tendré por unos Alex Jones, o un “payés” Pàmies cualquiera, vendedor de crecepelos, snake oil y curas del Ébola -¡también!-, de la malaria y el autismo. Todo por el mismo precio.

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    1. Los impulsores de Fake news en Brasil son los hijos de Bolsonaro, el candidato fascista. Perpetràndolo ganaron la primera vuelta de las elecciones, sin descartar el respaldo para las maniobras Fake de los ruralistas y las grandes
      empresas, entre ellas la cadena Globo, una peste local que embadurna con novelones que conmueve a las amas de casa,los poco convincentes comentarios de sus analistas de pago. El judiciario del TSF reacciona contra las noticias falsas tardìamente, intentando manipular la sucesiòn en el Ejèrcito, delegando al nuevo presidente la tarea de elegir el mando que màs le conviene. Los actuales son la herencia de generales retirados que, el anterior comando en jefe, Eduardo Villas Boas, lega a la posteridad, violando los còdigos de designaciòn, tradicionales en las FFAA, evaluando factores tècnicos y de trayectoria del elegido, que debiera ser, para el caso, Edson Leal Pujol, Cuadro de inteligencia y crìtico de Bolsonaro y su vice, mourão, cavernario que el general echò durante su mandato en el Comando Sur

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  3. Ganaron la primera vuelta merced a las Fakes y los Whats APP. una vez advertidos los votantes, no será fácil que venzan en el segundo turno. Las prepotentes torpezas de los hijos y aliados del fascista jair Bolsonaro refrendan el fallo garrafal, al atacar a los ministros del Supremo Tribunal Electoral, y el STF, tildándoles de “vagabundos y oportunistas”. Una media verdad que, en la boca de ellos, se transforma en mentirosa ofensa

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  4. Així com fa un temps vaig criticar un article d’en Rafael Poch, avui no puc fer més que felicitar-lo per aquest anàlisi tan lúcid i necessari.

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