Un semáforo francés en ámbar

Si en Francia no pasa nada, entonces no pasará nada fundamental de signo liberador y progresista a medio plazo en Europa.

El sábado 300.000 personas expresaron su activa protesta organizando más de 2000 bloqueos de carreteras y peajes en toda Francia. Hay que seguir de cerca este fenómeno de los chalecos amarillos, movimiento auto(des)organizado a través de las redes sociales, popular e imprevisible. La jornada del sábado continuó el domingo y más allá. Ahora el movimiento llama a bloquear París el sábado 24… Todo esto pone muy nervioso al establishment mediático y político europeo.

El ministro del interior francés, Christophe Castaner constató, el martes, la “degeneración total de una protesta que en general mantuvo el sábado buena conducta”. “Asistimos a una radicalización con reivindicaciones que ya no son coherentes, que van en todas direcciones”, ha dicho. La CGT, el sindicato francés menos manso, se ha desmarcado pero hasta tres de cada cuatro franceses han expresado según las encuestas su apoyo a esta manifestación en la que se escuchan llamadas a la dimisión del “presidente de los ricos”.

La chispa ha sido la subida de los impuestos a los carburantes. Eso ha llevado a declarar a una ex ministra socialista de medio ambiente, Delphine Batho, típica representante de la izquierda-caviar, que la protesta es una, “acción de solidaridad con el lobby petrolero”. Pero tras la fiscalidad al diesel se esconde una clara cuestión de clase, una injusticia fiscal que grava a la gente del extrarradio, la más encadenada al uso del coche para ir al trabajo, o que trabaja con él (transportistas, agricultores), dibujando toda la geografía de la Francia periférica de las zonas rurales y los extrarradios urbanos. Hay en su protesta un agravio comparativo hacia el trato fiscal que reciben los ricos, con la eliminación del impuesto a las grandes fortunas, y una indignación y hartazgo con las despreciativas declaraciones del Júpiter Macron que cada mes evidencia su mentalidad elitista. Es esta fractura de clase la que asusta: desorganizada, radical e imprevisible.

De repente, como se lee en la prensa alemana, se advierte el peligro provocado por lo que antes se consideraba éxito y victoria: el descabezamiento y la integración de las organizaciones sindicales que todavía defendían intereses de clase. La paradoja del resultado de décadas de políticas encaminadas a descafeinar a los sindicatos es que desemboca en una preocupación ante el peligro que supone la ausencia de interlocutores (sindicales) corruptos con los que negociar cabreos como este.

En unos momentos en los que por toda Europa surgen populismos de signo conservador o reaccionario con los que la derecha capitaliza y canaliza los ríos de descontento y sufrimiento social suscitados por la crisis, hay que estar atento a cualquier manifestación de un movimiento que huele a algo de clase, aunque acabe en agua de borrajas. Si en Europa llegara a formarse algo parecido a un bloque popular-ciudadano antiburgués bien podría ser a partir de este tipo de chispas. Con la actual configuración capitalista de los espacios y geografías, el precio del carburante desempeña un papel no muy diferente al del pan en los motines de antaño. Afortunadamente, tras no pocos titubeos, la France Insoumise de Jean-Luc Melenchon se ha dado cuenta de eso y ha expresado su apoyo a esta protesta. Y el lugar es Francia.

Hace tiempo que modestamente sostengo que si en Francia no pasa nada, es decir que si lo que queda de la mayor tradición social y republicana del continente se demuestra incapaz de reaccionar a esta crisis que incrementa la desigualdad social y arrasa con derechos costosamente adquiridos, entonces no pasará nada fundamental de signo liberador y progresista a medio plazo en esta parte del mundo.

Lo último de Macron es aplicar la directiva europea de reducir las pensiones en un país en el que apenas hay jubilados pobres, como es el caso de Alemania donde ese cepillado se hizo hace años. Macrón expresó la semana pasada todo el delirio narcisista que acompaña al “europeísmo” establecido al decir en Berlín que Europa y el eje franco-alemán tienen, “la responsabilidad de que el mundo no se deslice hacia el caos y sea acompañado en el camino de la paz”. La simple realidad es que es la acción de ese eje, que en Francia se vive crecientemente como mera subordinación a Alemania, la que está creando el caos en la propia Unión Europea con una política neoliberal que excita todo aquello que disuelve y desintegra al “europeísmo”.

(P.S. La visita de Macron a Berlín, en la que obtuvo apoyos a su propuesta de ejército europeo,  incluyó ofrenda floral en la Neue Wache, el templete de la avenida Unter den Linden. En tiempos de la RDA, la Alemania comunista, aquello era un memorial a las “víctimas del fascismo y el militarismo”. En los años noventa, tras la reunificación, el memorial fue remodelado a las “victimas de la guerra y la tiranía”, concepto éste último que abraza tanto al nazismo como al comunismo. La remodelación regresó así a la línea de la doctrina establecida por los ex nazis que gobernaron la Alemania occidental en la posguerra y que buscaban su redención en la guerra fría bajo el manto general del “totalitarismo”. La unificación conceptual presentaba al comunismo y al estalinismo como hermanos gemelos del nazismo y el fascismo, ignorando la diferencia ideológica fundamental; que no puede haber un “buen” nazismo, contrario a todo planteamiento humanista, pero sí un “buen” socialismo que desarrolle ideales humanistas radicalmente antagónicos con el antihumanismo estalinista. Hoy el templete incluye una placa que menciona entre las víctimas de la tiranía a los alemanes expulsados de sus hogares en Europa central y oriental tras la derrota de 1945 y a los represaliados por el régimen de Alemania Oriental. Una nueva historia nacional a la carta para unos nuevos tiempos).

(Publicado en Ctxt)

 

 

 

9 comentarios en “Un semáforo francés en ámbar”

  1. Fixem-nos-hi bé, avui s’anomenen partits populars i dels ciutadans a partits liberals …… Curiosament anys arrera eren altres els anomenats populars…….. Qui enganya a qui, som realment tan sòmines els ciutadans, ho estem ben apoltronats. Algunes zones no, alguns ho sabem, el que incomoda a tots els partits que fan reverencies a Alemanya i, a aquells ciutadans que s’espanten de veure com alguns tenen bemolls per intentar canviar allò que els seus polítics en són incapaços.

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  2. Si, de acuerdo, “Hay que seguir de cerca este fenómeno de los chalecos amarillos”, pero por varios motivos. Por que es “popular e imprevisible”, sin participación (por ahora) de los mediadores tradicionales (partidos, sindicatos, etc). Y tambien porque se opone a una medida del gobierno (¿injusta?) para limitar las emisiones de CO2.
    En España un borrador de proyecto de ley para limitar los vehículos emisores de CO2 a 2040 ha provocado un aluvión de protestas del sector (fabricantes, concesionarios, asociaciones, etc.). Dicen que son el 20% del PIB, por lo que la medida aquí no es “injusta”, sino “irresponsable”. Los ecologistas (Equo) califican el borrador de “blando”, si se compara con lo implantado en otros paises europeos.
    Que los chalecos amarillos sea un movimiento popular, autoorganizado, virtual, etc. no significa nada en si mismo.¿Pueden ser una chispa en linea con la “tradición social y republicana francesa”? Habrá que verlo. Pero el reloj del Cambio Climático sigue avanzando.

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  3. El que los chalecos amarillos hayan salido de la nada ahora y provocados por el precio del combustible no parece ser mas que una manipulacion con algun objetivo porque no estamos precisamente en el peor momento del petroleo.

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  4. Els companys del Fil Roig estan contents de poder tenir els teus articles tan fàcilment. I agraïts que ens mantinguis informats. Jo també.  Cordialment Montse Torras

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  5. Macron llegò a un peligroso pico de impopularidad, consagràndose como el presidente de los ricos, contra la mayorìa enorme de los franceses pobres. De ahì al fracaso absoluto hay un paso muy corto, que el finolis, tan menesteroso socialmente, se empecina en dar, para felicidad de las grandes mayorìas francesas y europeas.

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  6. Para este destacado escritor y pensador, Latinoamérica no existe. Por esa razón ignoró mi oferta de colega, Ni se molestó en contestarla,con mi email a su disposición

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    1. Crec és un problema de desconeixença, no en sap res personalment, ho ha comentat en diverses ocasions, i per tant, no deu voler escriure sobre quelcom que no ha viscut mai. Però si mes no estaria bé

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  7. Francia es aún territorio libre europeo, pese a los intentos retrógrados de su casta burguesa. El espíritu de la libertad no es un fantasma, flota en sus calles y venidas. Ese aliento liberador es imposible de vencer

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