Una victoria de cinco minutos

 Olvídense de la cumbre de Helsinki entre Trump y Putin: su resultado es igual a cero

El encuentro celebrado el 16 de julio en Helsinki entre los presidentes de EE.UU y Rusia, Donald Trump y Vladímir Putin constituye una victoria para ambos. Pero es una victoria de cinco minutos, cuyo efecto comenzó a evaporarse el mismo día, al concluir su conferencia de prensa y cuyas consecuencias prácticas podrían ser igual a cero.

La victoria consistió en que el encuentro llegara a celebrarse. Desde su llegada al poder Trump ha visto como parte del establishment de su país ha venido criminalizando cualquier propósito de restablecer la normalidad en las relaciones con Moscú. Los demócratas, malos perdedores, así como importantes sectores del estado, políticos, senadores, servicios secretos y medios de comunicación, inflaron la leyenda de la injerencia rusa en las elecciones, una acusación que en Rusia produce risa a cualquiera que recuerde los años noventa y que en Estados Unidos sirve para dirimir un conflicto interno con algunas consecuencias en materia de prioridades de la política exterior.

Trump se ha defendido contra eso, incluido kafkianas acusaciones macartistas de “traidor”, con una acción de gobierno estrictamente ortodoxa en lo esencial: servir a los ricos, mimar al complejo militar-industrial y mantener una apuesta belicista y agresiva hacia fuera. Eso en principio le blinda ante posibles ataques de las fuerzas que de verdad cuentan. Todo lo demás no son más que manifestaciones de una personalidad narcisista que reparte insultos y descalificaciones a diestro y siniestro para cultivar y mantener el estilo que le permitió ganar las elecciones. Lo primero es lo fundamental, mientras que lo segundo es anecdótico, pero sirve para cubrir lo primero, es decir una acción de gobierno aún más radicalizada hacia la ultraderecha y el servicio a los ricos.

La cruzada concreta contra Rusia por esta cumbre pudo empezar con el caso Skripal, el oscuro y presunto envenenamiento de un ex agente ruso con sustancias químicas que se atribuyó con gran escándalo, pero sin pruebas, a Moscú. ¿Fue aquello, con su masiva expulsión de diplomáticos, el preparativo para aguar la fiesta rusa del mundial de fútbol? Siempre que una potencia adversaria organiza un evento global, en occidente se ponen en marcha campañas. Recuerden las olimpiadas de Moscú durante la guerra fría, la de Pequín, los juegos de invierno de Sochi, etc., etc. En cualquier caso, poco después, ya en vísperas de la cumbre, apareció la acusación contra doce supuestos agentes del espionaje militar ruso, identificados -de nuevo sin pruebas, pero con gran ruido mediático- como autores del ataque informático a los correos de la campaña de Hillary Clinton.

Que todos estos intentos de reventarlo no impidieran el encuentro, es la victoria. Sin embargo todo eso se fundió como un bloque de hielo al sol. El encuentro no registró acuerdos ni comunicado alguno, solo una conferencia de prensa cuyo mensaje de parte de Trump fue, “pese a vuestros gritos, he impuesto mi cumbre”. De parte de Putin, el gustazo de aparecer en un papel de superpotencia que, exceptuando el arsenal nuclear, ya no se corresponde con la realidad del mundo pero sirve para conjurar complejos en Moscú, y sobre todo hacerlo junto a un tipo tan imprevisible y caprichoso como Trump, lo que realza la figura y discreción del presidente ruso, que, pese los estereotipos mediáticos es mucho menos peligroso para el mundo que su colega.  Más allá de eso, nada. Y encima la conferencia de prensa conjunta, en la que ambos presidentes ningunearon la leyenda de la injerencia rusa en las elecciones de Estados Unidos, ha suscitado nuevas acusaciones de “traición” contra Trump, nuevos escándalos e histerias en su país.

Por todo ello Helsinki fue una victoria de cinco minutos cuyas consecuencias prácticas para lo que importa -una normalización de relaciones entre Washington y Moscú- pueden ser igual a cero. Un poco más de confusión en un panorama generalizado de grietas que no beneficia a nadie, acaso con la excepción de China.

3 comentarios en “Una victoria de cinco minutos”

  1. M’ entraria el riure si no fos per que, en un país anomenat Espanya, a l’autarca Rajoy, li va entrar el pànic, en les darreres eleccions d’un petit territori on des d’un campanar es pot veure el campanar veí ……. al·ludint igualment a la ingerència russa .
    Pel que em pregunto, quines seran les seves pors, o bé quines pors els sostenen i perquè ho necessiten , sera que troban a faltar aquell enemic que portava banyes i cua i feia podor de sofra , a qui podien atribuir qualsevol disbarat, fent créixer irracionalment pors d’un passat, no tan llunyà , per tal d’ unir i ampliar la base dels seus votants . Qui els hi hauria pogut rebatre llavors? …..però, ara si poden treure’s el mort de sobre, tenen altaveus internacionals i poden ser tan o mes creïbles que els altres i, fer-ho en les mateixes cimeres no es anecdòtic sino una aplastant realitat , sense cap mena de dubte es farà mes habitual que molts creuen.

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  2. Este mundo contemporáneo nos depara singularidades como esta, se reunen dos de los principales mandatarios mundiales para hacerse una foto. No para abordar los problemas existentes. Es un signo de los tiempos que debemos interpretarlo en un analisis global. Nos acercamos a una situacion de colapso civilizatorio? Como en sus ultimas publicaciones, Rafael Poch nos da importantes informaciones.

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