Las cuatro cumbres de Biden

La ambigüedad de la cruzada de Estados Unidos contra China solo es superada por la total inconsistencia de la Unión Europea como sujeto autónomo.

Las cuatro cumbres de Biden de la tercera semana de junio -el domingo 13 con el G-7, el lunes con la OTAN, el martes con la UE y el miércoles con Putin en Ginebra- han expresado una mezcla de ansiedad e impotencia. ¿Ha funcionado su objetivo manifiesto de reclutar aliados para el “todos contra China”? La impresión es ambigua.

La semana anterior se habían izado en Washington las banderas de guerra. Por un lado la directiva del secretario de Defensa Lloyd Austin, declarando, una vez más, a China como primer foco de la atención militar de Estados Unidos y por otro la aprobación en el Senado de la “China competitiveness bill”, un paquete de 250.000 millones de dólares destinado a subsidios a empresas y sanciones para, entre otras cosas, repatriar a Estados Unidos la producción estratégica deslocalizada, especialmente la de semiconductores particularmente sensibles a la alta tecnología y sus aplicaciones militares.

Las cuatro cumbres europeas venían acompañadas de una fuerte presión propagandística, con todas las leyendas desplegadas al viento: la del virus de Wuhan (desechada por la OMS), los atropellos a los uigures magnificados en crímenes contra la humanidad (que no convencen ni a Jeffrey Sachs), las telenovelas sobre democracia de Hong Kong y Taiwán, así como las “amenazas militares” de China. Repasen los diarios de los últimos quince días y reconocerán esa música por doquier.

Todo ese conjunto de medidas es, “el reconocimiento más explícito de que la profunda desconfianza de Washington hacia Pekín no era un mero rasgo de la administración Trump, sino que refleja un consenso ampliamente compartido en el Congreso de que Estados Unidos debe trabajar urgentemente para superar a China o perder su estatus como la nación más poderosa del mundo”, señalaba el South China Morning Post, el principal diario prooccidental de Hong Kong. Eso ya lo sabíamos, pero la novedad con Biden es la consciencia de que tal cruzada precisa de la movilización, política y militar, de los aliados, incluida cierta rebaja del tono en la agresividad hacia Rusia. Y toda la panoplia de medidas y declaraciones sugiere una gran ansiedad que está forzando la maquina al máximo. Pero, ¿alcanza?

El G-7 ya no da la talla

Empecemos por el domingo. El G-7 ya no da la talla como “gobierno mundial”. Todo el mundo sabe que lo que importa es el G-20 y no el G-7. Precisamente por eso se invitó a la cumbre a India, África del Sur (dos BRICS) y a Corea del Sur. Cuando el G-7 se creó en los setenta del siglo pasado, las economías que lo integraban pesaban alrededor del 70% del conjunto global. Hoy no llegan al 35% y es el Sur global quien representa ese 70%. A partir de ahí pretender ganarse a los aliados para la cruzada contra China exige que éstos pierdan de vista la realidad.

Ese club venido a menos ha amagado con contramedidas a la estrategia de proyección mundial y exportación de sobrecapacidad china, la Belt & Road Initiative. Han bautizado la respuesta como Build Back Better World, una campaña de inversiones “transparentes y sostenibles” en países en desarrollo. Pero, ¿Dónde está el dinero? Las economías occidentales están endeudadas y sus sectores privados no invertirán en nada que no arroje sustanciales beneficios. La simple realidad es que no hay capacidad para competir con los proyectos de infraestructuras integradoras de China. Todo huele un poco a improvisación desesperada ante la evidencia de que China ha salido mucho mejor librada de la pandemia, como ocurrió con la crisis de 2008, y de que su economía crece con mayor dinamismo. Pero si la economía no alcanza, echemos mano de lo militar.

El Atlántico se va al Pacífico

La cumbre de la OTAN del lunes ha expresado esa impotencia. Se han olvidado ya los tiempos en que el secretario general de la Alianza proclamaba que el bloque, “no tiene la ambición política, ni la capacidad militar, ni el dinero para ser el gendarme del mundo”. “Nunca habrá una OTAN global en el papel de una especie de Naciones Unidas”. Eso era en 2008, en vísperas de la cumbre de Bucarest. Entonces el secretario general era Jaap de Hoop Scheffer. Hoy el noruego Jens Stoltenberg dice que la OTAN siempre estuvo un poco “out of area”, por ejemplo en Afganistán, así que puede perfectamente ocuparse no solo de asuntos noratlánticos sino también “indo-pacíficos”. Los socios europeos han tosido.

“En mi atlas no figura que China esté en el espacio atlántico, pero puede que mi mapa esté equivocado”, ha dicho Macron. “No creo que nadie en esta mesa desee caer en una nueva guerra fría contra China”, ha dicho Boris Johnson. “No hay que exagerar” ( la amenaza que representa China), “tenemos que encontrar el equilibrio correcto”, ha dicho Merkel. Han tosido, pero ninguno de ellos se ha plantado y ha sido capaz de decir “no”.

Los europeos juegan a considerar a China a la vez “socio, competidor y rival sistémico”, pero esa no es la posición de Washington, que piensa en términos de enfrentamiento directo, sin contemplaciones. Mientras Estados Unidos quiere repatriar empresas para cortarle a China los accesos a la alta tecnologías, la Unión Europea no quiere volar los puentes con su principal socio comercial (desde 2020). Una encuesta de la Cámara de Comercio Europea en Pekín revela que el 60% de las empresas europeas establecidas en China quieren ampliar sus negocios allá este año y la tendencia va al alza. No hay un interés europeo en una escalada con China como la que pretende movilizar Estados Unidos. La Unión Europea puede tener “diferencias sistémicas” con China, pero sus relaciones económicas son estrechas y tiene una necesidad estratégica de cooperación con Pekín. Y sin embargo se callan.

Cinismo inaudito

No solo se callan sino que suscriben un documento de la OTAN, redactado al dictado de Washington, en el que China, por primera vez, es mencionada, y nada menos que una docena de veces. La Alianza que ha violado sistemáticamente el derecho internacional en la mayoría de sus intervenciones militares y cuyos miembros son la principal minoría bloqueadora en las votaciones de las Naciones Unidas, afirma que China presenta “desafíos sistémicos al orden internacional basado en normas”. Los responsables del mayor arsenal nuclear mundial reprochan a China la modernización del suyo y la “opacidad” de su gasto militar que es casi seis veces inferior al de la OTAN. Quienes han destruido con sus guerras media docena de sociedades y estados entre Afganistán y Libia, ocasionando varios millones de muertos, instan a China a “actuar responsablemente en el sistema internacional” y censuran el maltrato a sus minorías musulmanas. Un nivel de cinismo inaudito.

Los europeos han suscrito la leyenda del virus escapado de laboratorio en Wuhan, se comprometen con los “derechos humanos” en Hong Kong y con la “estabilidad” de Taiwán, prevén enviar barcos de guerra al Mar de China Meridional, suscriben la fantasmada del “Build Back Better World”…En resumen, suscriben una estrategia de Estados Unidos diseñada para complicar sus propias relaciones con su socio chino.

El portavoz de la misión china ante la UE ha respondido diciendo que, “está más claro que el agua de quien son esas bases militares desplegadas por todo el mundo y a quien pertenecen los portaviones que se pasean exhibiendo músculo militar”. Su comunicado recuerda que los miembros de la OTAN tienen veinte veces más armas nucleares que China y les pregunta cuando piensan sumarse al compromiso chino de no usar primero armas nucleares en cualquier lugar y circunstancia y cuando se comprometerán sin condiciones a no usar ni amenazar con usar armas nucleares contra países o regiones que no disponen de ellas, como señala la doctrina de Pekín en la materia, sin duda la menos demencial de las potencias nucleares del mundo.

Suavizando a Putin

La guinda del pastel ha sido el encuentro con el Presidente ruso en Ginebra. En vísperas de su encuentro con Putin, quien fuera caracterizado como “asesino” por Biden pasó a ser “brillante” y “digno adversario”. Eso tampoco alcanza para ser tomado en serio.

Si hubiera en Washington una verdadera estrategia en materia china, cortejar a Rusia para ganársela, es decir reconocer sus intereses nacionales y de seguridad, sería el primer movimiento, pero, ¿cómo hacerlo sin contribuir a la integración entre Rusia y el resto del continente europeo que siempre se ha intentado conjurar desde Washington? De momento no se ha pasado de suavizar el insulto y de restablecer embajadores.

La ambigüedad de la cruzada de Estados Unidos contra China solo es superada por la total inconsistencia de la Unión Europea como sujeto autónomo.

(Publicado en Ctxt)

10 comentarios en “Las cuatro cumbres de Biden”

  1. Muy bueno, muchas gracias por la síntesis de la estrategia estadounidense de confrontación con China y el servil e incoherente papel europeo. Para el tema del supuesto incumplimiento del orden internacional basado en normas por parte de China y su ambición de controlar lor organismos internacionales relevantes, piezas clave de la propaganda occidental contra China, recomiendo la lectura de ‘China in a World of Orders: Rethinking Compliance and Challenge in Beijing’s International Relations. Alistair Ian Johnston (2019). International Security, Vol. 44, No. 2 (Fall 2019), pp. 9–60, https://doi.org/10.1162/ISEC_a_00360 ‘ , y ‘Fantasmes autour d’une « offensive chinoise » aux Nations unies. Jeanne Hughes (2020). Le Monde Diplomatique, Décembre 2020, pages 8 et 9, https://www.monde-diplomatique.fr/2020/12/HUGHES/62548 ‘.
    Saludos cordiales

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  2. Qué alegría para el intelecto leerle.
    Como dicen otros lectores se le echaba en falta.
    Visión de largo alcance y de conjunto como es habitual.
    Sólo una cosita: sobre la hipótesis del “virus de Wuhan” resucitado (por mi parte ni sí ni no, sino todo lo contrario),
    https://rebelion.org/hubo-una-fuga-del-virus-en-el-laboratorio-de-wuhan/
    sólo un pequeño comentario: la OMS, por desgracia, creo que ya no es una referencia, dada su financiación “filantrópica”, entre otros defectillos.

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  3. Estimado Rafael, no tengo ninguna simpatía por los norteamericanos, detesto su cultura, sus maneras y sus actos. Desde el punto de vista geoestrategico , Biden no hará sino lo qué le permita la Reserva Federal, es ilusorio creer qué Biden es capaz de zafarse de su yugo. Por una simple razón, el gobierno en la sombra, y de echo, el verdadero, de USA, es la Reserva Federal. Ésto, qué parece un absurdo, ya lo dijo el señor Ariel Sharon, ex presidente de Israel, quién, explícitamente y en público, afirmó: ” ya controlamos USA” . Aparte de ésta anomalía, los yanquis tienen a su favor que, por lo menos, se muestran cómo son con todos y contra todos, cuando les es necesario. En ese sentido, sólo están repitiendo, a una escala más global, lo que siempre han hecho las potencias de turno: imponer su cultura y sus mores por la razón o por la fuerza. Europa, en cambio, desde qué Alemania se apoderó de la UE,
    no ha hecho sino renunciar a casi todos los principios qué legaron a Europa y a la Humanidad, los grandes pensadores europeos, desde Socrates hasta Isaak Deutsher . No contentos con eso, buena parte de los europeos han caído, con relación a Alemania, en el Síndrome de Estocolmo, en la esquizofrenia y en el servilismo más vergonzosos. Una muestra grosera de ésto es su actitud en relación con Rusia. Renunciar a incorporarla en la UE es renunciar a 18 millones de kilómetros cuadrados de ricas tierras y a 120 millones de personas más cultas que la media europea y muchísimo más que las yanquis. Y toda esa pérdida a cambio de nada. Si ésto no es esquizofrénico, no se qué es. Ahora, aún con todos estos males, de ninguna manera debemos soñar siquiera que el creciente imperio chino, bajo control del Partido Comunista Chino, será mejor. Si tomarían el poder, una de las primeras cosas qué harían sería acallar a los periodistas de verdad, cómo tú, Rafael. Ya están haciendo cosas mucho peores con los de la etnia Uigur, cuyo único mal es no parecerse a los chinos.

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