Las personas que en Ucrania se oponen al Gobierno están detenidas o muertas

A diferencia de la represión contra los disconformes en Rusia, la del gobierno ucraniano no llega a los medios de comunicación occidentales

Autor: Maxim Goldarb

Ucrania fue considerada durante mucho tiempo el país más libre del espacio postsoviético. Hasta hace diez años, partidos políticos y organizaciones públicas de todos los colores y una variedad de medios de comunicación actuaban libremente en nuestro Estado y adversarios políticos, periodistas y activistas podían criticar abiertamente y sin temor a las autoridades. Cualquier intento de evitar la crítica a las actividades de las autoridades se convertía en causa de un gran escándalo, por lo que se producían pocos de esos intentos.

Pero todo cambió espectacularmente desde [las manifestaciones y disturbios de] el Euromaidán de 2014. El régimen oligárquico de extrema derecha que asumió el poder con una ideología nacionalista comenzó a perseguir a sus oponentes utilizando métodos terroristas.

El ejemplo más trágico no ya de persecución sino de asesinatos por parte del régimen gobernante de Kiev contra oponentes ideológicos se produjo en Odessa el 2 de mayo de 2014, cuando militantes nacionalistas con la plena connivencia y asistencia de las autoridades impidieron las actividades antifascistas que tenían lugar en la Casa de los Sindicatos prendiendo fuego al edificio, lo que provocó que muchas personas se arrojaran por las ventanas para huir de las llamas y acabaran su vida al impactar contra el suelo. Más de 40 personas murieron entonces, entre ellas Vadim Papura, miembro del Komsomol (el sindicato de jóvenes comunistas) así como Andrei Brazhevsky, miembro de la organización de izquierdas Borotbá.

Nadie fue nunca castigado por este crimen, aunque quienes participaron en el atentado quedaron registrados en muchas fotografías y videos. Por si eso fuera poco, uno de los organizadores de la masacre se convirtió posteriormente en portavoz del Parlamento Ucraniano y otro entró en dicho parlamento en las listas del partido del antiguo presidente Poroshenko.

Igual ha ocurrido con los asesinos de varios políticos y periodistas bien conocidos de la oposición muertos desde 2014: la exdiputada del Partido Socialista de Ucrania Valentina Semenyuk-Samsonenko, (asesinato disfrazado de suicidio, 27 de agosto de 2014); el exdiputado, organizador de acciones opositoras Oleg Kalashnikov (asesinado el 15 de abril de 2015); el popular escritor y publicista antifascista Oles Buzina (asesinado el 16 de abril de 2015) y muchos otros. Del mismo modo, las actividades del mayor partido de izquierdas del país en aquel momento, el Partido Comunista de Ucrania fueron prohibidas.

Además, políticos, periodistas y activistas de mentalidad opositora, muchos de ellos de izquierdas, han sido golpeados, arrestados y encarcelados en los últimos años en base a falsos cargos de “alta traición” y otras acusaciones manifiestamente políticas. Esto fue así, en concreto, con los periodistas Vasily Muravitsky, Dmitry Vasilets, Pavel Volkov, y el activista proderechos humanos Ruslan Kotsaba, entre otros. Resulta característico que una vez en los tribunales, y a pesar de la presión de las autoridades, estas acusaciones por lo general se desmoronan y resultas ser completamente insostenibles.

La situación política se ha ido agravando año tras año, especialmente desde que Vladimir Zelensky se convirtió en el presidente de Ucrania. La razón formal para la completa eliminación de los restos de las libertades civiles y el inicio de una represión política abierta fue el conflicto militar que comenzó en Ucrania en febrero de 2022.

Todos los partidos de la oposición en Ucrania, la mayoría de izquierdas, entre los que se encuentra la Unión de Fuerzas de Izquierda (por un Nuevo Socialismo) bajo mi dirección, fueron prohibidos en base a acusaciones inventadas y falsas de ser “prorrusos”.

Al mismo tiempo, el único miembro del parlamento ucraniano que fue abiertamente a trabajar en las autoridades creadas por Rusia en el territorio de Ucrania, Oleksiy Kovalyov, representaba al partido del presidente Zelensky, Servidor del Pueblo. Además, durante toda la guerra, el partido gobernante se ha visto sacudido por sonados escándalos de corrupción que socavan la autoridad de los representantes públicos a los ojos del pueblo y destruyen los restos de autoridad de Ucrania a los ojos de la comunidad mundial (los casos del Jefe Adjunto de la Oficina del Presidente Kyrylo Timoshenko, el Ministro de Defensa Oleksiy Reznikov y su adjunto Vyacheslav Shapovalov, el Viceministro de Desarrollo de Comunidades, Territorios e Infraestructuras Vasily Lozinsky, Presidente del Consejo de Naftogaz Ukrainy Andriy Kobolev, Jefe de la Administración Militar Regional de Dnepropetrovsk Valentyn Reznichenko y otros). A pesar de que esta «actividad» del partido gobernante sea una amenaza directa para la seguridad y la existencia del país, por alguna razón aún no ha sido prohibida por las autoridades.

El Servicio de Seguridad de Ucrania (SBU) detuvo a diversos líderes de opinión y periodistas que antes de la guerra hicieron comentarios en los medios de comunicación y criticaron al gobierno. Todos ellos fueron acusados de fomentar una postura prorrusa, alta traición, espionaje, propaganda, etc.

Una larga lista de detenciones, desapariciones y muertes

En febrero-marzo de 2022 conocidos blogueros y periodistas fueron detenidos acusados de alta traición e ingresados en centros de detención preventiva (SIZO), como Dmitry Dzhangirov (de ideología izquierdista, colaboró con nuestro partido), Yan Taksyur (de ideología izquierdista), Dmitry Marunich, Mikhail Pogrebinsky Hace nueve años: “Impedir una destructiva guerra civil” – Rafael Poch de Feliu , Yuri Tkachev, etc. El motivo de su detención no fue en absoluto el de traición, sino el temor de las autoridades a su posición pública, que no coincidía con la oficial.

En marzo de 2022 el historiador Alexander Karevin, conocido por su ciudadanía activa, desapareció sin dejar rastro después de que agentes del SBU visitaran su casa. Karevin había criticado duramente en repetidas ocasiones la actuación de las autoridades ucranianas en el ámbito de las humanidades, la política lingüística y la política de memoria histórica.

En febrero de 2023 Dmitry Skvortsov, publicista y bloguero ortodoxo, fue detenido en un monasterio cercano a Kiev e ingresado en un centro de detención preventiva.

En marzo de 2022, en Kiev, la abogada y activista de derechos humanos conocida por su posición antifascista, Olena Berezhnaya, fue enviada a un centro de detención preventiva bajo sospecha de traición (en virtud del Artículo 111 del Código Penal). Esta activista había hablado ante el Consejo de Seguridad de la ONU en diciembre de 2021 sobre la ilegalidad de lo que estaba aconteciendo en Ucrania.

El 3 de marzo de 2022 los hermanos Alexander y Mikhail Kononovichi, activistas antifascistas, fueron detenidos en Kiev acusados de violar el Artículo 109 del Código Penal de Ucrania («acciones dirigidas a cambiar por la fuerza el orden constitucional o tomar el poder del Estado»). Se les ingresó en un centro de detención preventiva hasta finales de 2022 donde fueron golpeados y torturados, y se les negó la asistencia médica oportuna.

En mayo de 2022, en Dnipró, el SBU detuvo a Mikhail Tsarev, hermano del excandidato presidencial Oleg Tsarev, acusado de «desestabilizar la situación sociopolítica en la región». En diciembre de 2022 fue condenado por terrorismo a 5 años de prisión.

El 7 de marzo de 2022 seis activistas de la organización opositora Patriotas por la Vida desaparecieron sin dejar rastro en Severodonetsk y en mayo uno de los líderes del grupo Azov, Maxim Zhorin, publicó en Internet una foto de sus cadáveres, afirmando que «habían sido ejecutados», y que su asesinato estaba relacionado con su cargo y había sido llevado a cabo por estructuras paramilitares.

El 12 de enero de 2023 Sergei Titov, residente en Belaya Tserkov, una persona discapacitada medio ciega con una enfermedad mental, fue arrestado e ingresado en un centro de detención preventiva por «saboteador». El 2 de marzo se informó de que había muerto en dicho centro.

Desde noviembre de 2022 Dmitry Shymko, de Khmelnytsky, está en los calabozos por sus convicciones políticas.

Cientos de personas perseguidas por distribuir contenido político en Internet

Las autoridades han tomado bajo un férreo control el espacio informativo de Ucrania, incluido Internet. Cualquier publicación personal de los ciudadanos sobre errores en el frente, sobre la corrupción de las autoridades y los militares o sobre las mentiras de los funcionarios se declara delito. Estas personas, así como los blogueros y los administradores de los canales de Telegram, son objeto de acoso por parte de la policía y el Servicio de Seguridad.

Según el SBU, en la primavera de este año fueron bloqueados 26 canales de Telegram en los que la gente se informaba mutuamente sobre las convocatorias de movilización. Se realizaron registros a seis administradores públicos considerados sospechosos. De ese modo se bloquearon páginas que funcionaban en las regiones de Ivano-Frankivsk, Cherkasy, Vinnitsa, Chernivtsi, Kiev, Lviv y Odessa, a las que estaban suscritos más de 400.000 usuarios. Los administradores de dichas páginas se enfrentan a diez años de cárcel.

En marzo de 2022 se introdujo en el Código Penal de Ucrania el artículo 436-2 sobre la «Justificación, reconocimiento como lícita, negación de la agresión armada de la Federación Rusa contra Ucrania, glorificación de sus participantes», que en realidad va dirigido contra cualquier ciudadano de Ucrania que opine algo diferente de la postura política oficial.

Esta norma está formulada de tal manera que, en esencia, prevé castigar el «delito de pensamiento»: palabras, frases pronunciadas no sólo en público, sino también en una conversación privada, escritas en un canal privado o en un mensaje SMS enviado por teléfono. De hecho, estamos hablando de una invasión de la vida privada de los ciudadanos, de sus pensamientos. Esto se ha visto confirmado por la aplicación de la ley: a fecha de marzo de 2023, hay 380 condenas en el registro de resoluciones judiciales por simples conversaciones en la calle y “likes” en Internet, incluyendo penas reales de prisión.

Así, en junio de 2022, en Dnipró, un residente de Mariupol que en marzo de 2022 afirmó que los bombardeos contra la población civil y las infraestructuras civiles de Mariupol habían sido llevados a cabo por militares de las Fuerzas Armadas de Ucrania fue condenado a 5 años de prisión. Otra sentencia, basada en una conversación telefónica en marzo de 2023, fue dictada contra un residente de Odessa, condenado a dos años de libertad condicional por conversaciones «antipatrióticas y antiestatales» a través de un teléfono móvil.

Una residente del pueblo de Maly Bobrik en la región de Sumy, que en abril de 2022, estando en su patio en presencia de tres personas, aprobó las acciones de las autoridades rusas en relación con Ucrania y que luego no admitió su culpabilidad, fue condenada en virtud del Artículo 436-2 del Código Penal en junio de 2022 a una pena real de seis meses de prisión.

Al menos 25 ucranianos han sido condenados por «actividades antiucranianas» en las redes sociales. Según la investigación, estos residentes en Ucrania distribuían símbolos «Z», banderas rusas en sus páginas y calificaban la invasión de «liberación».

También se impusieron condenas no a quienes distribuyeron tales publicaciones, sino que sólo les «gustaron» (expresaron su aprobación en las redes sociales) -al menos los textos de dos sentencias dicen que los llamados «me gusta» tenían el objetivo de «llevar la idea a un amplio abanico de personas cambiando las fronteras del territorio de Ucrania» y «justificar la agresión armada de la Federación Rusa». La justificación por parte de los investigadores fue que las páginas personales tienen acceso abierto, y las publicaciones con «me gusta» pueden ser vistas por muchas personas.

Así, en mayo de 2022, en Uman, una pensionista fue condenada a dos años de prisión con un período de prueba de un año por el hecho de que «debido al rechazo a las actuales autoridades ucranianas […] puso los llamados «me gusta» en la red de Internet Odnoklassniki a una serie de publicaciones que justifican la agresión armada de la Federación de Rusia contra Ucrania».

En Kremenchug en mayo de 2022, de acuerdo con el Artículo 436-2 del Código Penal de Ucrania, fue condenado un ciudadano de Ucrania, que bajo un apodo habló en Odnoklassniki sobre los nazis en Ucrania y el desarrollo de armas biológicas financiadas por el Pentágono.

La represión empleada por el actual gobierno para luchar contra quienes discrepan ha convertido a Ucrania en el estado más carente de libertad de Europa, en un Estado en el que cualquier persona que se atreva a oponerse a las autoridades, a la oligarquía, al nacionalismo y al neonazismo arriesga la libertad y, a menudo, la vida.

Solicitamos toda la difusión posible de esta información, ya que en la situación actual solo una amplia publicidad internacional de los hechos presentados en este artículo puede ayudar a salvar a miles de personas cuya libertad y vida están ahora amenazadas en Ucrania.

(Maxim Goldarb es el Presidente de la Unión de Fuerzas de Izquierda. Traducido y publicado en Rebelión 11/05/2023)

En esta guerra solo hay agresores

(Autor: Christian Fischer, en Zwischenrufe)

Las guerras no se declaran oficialmente desde hace más de 50 años y casi nunca terminan con un acuerdo. Se empuñan las armas y se destruye como si fuera parte natural de la política. Incluso las «guerras de gabinete» de los siglos XVIII y XIX eran más civilizadas. La guerra en Ucrania es también -desde el punto de vista de un actor- sólo una «operación especial». Según el derecho internacional, hay un agresor y un defensor, porque la guerra tiene lugar en el territorio de Ucrania. Sin embargo, si se mira más de cerca, solo se puede identificar a los agresores.

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Ucrania está perdiendo la guerra, pero Rusia no la está ganando.

(*) Intervención en el IV Foro de voces, en clave de paz de la Universidad de Castilla-La Mancha

Ucrania está perdiendo la guerra. Su contraofensiva es un fracaso. Las armas occidentales y todo el valor de sus soldados se estrellan contra el hecho, apuntado por tantos observadores militares, tanto en Estados Unidos como en Rusia, de la aplastante inferioridad artillera, de aviación y de efectivos empleados. Las armas occidentales suministradas no cambian la realidad sobre el terreno. Eso repercute, necesariamente, en la moral de la tropa y de la población.

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John Bolton explica sin querer, por qué la política de EE.UU. sobre Rusia y China es errónea

Autor: Caitlin Johnstone

(En: John Bolton Accidentally Explains Why US Policy On Russia And China Is Wrong – Caitlin Johnstone )

El psicópata profesional John Bolton ha publicado un artículo en The Hill titulado «Estados Unidos no puede permitir la expansión militar china en Cuba». America can’t permit Chinese military expansion in Cuba | The Hill Sin pretenderlo, el artículo explica exactamente lo que está mal en la forma en que el imperio estadounidense sigue acumulando fuerzas fuertemente armadas en las fronteras de sus grandes adversarios.

¡Rusia quiere guerra!: !Vean cómo han colocado su país al lado de bases militares americanas¡

Citando un informe del Wall Street Journal del mes pasado en el que funcionarios estadounidenses anónimos afirman que La Habana ha entablado negociaciones con Pekín para una posible futura instalación conjunta de entrenamiento militar en Cuba, Bolton sostiene que EE.UU. debe utilizar cualquier cantidad de agresión necesaria para impedir la construcción de esta instalación, incluyendo el intervencionismo de cambio de régimen.

«El potencial de instalaciones chinas significativas en Cuba es una amenaza de línea roja para Estados Unidos», escribe Bolton, argumentando que tales actividades «bien podrían camuflar armas ofensivas, sistemas de lanzamiento u otras capacidades amenazantes.»

«Por ejemplo, los misiles de crucero hipersónicos, ya más difíciles de detectar, rastrear y destruir que los misiles balísticos, son candidatos naturales para su instalación en Cuba, una perspectiva que no podemos tolerar, junto con muchos otros riesgos, como una base de submarinos chinos», añade.

Todos ellos son argumentos que Rusia y China podrían esgrimir prácticamente al pie de la letra sobre la forma en que Estados Unidos amenaza sus intereses de seguridad con maquinaria bélica en su entorno inmediato.


Argumentando que EE.UU. no está «obligado por ningún compromiso que limite nuestro uso de la fuerza», Bolton aboga por «Revocar las relaciones diplomáticas con Cuba; aumentar las sanciones económicas tanto contra China como contra Cuba; y una aplicación mucho más estricta de las sanciones existentes» como respuesta inmediata a este hecho denunciado, abogando por un intervencionismo de cambio de régimen como solución última al comportamiento desobediente de Cuba.

«Si los presidentes Eisenhower o Kennedy hubieran actuado con más contundencia y eficacia contra Castro, podríamos haber evitado muchas crisis peligrosas de la Guerra Fría, ahorrándonos décadas de preocupación estratégica, por no hablar de la represión del pueblo cubano», escribe Bolton, y añade: «Con la creciente amenaza de Pekín, no deberíamos desaprovechar el momento actual sin reconsiderar seriamente cómo devolver esta isla geográficamente crítica a manos más amistosas de su propio pueblo.»

Bolton señala que la Bahía de Guantánamo «sigue estando totalmente a nuestra disposición hoy en día» para cualquier operación de la que EEUU decida servirse para derrocar a La Habana.

Este sería el mismo John Bolton que en 2002 acusó falsamente a Cuba de tener un programa de armas biológicas en un intento de barrer a la isla en la misma ofensiva bélica posterior al 11-S que estaba ayudando a EE.UU. a construir contra Irak con una agresión extrema.


Cada vez que hay el más leve atisbo de que una potencia extranjera establezca una presencia militar en el territorio de Washington, los halcones comienzan inmediatamente a hacer sonar los tambores de guerra y a exponer la hipocresía de la insistencia del imperio estadounidense en su derecho a formar alianzas militares y amasar fuerzas sustitutorias a las puertas de sus rivales geopolíticos. Los apologistas del imperio siempre desestiman las afirmaciones de Rusia y China de que las invasiones militares estadounidenses en su entorno constituyen un riesgo de seguridad inaceptable y afirman que ninguna nación tiene derecho a una «esfera de influencia» en la que esté prohibido entrar a sus enemigos, pero podemos ver claramente que Estados Unidos se reserva el derecho a su propia esfera de influencia a partir de sus propias doctrinas y comportamientos.

A principios de este año, el senador Josh Hawley preguntó inquietantemente a un auditorio: «Imaginen un mundo en el que los buques de guerra chinos patrullan las aguas hawaianas y los submarinos chinos acechan la costa de California. Un mundo en el que el Ejército Popular de Liberación tiene bases militares en América Central y del Sur. Un mundo donde las fuerzas chinas operan libremente en el Golfo de México y el Océano Atlántico». Es exactamente lo que el ejército estadounidense está haciendo alrededor de China.

La cosa más tonta que el imperio estadounidense nos pide que creamos es que el cerco militar de sus dos principales rivales geopolíticos es una acción defensiva, en lugar de un acto de agresión extrema. La idea de que los cercos militares de EE.UU. a Rusia y China son actos de defensa y no de agresión es una idiotez tan evidente que cualquiera que piense críticamente al respecto la descartaría de inmediato como la tontería que es, y sin embargo, debido a la propaganda, es la narrativa dominante en el mundo occidental, y millones de personas la aceptan como cierta.

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Cumbre de la OTAN en Vilnius: en el escenario de un crimen.

Por Clara Weiss y David North (Traducido de la Web WSWS)

Hoy, los líderes de la OTAN se reunen en Vilnius, Lituania, a sólo unos cientos de kilómetros del campo de batalla de la guerra en Ucrania, que ya se ha cobrado cientos de miles de vidas.

No faltarán las denuncias de la brutalidad rusa. Sin duda, al gobierno lituano en particular se le agradecerán sus esfuerzos por encabezar la guerra de la OTAN o, como la llaman los obedientes lacayos de los medios de comunicación, la lucha por defender la «democracia.»

Joe Biden, que acaba de aprobar la entrega de bombas de racimo a Ucrania, una de las armas más brutales y criminales de la guerra moderna, denunciará la inhumanidad de Vladimir Putin. Olaf Scholz, cuyo gobierno está llevando a cabo el mayor rearme desde Hitler y está a punto de estacionar 4.000 soldados alemanes en Lituania, volverá al escenario de algunos de los peores crímenes del imperialismo alemán, escupiendo propaganda de guerra bien preparada.

De lo que no se hablará es de la historia de la ciudad en la que se reúnen: Vilnius, antaño conocida como la «Jerusalén de Europa», fue escenario de algunas de las mayores y más bárbaras masacres de la historia de la destrucción de la judería europea dirigida por los nazis. Con el 95 por ciento de su población judía de antes de la guerra, unos 210.000 judíos asesinados, Lituania registró una tasa de mortalidad más alta que casi cualquier otro país de Europa. Los nacionalistas lituanos estuvieron entre los principales autores de aquel crimen histórico.

Al igual que sus homólogos ucranianos, la burguesía lituana combinó históricamente una tradición de amargo anticomunismo con un vil antisemitismo. Tras la ocupación soviética de Lituania en 1940, nacionalistas y generales de extrema derecha huyeron a Alemania, donde fundaron, en colaboración directa con el régimen nazi, el Frente Activista Lituano (LAF).

Casi simultáneamente a los pogromos que lanzaban los nazis y la Organización de Nacionalistas Ucranianos (OUN) en Ucrania Occidental, el LAF y los ocupantes alemanes iniciaron una orgía de matanzas masivas en Lituania. En menos de tres años, una comunidad de 800 años de antigüedad, que desempeñó un papel central en el desarrollo de la cultura judía y mundial, fue aniquilada casi por completo.

De los aproximadamente 210.000 judíos que vivían en Lituania antes de la invasión nazi del 22 de junio de 1941, 195.000 habían sido asesinados al final de la guerra en 1945. La inmensa mayoría había muerto a finales de 1941.

La característica más horrible del Holocausto en Lituania fue la participación abierta y desvergonzada de importantes sectores de la población en la caza, tortura y asesinato de judíos. La historiadora Masha Greenbaum ofrece un relato desgarrador de la matanza que asoló el país en los días previos e inmediatamente posteriores a la invasión nazi.

La entrada de los nazis en Lituania, que había sido anexionada por la Unión Soviética en 1940, fue acogida con entusiasmo por las fuerzas nacionalistas, anticomunistas y violentamente antisemitas. Entre sus principales figuras se encontraba el embajador lituano en Berlín, el coronel Kazys Skirpa, que era ampliamente conocido por ser un ferviente admirador de Adolf Hitler. Antes de la invasión alemana, Skirpa dirigía una importante red de fascistas lituanos. Greenbaum escribe en The Jews of Lithuania: A History of a Remarkable Community 1316-1945:

“Estas células de fascistas lituanos, simpatizantes nazis y nacionalistas lituanos eran componentes importantes del LAF, Lietuvos Aktyvistu Frontas (Frente Activista Lituano), el mayor y mejor organizado de los grupos nacionalistas. Pero había muchas otras facciones, como el Lobo de Hierro, el Ejército Lituano de la Libertad, los Halcones y el Frente Lituano de Restauración. Penetraron en las universidades, la función pública, las profesiones, incluso en los institutos. Según fuentes lituanas, el número de miembros de estos grupos clandestinos y unidades antisoviéticas alcanzó los 100.000”.

Tres días antes de la invasión, Skirpa -en contacto permanente con la Gestapo (policía secreta) y la Wehrmacht (ejército) nazis- publicó el folleto nº 37 para su distribución masiva por toda Lituania. Era un llamamiento no disimulado a la destrucción total de los judíos lituanos. Decía:

“Por fin ha llegado el día crucial para los judíos. Lituania debe ser liberada no sólo de la esclavitud bolchevique asiática, sino también del yugo judío de larga data.

En nombre del pueblo lituano, declaramos solemnemente que el antiguo derecho de santuario concedido a los judíos en Lituania por Vytautas el Grande queda abolido para siempre y sin reservas.

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El alegato de Schmidt

Hace 45 años un socialdemócrata de derechas publicó un artículo que hoy se lee como arqueología política.

El 26 de mayo de 1978, hace 45 años, el entonces canciller federal alemán, Helmut Schmidt, publicó un artículo en el semanario Die Zeit 220828-Medien-Plaedoyer-fuer-einen-fernsehfreien-Tag-ZEIT-ONLINE.pdf (nachdenkseiten.de) que llevaba por título “Alegato por un día sin televisión”. Hoy su lectura produce vértigo. Schmidt fue un canciller de la derecha socialdemócrata, el hombre del establishment que participó en la operación de derribo de su predecesor, Willy Brandt, hombre de izquierdas, éste sí, que quería cambiar las cosas y se granjeó por ello la hostilidad de lo que ahora se llama “deep state”, es decir de los que mandan de verdad en nuestros regímenes sin la menor relación con elecciones.

Produce vértigo porque, pese a todo ello, en aquel inocente artículo, Schmidt decía cosas que hoy serían completamente impensables en boca de nuestros impotentes políticos. Impotentes porque no solo son, como era Schmidt hace 45 años, rehenes de los poderes fácticos, sino que ni siquiera son soberanos sobre lo más básico de la acción política y la vida de la ciudadanía, hoy mucho más en manos de las instituciones oligárquicas y no electas que determinan los contenidos. Por ejemplo: el BCE en materia de política monetaria, la OTAN en el ámbito de la política exterior y militar, o la Comisión Europea en tantas otras cosas. Quiero decir con esto que, leído hoy, el artículo de Schmidt es un ejercicio de pura arqueología política. La España soviética de los ochenta – LoQueSomos

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¿Por qué tentamos la aniquilación nuclear?

Intervención del periodista estadounidense Max Blumenthal ante el Consejo de Seguridad de la ONU, 29 de junio de 2023

Max Blumenthal, periodista de la publicación disidente de Estados Unidos, The Grayzone, habló ante el Consejo de Seguridad de la ONU sobre el papel de la ayuda militar estadounidense a Ucrania en la escalada del conflicto con Rusia y los verdaderos motivos del apoyo de Washington a la guerra por poderes de Kiev.

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Hacia la Tercera

Estamos ante la mayor estupidez de la historia y es un escándalo histórico que en Europa aún no haya signos de un movimiento popular por la paz.

La guerra de Ucrania escala hacia la posibilidad de una especie de tercera guerra mundial. Y eso en tiempos de antropoceno, de cambio global inducido por el hombre que precisa para ser revertido de una nueva mentalidad y una intensa integración y cooperación internacional entre grandes potencias. Estamos ante la mayor estupidez de la historia y es un escándalo histórico que en Europa, continente reincidente en esta materia, aún no haya signos de un movimiento popular por la paz.

Debería haberlo. Un movimiento amplio, que, más allá de las diferencias sobre el reparto de responsabilidades en este conflicto entre grandes potencias por país interpuesto, proclamara que el enemigo es la guerra. Al mismo tiempo, en las instituciones europeas, independientemente de su sesgo neoliberal y oligárquico, se debería recordar aquel sentido común que el Presidente Kennedy expresaba en junio de 1963, hace exactamente sesenta años, desde el mismo corazón del imperio:

Defendiendo nuestros propios intereses vitales, las potencias nucleares deben evitar sobre todo aquellos enfrentamientos que llevan a un adversario a elegir entre una retirada humillante o una guerra nuclear. Adoptar ese tipo de curso en la era nuclear sería solo evidencia de la bancarrota de nuestra política, o de un deseo colectivo de muerte para el mundo«.

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