Occidente escala su guerra mundial

Gaza fue el anuncio, Ucrania el tanteo, Irán la escalada, pero Rusia y China son la traca y el objetivo final.

La Unión Europea continua afirmando “el derecho de Israel a defenderse”, mientras el jefe de su primera potencia confiesa que “Israel está haciendo el trabajo sucio por todos nosotros”

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Esperanza y derrotismo

Autor: Antonio Turiel

Aprovechando la reciente celebración del día de Sant Jordi, celebramos un sencillo pero bonito acto en mi laboratorio. Varios investigadores presentaron los libros que han publicado recientemente, hubo un pequeño recital poético-musical, se presentaron los resultados de una encuesta sobre el papel de la ciencia y las científicas y científicos en la sociedad, y por último, un vídeo breve de presentación de las actividades de mi centro. A largo del acto (bastante breve, en realidad, algo más de media hora) varias veces se mencionó el hecho de que nuestros trabajos y nuestras mediciones nos muestran que los océanos, y por extensión el medio ambiente, está experimentando una degradación sin precedentes y encima acelerada en los últimos años. Sin embargo, se insistía en la necesidad de alimentar «la esperanza». No el optimismo sobre la situación, no – sería bastante absurdo, a tenor de los datos – sino la esperanza de que seremos capaces de revertir la situación. Una esperanza en realidad bastante infundada teniendo en cuenta cómo nos ha ido durante las últimas décadas y el poco caso que se nos ha hecho al personal científico que investigamos la Crisis Ambiental. Significativamente, el vídeo institucional jugaba también con los conceptos de «ciencia» y «esperanza», en lo que para mi era un acto fallido porque, de algún modo, se sobreentendía que ambos conceptos son, en la práctica, mutuamente excluyentes o contradictorios.

Y es que lo son. Quienes trabajan (trabajamos) en el marco de las ciencias ambientales estamos viendo un desastre sin precedentes en prácticamente todas las variables ambientales que queramos mirar. Como hemos comentado varias veces, hemos sobrepasado ya 6 de los 9 límites planetarios identificados hace ya 16 años, y aún hay otros 2 límites que podrían ser sobrepasados en los próximos años, uno de ellos netamente oceánico (acidificación). 

El caso es que sobrepasar uno solo, tan solo uno de los límites planetarios, pone en riesgo la continuidad de la especie humana, y por tanto más tiempo que se prolongue esa situación de extralimitación, más riesgo se corre de entrar en una espiral irreversible de degradación ambiental, un punto de no retorno o tipping point. Eso, sobrepasando solo uno de los 9 límites. Ahora, qué significa sobrepasar, a la vez, 6 – y si seguimos como hasta ahora, dentro de unos años, 8 límites planetarios.

Después del acto estuve dándole muchas vueltas al asunto. ¿Qué sentido tiene que la consigna más o menos aceptada en la academia es que tenemos que transmitir un mensaje de esperanza? Pero aún, cuando gente como yo presenta con crudeza los puros y meros datos, es bastante normal que incluso por compañeros de profesión califiquen este discurso de «catastrofismo» o «pesimismo», cuando lo que se muestra son simplemente datos, desnudos, factuales. Hechos, al fin y al cabo. Pareciera como si cada vez que uno muestra que la cosa va de pena tuviera la obligación de hacer una jaculatoria a la capacidad de la Ciencia (así, con mayúsculas) y al ingenio del Ser Humano (también con mayúsculas) para descargar toda responsabilidad, para que quede claro que esto se va arreglar, aunque de momento no tengamos la más mínima idea de cómo.

Sin embargo, me parece difícil tomar una actitud más anticientífica. La ciencia tiene que mostrar las cosas de la manera más objetiva y desapasionada posible, sin dejar que las propias creencias sesguen los resultados, de modo que lo que se produzca sea de validez general y a partir de aquí se pueda construir lo que se necesita.

Y los datos son tremendos. En este momento, el desbalance radiativo, es decir, la diferencia entre la radiación que recibe el planeta y la que radia de vuelta al espacio, de acuerdo con las mediciones de los satélites de la NASA se ha multiplicado por 4 con respecto a los valores que tenía en 2002.

Hacia el año 2014 se produce un cambio brusco, y así hemos pasado de 0,37 W/m² en 2002 a los 1,37 W/m² actuales. Por qué ha pasado esto tan rápido tiene que ver probablemente con varios procesos como la pérdida de hielo en el Ártico (el agua absorbe más energía, el hielo la refleja) y la drástica disminución de la emisión de aerosoles fruto de la quema de combustibles fósiles, sobre todo SO2, en China, en su lucha con el grave problema de contaminación que tenían. Es por este desbalance que el calentamiento global claramente se ha disparado en los últimos años, y que acabamos el 2024 con una temperatura global en +1,6 ºC con respecto a los niveles preindustriales. A este paso, en unos pocos años más llegaremos a +2 ºC, lo cual sería catastrófico para España, porque haría que temperaturas de 50 ºC o más sucedieran con cierta frecuencia en verano, con grave riesgo para la vida de las personas, destrucción de ecosistemas, más incendios, etc. Y eso por no hablar de todas los cambios que se están ya generando en la circulación atmosférica y oceánica, de consecuencias imprevisibles. El tiempo de reaccionar a la Emergencia Climática se nos ha acortado considerablemente, mientras vamos hablando de esperanza.

A nivel de recursos, las noticias no son precisamente esperanzadoras. La crisis originada por la falta de combustibles se sigue extendiendo por Latinoamérica y África, como ya comentamos en un post anterior; ahora los problemas llegan con fuerza a México. Falta cobre, fundamental para toda la electrificación, y comienza a haber problemas de suministro en toda suerte de materias primas, desde cereales y cacao a metales diversos. Y en medio de este problema grave y estructural, la implantación de aranceles por parte de EE.UU. ha dejado el comercio mundial destartalado, empujando a la baja el precio del petróleo (porque hay menos consumo), lo cual pone en entredicho la inversión futura, particularmente en el fracking estadounidense y garantiza la escasez de petróleo en el futuro próximo. Por si eso fuera poco, y mientras continúan la guerra en Ucrania y el exterminio en Gaza, y otras 17 guerras por todos olvidadas, crece la conflictividad bélica entre India y Paquistán. La lucha por los combustibles, los metales, los alimentos, el agua… solo van a crecer en los próximos años. Pero nosotros tenemos que tener esperanza.

A mi me hace gracia cuando me acusan de derrotista y de pesimista. En realidad, yo soy una persona muy optimista. Porque aquí estoy, luchando a pesar de la evidencia que se acumula, porque aún creo que se puede conseguir mejorar la situación, porque aún creo que podemos lograrlo. Los que bajan los brazos, buscándose la coartada moral de «la esperanza», ésos son los verdaderos derrotistas, porque no hacen nada para intentar cambiar la situación, porque aceptan como inevitable lo que tenemos y lo que se viene.

Compañeros, compañeras, del mundo científico: hay que abandonar de una vez por todas la absurda insistencia en la esperanza, adormidera de conciencias. No es eso lo que necesitamos. La respuesta que tenemos que dar no es «la esperanza», sino el activismo. Tenemos que salir ahí fuera y explicar lo que pasa, denunciar lo que pasa, ser beligerantes con lo pasa, oponerse a lo que pasa. Es nuestra obligación moral ineludible, porque somos los que sabemos lo que pasa. Como dijo Albert Einstein, quien tiene el privilegio de conocer, tiene el deber de actuar.

Tenemos que salir ahí fuera, a defender a nuestros congéneres y a todo lo que está vivo. Porque no hay otra lucha que merezca más la pena, ninguna otra causa que sea más justa. Y ésta nos interpela. Esperanza no: activismo y justicia.

(Publicado en: The Oil Crash: Esperanza y derrotismo )

Puede que las ratas estén empezando a huir del barco del Genocidio

Tras año y medio de atrocidades genocidas, los consejos editoriales de numerosos medios de prensa británicos se han pronunciado de repente contra la embestida de Israel en Gaza. Los canallas mediáticos del establishment están oliendo cierto cambio en la dirección del viento

Autora: Caitlin Johnstone

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Cómo «censura» se transformó en «lucha contra la desinformación»: Una historia alemana en seis pasos

Este artículo, publicado en junio de 2024, describe el avance, en Alemania, del proceso censor que se vive en toda Europa. Desde entonces, la histeria antirusa y el apoyo directo al genocidio en Gaza, sitúan a Alemania en una clara vía de regreso a lo peor de su historia nacional: autoritarismo, miseria moral y militarismo revanchista.

Autora: Maike Gosch

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“Siempre en guerra”, el programa de You Tube del Instituto Quincy que se pregunta, ¿por qué?


Autora: C. Kaye Rawlings (*)


Estados Unidos es un país en guerra. Mientras escribo, Estados Unidos está bombardeando Yemen, suministrando armas a Israel mientras aniquila Gaza, llevando a cabo operaciones antiterroristas en docenas de países y librando una guerra por poderes contra Rusia en Ucrania. Mientras tanto, el presidente Trump sugiere que iría a la guerra con Irán «muy gustosamente» si la diplomacia nuclear colapsa.

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El conflicto de Ucrania y las incertidumbres de Trump

Vivimos una época convulsa. El drama de los cambios a los que asistimos reside en su profunda desconexión y contradicción con las necesidades de la humanidad. Cuando urge una concertación de las grandes potencias para afrontar cuestiones planetarias existenciales e inaplazables como la del cambio climático, asistimos a todo lo contrario: el escenario bélico de los imperios combatientes. En este artículo me centraré en la génesis del conflicto de Ucrania, tan mal explicado por nuestros medios de comunicación, y en las nuevas incertidumbres que aporta la presidencia de Donald Trump en Estados Unidos. (El lector interesado en un punto de vista más general sobre el momento de las relaciones internacionales, puede consultar este texto del año pasado publicado por la Universidad Pompeu Fabra, de acceso libre: content ). Respecto a la posición del autor, vaya por delante que su simpatía está con las víctimas de esta guerra, con los cientos de miles de soldados muertos y mutilados, con sus viudas y huérfanos. También con los encarcelados y represaliados por antibelicismo: En Rusia unos 800 a los que hay que sumar varios miles de multados; en Ucrania entre 10.000 y 15.000 condenados, por “traición”, “colaboracionismo” o “simpatías con la agresión rusa”, sin olvidar a los centenares de miles de desertores que en ambos países huyen de la perspectiva de morir por la patria.


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Intermedio ucraniano

Entre el acuerdo ruso-americano y la transformación de la guerra en Europa

El viernes un atentado con coche bomba mató en la periferia de Moscú a otro general ruso, Yaroslav Moskalik, vicejefe de la dirección principal operativa del Estado Mayor. Los atentados ucranianos contra militares y civiles en Rusia son frecuentes. En diciembre cayó el General Igor Kirilov y antes que él dos periodistas rusos y un diputado ucraniano refugiado en Moscú, entre otros. Según el General Leonid Reshetnikov, un jubilado del servicio de inteligencia exterior, estos atentados se cometen “bajo el directo asesoramiento” de los servicios secretos británicos. Su actual objetivo es torpedear las negociaciones para un acuerdo de paz entre el Kremlin y Washington.

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La hipocresía de los amigos del Papa


El sábado media Europa acudía a Roma para el funeral del Papa Francisco. Pero durante su vida, la UE no quiso saber nada de él. También en Alemania hay mucha hipocresía.

Autor: Eric Bonse

¿Ya lo olvidaron? El primer viaje del Papa Francisco fue a la isla italiana de Lampedusa en 2013, donde criticó la «indiferencia» del mundo ante la muerte masiva de refugiados en el Mediterráneo.

Diez años después, describió el Mediterráneo como la tumba de la dignidad humana. Desde la isla griega de Lesbos, llevó a Roma a doce refugiados de Siria. La UE respondió con el silencio y las muertes continuaron.

Sus llamamientos a la paz tampoco fueron escuchados. «Estoy consternado por la reanudación de los intensos bombardeos israelíes en la Franja de Gaza, que han causado numerosos muertos y heridos», escribió en marzo. Israel protestó.

Hubo indignación cuando Francisco pidió a Ucrania en 2024 que izara una «bandera blanca» y negociara el fin de la guerra con Rusia. «No os avergoncéis de negociar antes de que empeore».

Y ha empeorado.

La UE no ha hecho nada para facilitar las negociaciones y llevar la paz a Ucrania o Gaza. Nuestra ministra de Asuntos Exteriores Baerbock, «orientada hacia los valores», se distanció del jefe de la Iglesia católica.

Poco antes de su muerte, el Presidente del Bundestag, Klöckner, también se sumó a las filas de los críticos. Según el político de la CDU, la Iglesia debería centrarse en prestar apoyo espiritual a los fieles y hacer menos política.

Sin embargo, esto no impedirá que Klöckner viaje el sábado a Roma para el funeral, al igual que el canciller Scholz, el líder de la CSU, Söder, y la presidenta de la Comisión, von der Leyen. Durante su vida, ignoraron las palabras y los actos de Francisco. Ahora lo celebran como modelo e inspiración. ¡Qué hipocresía…!

(Publicado en: Die Heuchelei der Papst-Freunde | Lost in EUrope )