Victorias y caprichos del Me First

La cumbre de Helsinki no aporta distensión con Rusia, sino un poco más de confusión

La cumbre entre Donald Trump y Vladimir Putin del lunes pasado en Helsinki ha sido un éxito personal para los dos participantes, pese a su completa falta de contenido. No hubo en ella ningún acuerdo. El éxito fue el mero hecho de su realización.

Para Putin, porque se vio en un papel de superpotencia, que en general ya no corresponde a la realidad más allá del potencial nuclear militar, aspecto que Trump subrayó en varias ocasiones. A los rusos les gusta que se enfatice su único atributo de superpotencia. Eso fue un punto para Moscú. El otro es que al lado del payaso reaccionario Trump, Putin parece un político serio, consistente y razonable.

Para Donald Trump la cumbre fue una demostración del principal rasgo de su política, es decir lo que Noam Chomsky define como el Me First. Su éxito consistió en celebrar ese encuentro pese a las presiones acumuladas en contra y a la histérica criminalización de cualquier contacto con Rusia de parte del establishment de su país; políticos, servicios secretos y medios de comunicación. El contenido político de este éxito se puede resumir en la frase: “por mis cojones me tomo una pesicola con Putin, y vosotros os jodeís”.

Más allá de este Me First hay bien poca cosa. Trump es otro cretino belicista que ha colocado en los puestos claves de su administración a personajes inequívocos desde el punto de vista de la estricta continuidad de la política exterior americana: agresiva, irresponsable y desestabilizadora. Su incrementado gasto militar, sus rebuznos fachas en materia de emigración y su retirada del acuerdo de París contra el calentamiento global, demuestran un continuismo aun más escorado hacia la ultraderecha. Sus enmiendas y correcciones, como concentrarse más contra China y redefinir la globalización de acuerdo con las nuevas correlaciones de fuerzas globales, son cosas que ya venían de sus predecesores. El sólo desarrolla todo eso como elefante en cacharrería. Su verdadera aportación es este Me First, repleto de insultos, reproches y cuestionamientos contra aliados y adversarios, con el que, aparentemente, espera afianzar su posición electoral en Estados Unidos.

Ante Rusia se trataba de aguar la fiesta del mundial de fútbol. Con la inestimable ayuda de los amigos británicos, el caso Skripal pudo ser parte del preparativo (todo escepticismo es poco en estos asuntos), pero una vez superada la prueba futbolera con un gran éxito de imagen y organización, la acusación contra doce presuntos agentes de la inteligencia militar (GRU), señalados como los intrusos en los ordenadores del Comité Nacional Demócrata y del presidente de la campaña electoral de Hillary Clinton -de nuevo un documento de 29 páginas sin la menor prueba- intentó sabotear el encuentro de Helsinki pocos días antes de su celebración. Una vez más Trump y Putin se impusieron ante todo eso e incluso se permitieron ridiculizarlo en su conferencia de prensa, lo que no ha hecho más que realimentar la histeria mediática en Estados Unidos, verdadero termómetro de la pelea interna en el seno del establishment de ese país.

En un exceso de soberbía que es la marca esencial del Me First, Trump fue incisivo al ningunear el culebrón de la injerencia rusa en las elecciones americanas de 2016. Y eso parece que va a convertir la victoria del Me First en una nueva chapuza. Jefes y ex jefes de la CIA, senadores y periodistas de renombre vuelven a elevar su voz contra la última traición de Trump. El encuentro y la conferencia de prensa fueron, “la conducta más desgraciada nunca vista de un presidente de Estados Unidos”, dijo el presentador de la CNN y millonario, Anderson Cooper. Para esa gente el Me First es mayor delito que matar a más de un millón de iraquíes, mentir con las armas de destrucción masiva de Sadam Hussein o torturar en Guantánamo, cosas todas ellas del patrimonio de George W. Bush del que Trump no renegaría. Es la moral del imperio loco, la misma que destituyó a Nixon, el presidente con tres millones de cadáveres vietnamitas a su cargo, por un caso banal de espionaje de sus adversarios políticos… La misma moral que hoy pregunta a los americanos desde la columna de Thomas Friedman en el New York Times a propósito de la ridiculización de Putin y Trump de la leyenda de la ingerencia rusa en las elecciones, “¿Están ustedes con Trump y Putin, o con la CIA, el FBI y la NSA?”. Menudos pájaros.

La suma de todo ello es la confusión. Es muy posible que de Helsinki no salga absolutamente nada. Que progrese el diálogo con Rusia es todo menos seguro. El Me First es imprevisible por definición. Es posible que las cosas con Moscú se endurezcan aún más. Lo único claro es el cuadro extremadamente reaccionario sobre el que actúa este presidente americano. La confusión de Helsinki se suma así al caos que Trump incrementa en la OTAN, la UE, etc.

Los europeos pasaron de lanzar, en vísperas del encuentro, advertencias gallináceas de que Trump no cerrara acuerdos con Putin “a expensas de sus aliados” (el ministro de exteriores alemán, Heiko Maas y el consejero de Merkel, Peter Bayer), a la firma de declaraciones con China a favor  del libre comercio y un acuerdo comercial con Japón de dudoso beneficio para la UE. Ambos gestos contienen el mensaje: “tenemos otros socios”. En resumen, confusión y grietas por doquier que no parecen beneficiar a nadie.

 

4 comentarios en “Victorias y caprichos del Me First”

  1. El potencial militar de Rusia, no es su único atributo de superpotencia. También es muy potente científica, cultural y tecnologicamente. Comparados con los rusos, los yanquis son una vergüenza total.

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  2. Tantes sortides de to de Trump, no seran per la por de veure que res és igual i no saber com afrontar el repte que, per aquest motiu ha tingut lloc aquesta baralla de galls, del galliner mundial, on dos galls han definit les seves postures mentre les gallines del corral de la UE voletegen, recordant-los que, elles poden posar els seus ous on mes els convingui o això creuen.
    És un veritable retrocés, semble retornem sobre els nostres passos, no hauria la UE d’apropar-se més a Putin, no té mes sinergies amb Rússia que més enllà de l’oceà, o serà que el mascaró de proa del comunisme encara els tira enrrere.
    En la meva ignorància em pregunto com pot influir tant el Regne Unit amb la relació amb Trump i mes ara que se n´està anant.

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