Entender la Rusia de Putin

La Rusia postsoviética y el régimen del Presidente Putin, su nacionalismo, su crítico desdén y desconfianza hacia occidente y su escepticismo hacia los valores reclamados como “occidentales”, así como el considerable consenso que todo ello tiene en la sociedad rusa, no se comprenden sin atender a la humillación de los años noventa. Aquel periodo supuso una traumática depresión para millones de rusos, pero ofreció también un ambiente idóneo para la reconversión social de una casta administrativa en clase propietaria. Realizada aquella operación, en las elites rusas se planteó de nuevo la cuestión del Estado: restablecer su maltrecha función y autoridad, tanto dentro como fuera del país. Putin ha sido el encargado. Ese restablecimiento genera fuertes tensiones porque occidente no lo acepta. Una nueva guerra fría, sanciones, y grandes contradicciones en el seno del régimen y de la sociedad rusa, son las consecuencias. Este libro aborda todos esos aspectos, así como las raíces de las dificultades de Rusia con el pluralismo y el estado de derecho, y es una posdata de la crónica que el autor realizó hace quince años sobre el fin de la URSS y el nacimiento de la Rusia postsoviética, La Gran Transición. Rusia 1985-2002, publicada por Editorial Crítica, considerada la mejor síntesis de aquel tumultuoso periodo.

 

4 comentarios en “Entender la Rusia de Putin”

  1. Empecé a leer el nuevo libro de RPdeF ayer, miércoles noche. El prólogo de Pascual Serrano es magnífico; la cuidada presentación del autor, excelente. El primer capítulo es una sorpredente (por inusual en la perspectiva) historia de Rusia. Enseña mucho a los que no sabemos.
    Enhorabuena al autor, un historiador-periodista imprescindible para muchos de nosotros.
    Me olvidaba. Mientras leía, RPdeF también lo recuerda y lo vincula con su nuevo libro, he pensado en “La gran transición”. Un libro no olvidado que me recomendó en su día Francisco Fernández Buey. También “Tres historias sobre Rusia” (¿recuerdo bien el título?).

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  2. Putin por su formación y experiencia conoce que las agresiones contra Rusia desde la aventura de Napoleon hasta la agresión de la coalision occidental liderada por Hitler han sido por el desprecio racista de los llamados blancos y la
    divergencia religiosa porque la Iglesia Ortodoxa Rusa mantuvo el cristianismo original y no participo en los grandes crimenes de las Iglesias cristianas occidentales como la Inquisición y las conquistas que las convirtieron en la peor tragedia sufrida por la humanidad en su historia.
    Y Putin sabe que eso no tiene solucion y no puede confiar en occidente y logro rescatando lo que pudo de la Union Sovietica levantar una Rusia que brilla mas que antes como un gran pueblo.

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    1. Los rusos aún creen en la tesis de la Tercera Roma (son, a través de la dinastía Paleólogo de Bizancio, portaestandartes de lo quedó de Bizancio. Puede que no tengan reyes, pero la Iglesia Ortodoxa tiene tradiciones antiguas, y aún se recuerdan las buenas relaciones entre Nóvgorovd y Bizancio). Pese a la URSS, o quizas por eso mismo, Rusia se mantiene.

      En contraste,Europa se deshizo de algo muy importante: ha proseguido la senda de la Ilustración, que tantos frutos ha dado, pero no ha sabido nutrirla con una espiritualidad común. Y ese vacío existencial, que además reniega de las realidades de este mundo, no sirve para lo que necesitamos. No basta la riqueza material, sino algo más. Objetivos, una estabilidad, un proyecto futuro realista, algo que aúne lo viejo y lo nuevo. La UE lo parecía, hasta que se reveló incapaz de crear un marco politico coherente. ¿Qué quiere la UE? Ciertamente, no exactamente lo mismo que sus ciudadanos. Parece que de algún modo, la UE tendrá que volverse “Estados Unidos de Europa” para resolver las discrepancias de balanza fiscal y politica interior y exterior. Como proyecto político, de “arriba a abajo”, sin un nexo vital y común, no pasará de ser una Liga de Delos, donde una “Atenas” prepotente moverá el chiringuito según le dé. En otras palabras, fallos de diseño impuestos por unas realidades históricas y sociales que hacen inviable un ideal politico. Seguramente el príncipe Metternich (artífice del primer reparto oficioso de fronteras Europeo) se reiría ante nuestra “naiveté”. La realidad de los Estados-nación es aún fuerte, por golpeados y maltrechos que estén. Muchos ciudadanos europeos los reconocen y se identifican con ellos. La UE debe reformularse reconociendo esa realidad, y reconociendo los límites que eso impone.

      De lo contrario, no podremos avanzar, acabando como una mera península de Eurasia, un recuerdo fastuoso pero algo decadente (como Constantinopla décadas antes de su caída a manos de Solimán). Es tentador creer que podemos ser una gigantesca Suiza, pero ése no parece ser nuestro destino.

      Un Saludo!

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