Los tres delitos del chavismo

Pedro Sánchez emula al Aznar de las Azores

A lo largo de su historia, el chavismo cometió tres delitos que han llevado a la actual situación. El primero ha sido una gestión catastrófica del país, su economía y su política, con la entronización de un nuevo clientelismo, una enorme corrupción y últimamente también represión. Si en Brasil hay que preguntarse qué se hizo mal para que la administración progresista diera paso a Bolsonaro, en Venezuela las preguntas son aún más candentes.

Durante muchas décadas los gobiernos de Venezuela fueron incapaces de diversificar el monocultivo petrolero como fuente de ingresos. Era más fácil importarlo todo. El país vivía en una cruda realidad iberoamericana (realidad que Filipinas representa de forma idéntica en Asia): el 80% de la población no contaba para nada. El resto, una oligarquía y una clase acomodada, se beneficiaba de aquella economía con centro en Miami. Cuando había problemas y la gente de los ranchos de aquel 80%, bajaba al centro a pedir lo suyo, los aplastaban, como cuando el caracazo de 1989 (una masacre que coincidió con Tiananmen y que a diferencia de esta no merece el menor recuerdo mediatico). El chavismo ha seguido con esto. No supo diversificar el monocultivo petrolero e introducir una nueva cultura productiva en Venezuela.

El segundo

El segundo delito es que con el chavismo la renta petrolera se repartió socialmente entre aquel 80%, novedad sin precedentes. Aquel pecado alarmó a la oligarquía americana (del Norte y del Sur), incluidos los sectores venezolanos que funcionaban bien con la economía miamicentrista, y convirtió en maldito al gobierno de Chávez. Era un mal ejemplo continental, por más que fuera mezclado con nuevos y colosales privilegios y escandalosas corruptelas burocráticas. Lo que ocurre ahora, el intento de apartar del gobierno a Maduro, existía ya como proyecto cuando el chavismo gozaba de la mayor popularidad. Es una línea que ya comenzó en 2002, cuando el gobierno de la república bolivariana gozaba de sus mayores apoyos y consensos internos, lo que no impidió que fuera objeto de una intentona golpista apoyada por Estados Unidos y la España del Aznarato. Las sanciones contra el chavismo comenzaron en 2004.

Esa intervención exterior, junto con el sabotaje interno y la baja (a la mitad) de los precios del petróleo, es decir la acción de Estados Unidos, y de la oposición, la “clase perjudicada/asustada” venezolana, contribuyeron al deterioro económico y acentuaron aún más, los desastres del gobierno. La situación fue empujando al chavismo hacia un estrechamiento de relaciones económicas con China y Cuba (hay otros, pero estos son los que cuentan) que compensara las pérdidas de su ineficacia.

El tercero

Llegamos así al tercer y capital pecado que explica la actual situación: no solo se cometió el delito de repartir renta petrolera entre los pobres, aunque fuera para dar lugar a un nuevo embrollo corrupto-clientelar, sino que las primeras reservas mundiales de crudo se pusieron en sintonía con la única potencia emergente a la que Estados Unidos toma en serio. Y encima ahí estaba Cuba, recibiendo un balón de oxígeno que ayuda a mantener su gallarda -y tan cara pagada- historia de dignidad continental. Cuba podría ser el segundo gran motivo imperial de la actual situación.

Para comprender la situación y el terrible escenario que se prepara, hay que distinguir lo que importa de lo que no. La “democracia” o el “debate constitucional” sobre quien es más legítimo Maduro o el títere gringo, no importan en absoluto. Tampoco importan los crímenes y abusos imputados a Maduro. Importa el petróleo. Venezuela tiene las mayores reservas de crudo. Así que, en términos internacionales, el objetivo de la actual intentona es cortar estos procesos: malos ejemplos sociales, por más que fallidos, e indisciplina geopolítica que dañan claramente al dictado imperial.

No a la guerra

El cambio de régimen en Venezuela debe ser, “el primer paso para establecer un nuevo orden en América Latina”, titulaba el 30 de enero un artículo del Wall Street Journal. Los siguientes pasos serán derrocar a los gobiernos de Cuba y Nicaragua, explicaba. Se trata de expulsar las influencias chinas, rusas e iraníes de la región, romper el vínculo establecido entre Venezuela y Cuba, y hacer caer sus dos gobiernos, explicaba ya en noviembre el consejero de seguridad, John Bolton.

Por esos dos motivos, el delito social y el geopolítico, están preparando una gran violencia, cuyos mayores perjudicados serán las clases populares. Fundamentalmente se trata de lo mismo que vimos en Libia e Irak. El primer delito, el sufrimiento del pueblo, les importa una higa. Sería bueno que la oposición venezolana comprendiera esto antes de que sea demasiado tarde. Los precedentes avisan de que no se detendrán ante una guerra y que pondrán en marcha las mayores mentiras, por ejemplo citando “democracias y derechos humanos”. Tras el flagrante fracaso de Estados Unidos en el intento de cambio de régimen en Siria y los fiascos de Libia, los halcones de Washington parecen querer concentrarse de nuevo en América Latina. El Brasil de Bolsonaro ha sido su primer éxito.

Por todo eso, hay que ir desempolvando aquel “no a la guerra”, porque ya es más actual que nunca en Venezuela. No se trata de “defender a Maduro” como dirán los necios que miran el dedo que apunta a la Luna, sino de buscar una salida negociada que evite el baño de sangre que el Imperio del Caos quiere propiciar de nuevo.

P.S: La indignidad del PSOE

El gobierno español está siendo comparsa de esta fechoría: cómplice y vasallo del belicismo americano de siempre. Pedro Sánchez está emulando, con Donald Trump, al Aznar de las Azores que posó junto a Bush. Es así de claro. Lástima por el ministro Josep Borrell, raro personaje de talla que quedaba en el PSOE, ahora implicado en la peor indignidad. Hay dos cuestiones mayores, de principio, sin las cuales no puede construirse nada que valga la pena en el Siglo XXI. Dos cuestiones que definen y diferencian a la izquierda de la derecha: la oposición al belicismo imperial y al neoliberalismo. ¿Está Sánchez en alguna de las dos? Pésima noticia para el futuro de España y los mapas y alianzas que podrían impedir el regreso al gobierno de una derecha revitalizada por la quimera del estat catalá.

(Publicado en Ctxt)

 

 

 

 

 

9 comentarios en “Los tres delitos del chavismo”

  1. Gracias por tu claridad. Mis comentarios:
    Necesitamos un concepto más amplio de corrupción pues, de acuerdo con Adam Smith, los crímenes más atroces eran dos, la traición a la comunidad y la cobardía. Entiendo que ambos están relacionados y que el segundo lleva al primero. Por eso me parece que la principal corrupción es traicionar a la comunidad, poner los Parlamentos ‘democráticos’ (solo porque son elegidos …mediante manipulaciones y engaños) al servicio de los poderosos, bancos, farmacéuticas, eléctricas, constructoras, petroleras, telefónicas…etc.
    En este sentido, me parece que hay dos problemas que no citas al final y que son esta idea de corrupción y también la manipulación que construye personas enajenadas y desorientadas que no pueden entender con claridad .
    Teniendo todo esto en cuenta, la ‘ecuación’ sería así:
    NEOLIBERALISMO=GUERRA=CORRUPCION-TRAICION A LA COMUNIDAD=MANIPULACION-ENAJENACION
    Sin las dos últimas cuestiones me parece que no se puede entender adecuadamente pero está claro que no hay neoliberalismo sin guerra ni sin lo demás, necesita todo eso, como tú llevas mostrando con enorme claridad desde hace muchos años.
    Gracias

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  2. Gracies Rafael, Estic totalment d’acord amb el que planteges. I amb les conclusions. Els dos grans problemes al mon son l’imperi i el seu belicisme agressiu i el neoliberalisme. El belicisme imperial es el braç armat del neoliberalisme. Penso que ara sí que es pot dir “imperio no hay más que uno”, si jutgem pels fets del que passa al mon. Salut, Josep M.

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  3. La corrupción es inherente a todo poder. Para disminuir o evitar la corrupción serán necesarios mecanismos que impidan que el poder se concentre… pero conviene hacer una distinción porque hay dos tipos de corrupción;

    Una es digamos la corrupción normal o sistémica o interna, incluso estabilizadora, en la que el gestor se lleva su parte en “B”. Cuanto más rica y poderosa sea la empresa o el país, mejor y mayor será la rebanada que el gestor o corrupto puede conseguir. En este caso, los intereses de la mayor parte de la población y del gestor corrupto en buena medida coinciden. Este tipo de corrupción ocurre en todos los países y por supuesto también en los países centrales, “civilizados” y poderosos.

    Pero hay una corrupción desestabilizadora, mucho más dañina que más que corrupción consiste en traición, que es aquella en la que el gestor recibe más dinero y beneficio, cuanto peor le vaya al país y a la mayoŕía de los ciudadanos. Esta traición o corrupción es la que tienen que sufrir casi en exclusiva, los habitantes de países débiles o bananeros o de posición periférica.
    Para mayor desgracia acontece que si los gestores de estos países débiles deciden por alguna circunstancia o razón histórica no ejercer este segundo tipo de corrupción invariablemente se empiezan a “romper cosas”.

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  4. El PSOE es y será la pata complementaria de la derecha en esta transición, que no es tal sino una prolongación maquillada del franquismo. Borrell fue, fue y será un aparatchick eterno de este elenco de pálidos socialdemócratas, a “la española”. El reacomodamiento del basquetbolista, convertido en presidente, tras apartar a Rajoy del poder fue tan certero como el breve vuelo de una mariposa. Ya lo había intentado antes aliándose con ciudadanos, mostrando su percal de centro derecha. Ahora lo refrenda con creces, atacando a Venezuela. A tal efecto, nada tiene que envidiar al Aznar de las Azores. Vivir tanto tiempo en España me acostumbró a visionar ésta clase de espectáculos. En mi blog escribí mucho sobre el tema. lo cierto radica en que, cada tiempo del PSOE, partido originariamente financiado por Alemania, es complementado por la derecha franquista, que, através del PP, Ciudadanos y ahora VOX, se prepara para retomar el poder, con más furia y odio social que antes de perderlo

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