Hacia una escalada bélica

La debilidad militar rusa en la primera fase de la guerra Ucraniana determina mayor presión militar en la segunda fase e incentiva el general impulso occidental para una gran guerra.

El sitio de Sebastopol (Franz Roubaud)

Asistimos en Ucrania a una repetición de la situación vivida en la “guerra de invierno” de la URSS contra Finlandia, de noviembre de 1939 a marzo de 1940. El fracaso de la “guerra relámpago” que los rusos parecían contemplar como primer escenario de su invasión de Ucrania, está teniendo como claro efecto incentivar el intervencionismo militar occidental en el conflicto.

Precedente finlandés

En lugar del esperado desmoronamiento, la confraternización y masiva deserción del ejército regular ucraniano, de la huida del gobierno hacia Ucrania Occidental ante la proximidad de las tropas rusas en Kíev y de una escasa resistencia en el Este y Sur del país, Moscú se encontró con otro cuadro que le ha obligado a cambiar de plan e incrementar la presión militar.

Como ahora en Ucrania, Moscú buscaba distancia en aquella “guerra de invierno”. Leningrado, actual San Peterburgo,quedaba entonces a unos 40 kilómetros de la frontera finlandesa. Finlandia, como Polonia, había logrado salirse del Imperio Ruso con la quiebra del zarismo y la posición de la antigua capital imperial estaba geográficamente demasiado comprometida y expuesta a una invasión. La guerra buscaba ampliar la zona de seguridad, algo que los dirigentes rusos mencionan ahora referido a Ucrania y que desde hace siglos ha sido uno de los motivos básicos del expansionismo defensivo ruso en un país de enormes espacios sin barreras ni limites geográficos.

También entonces las cosas salieron mal -o “como siempre”, según el dicho ruso popularizado por el ex primer ministro Viktor Chernomyrdin en los noventa- y lo que debía ser una “corta guerra victoriosa” ante un pequeño adversario, se cobró un enorme precio de centenares de miles de bajas rusas. El ataque estuvo pésimamente planeado, sin tener en cuenta el escenario, el clima ni problemas logísticos básicos. Los prisioneros soviéticos se quejaban de falta de material y municiones. Muchos años después, Nikita Jrushov calificó de “peligrosa” aquella derrota de los finlandeses, precisamente porque, “la evidencia de que la URSS era un gigante con los pies de barro, animó a nuestros enemigos”, dijo. Quince meses después de la firma de la paz con Finlandia, Alemania invadía la URSS.

Sangrar al oso

Ahora Estados Unidos, la OTAN y la Unión Europea, que en el inicio de la campaña aseguraron que no intervendrían en ella, se están animando. No solo son los ojos y oídos tecnológicos del ejército ucraniano, lo que permite a éste golpear con precisión, limitar la superioridad aérea del adversario y matar a sus generales, sino que incrementan el suministro de armas con la manifiesta intención se sangrar al oso en la trampa en la que él mismo se ha metido. Curtis Schaefer’s answer to Is it becoming increasing clear that Biden & the USA is instigator behind the Ukraine War and wants to prolong the war by adding fuel to the fire? – Quora

2500 millones de dólares desde el inicio del conflicto, solo por parte de Estados Unidos, que se suman a los envíos previos a la invasión y al intenso entrenamiento de cuadros del ejército y los servicios secretos ucranianos a cargo de la CIA que comenzó en 2015, inmediatamente después del cambio de régimen en Kiev. (CIA-trained Ukrainian paramilitaries may take central role if Russia invades (yahoo.com) )

En Europa el consenso es que “este conflicto se ganará en el campo de batalla», en palabras de Josep Borrell tras anunciar otros 500 millones de euros del Fondo Europeo en Apoyo de la Paz (FEAP) para proveer de más armas a los ucranianos. La OTAN ha puesto 40.000 hombres más en su flanco oriental, establecerá mas bases militares permanentes en Europa Oriental y suministra misiles tierra-aire para abatir aviones rusos y misiles contra naves rusas en el Mar Negro. De Eslovaquia han llegado baterías antimisiles de fabricación rusa S-300, que los rusos dicen haber destruido ya en Dniepropetrovsk (Dnipró). Los más insensatos del club europeo, es decir los polacos, insisten en llevar a cabo una intervención militar terrestre en Ucrania Occidental, aunque sea sin la bandera de la OTAN. Washington no enviará tropas a Ucrania (los cuadros de las SAS británicas y los Delta americanos están allá “desde el principio de la guerra”, dice el corresponsal de Le Figaro, Georges Malbrunot) pero está dispuesto a apoyar a los países de la OTAN si alguno de ellos lo decide, declara la embajadora de Estados Unidos ante la ONU, Linda Thomas-Greenfield.

Presión informativa

En el fomento de esta escalada, el papel del complejo mediático es clave. Los crímenes de la soldadesca que en las guerras de Occidente son considerados excepciones en los contados casos en los que son desvelados, están siendo considerados norma y debidamente amplificados, incluso en los casos en los que no hay evidencia independiente de su verosimilitud. Por desgracia algunos de ellos han sido demostrados y nos retrotraen a escenas ya conocidas como las vividas en la localidad chechena de Shamashkí en abril de 1995.

“Todos los rusos son ahora nuestros enemigos”, “Tanques para la ofensiva” titula el Frankfurter Allgemeine Zeitung, principal diario alemán. “Una intervención militar de la OTAN ya no debe ser tabú”, señala Die Welt. Poco después de un mes de iniciada la invasión rusa, la negociación ha desaparecido por completo del horizonte occidental: “nuestro objetivo es que Rusia no gane esta guerra”, dice el Canciller Olaf Scholz. “Eso es lo que hay detrás de nuestros envíos de armas, de nuestra ayuda financiera y humanitaria, de las sanciones y de la recepción de refugiados”, explica.

El Presidente Biden, que puede tener en el gran indice de desaprobación hacia su persona en su país y en la inflación, que achaca “a los rusos”, un motivo político para la guerra exterior, está sometido a influencias de sentido diverso. Desde el Pentágono y la CIA se le aconseja prudencia, desde el complejo mediático y el Departamento de Estado se le invita a implicarse más. En sus declaraciones Biden ya habla de un conflicto de años por delante “entre democracia y autocracia, libertad y represión” y se le escapa en un discurso la voluntad de cambiar el régimen en Moscú al afirmar que Putin (“criminal de guerra” y autor de “genocidio”) “no puede seguir mandando” allá. Una mayoría de americanos apoyan en las encuestas el establecimiento de una “zona de exclusión aérea” si la guerra persiste, pese a que los militares advierten que eso supone derribar aviones rusos y que los rusos derriben los propios, así como la necesidad de atacar defensas antiaéreas en territorio ruso. En su editorial del 10 de abril, The Observer aboga por la intervención militar directa en Ucrania Occidental, que los polacos desean, suministrar tanques y aviones y destacar fuerzas navales en el Mar Negro que disuadan de cualquier propósito de tomar Odesa. “Los riesgos son obvios pero su única alternativa es una carnicería sin fin. Si Occidente es serio en su propósito de detener la guerra, esas medidas fuertes pueden ser la única vía”.

Preparativos contra China

En Washington el dilema “o contra Rusia o contra China” que tantas divisiones creó en el establishment durante la presidencia de Donald Trump se ha resuelto definitivamente: contra ambas. “La mejor manera de actuar contra China es derrotar a Rusia”, dice un conocido analista local, expresando el nuevo consenso.

En su última reunión de ministros de exteriores, el día 8 en Bruselas, la OTAN señaló claramente los preparativos de guerra contra China que se reflejarán en el anunciado “nuevo concepto estratégico” que debe aprobarse en la cumbre del próximo junio en Madrid. Por primera vez en su historia los ministros de exteriores de Corea del Sur y de Japón participaron en un cónclave de la OTAN de ese nivel en Bruselas, además de los de Australia y Nueva Zelanda. Japón se ha sumado a las sanciones contra Rusia y ha deshecho en cuestión de días todos los avances en la complicada relación bilateral con Rusia trabajosamente logrados bajo el mandato de Shinzo Abe. El Aukus (Australia, Inglaterra y Estados Unidos) ha anunciado el desarrollo de nuevos misiles hipersónicos para el escenario asiático. “Las políticas coercitivas de China a nivel global son un desafío sistémico a la seguridad de la OTAN”, ha dicho su secretario general Jens Stoltenberg.

Los chinos toman buena nota de todo ello. “Estados Unidos siente que la fuerza de sus aliados en el Pacifico occidental no es suficiente y quiere implicar a toda la OTAN en su diseño indo-pacífico”, estima el diario chino Global Times.

Los resultados de la primera fase de la invasión tan ambiguos para Moscú y tan desastrosos para la imagen internacional de Rusia en Occidente, han incrementado la expectativa de un segundo desastre ruso en la “batalla del Donbass” que ahora se anuncia y en la que los rusos esperan rodear y aniquilar en una bolsa al mayor y más combativo cuerpo de ejército ucraniano. Habrá que ver si las armas y recursos occidentales así como el empeño ucraniano, logran torcer de nuevo el propósito.

En Moscú el revés de la primera fase ha generado una mezcla de mal humor, contrariedad y jactancia entre los propagandistas de la guerra que salen por la tele. El inquietante endurecimiento del discurso, contra Ucrania, contra la nación ucraniana y contra los ucranianos en general, es la consecuencia. También la emigración: 100.000 jóvenes rusos, en gran parte especialistas cualificados, abandonaron el país en marzo y se espera que las cifras de abril sean similares.

Podemos preguntarnos hasta dónde llegará esta locura en Rusia, sin perder de vista esa demencia mucho más general que empuja inequívocamente al mundo hacia una gran guerra.

(Publicado en Ctxt)

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“Esta guerra es una pérdida de tiempo en un siglo en el que no nos podemos permitir el lujo de perderlo”

(Una entrevista de Pablo Iglesias, 1/04/2022)

Rafael Poch en una entrevista en La Casa Encendida

Rafael Poch-de-Feliu (Barcelona, 1956) es una de las voces que más rigor y seriedad ofrece para hablar, en España, de la guerra en Ucrania. Autor de varios libros sobre Rusia y China, ha sido profesor de Relaciones Internacionales en la Universitat Pompeu Fabra y en la UNED y fue, durante más de tres décadas, corresponsal de La Vanguardia en Moscú, Pekín y Berlín. Acaba de publicar en la colección “¡Movilizaos!” de la editorial de CTXT La invasión de Ucrania, una recopilación de textos suyos de los últimos ocho años que representan un mapa de urgencia para orientarse y entender las claves del conflicto. Navegando en un mar de basura informativa, periodismo de tertulia y propaganda, el libro de Poch es un bote salvavidas de decencia intelectual e información. Devoro sus 90 páginas en dos viajes de ida y vuelta de Galapagar a Madrid armado con un rotulador y un bolígrafo. Anoto y subrayo el texto sin compasión para preparar los programas de La Base que dedicamos a la invasión rusa de Ucrania y, finalmente, propongo al autor entrevistarle sobre su libro, pidiéndole que explique algunos párrafos que he subrayado con más agresividad de la cuenta. Allá vamos.

La Rusia de Weimar y la geopolítica

Esta Rusia de Weimar nunca habría llegado aquí sin su Versalles. ¿Repetirá Occidente el error intervencionista cuando llegue la quiebra del régimen de Putin?«

La primera parte no precisa explicación: todo el mundo entiende que el cierre en falso de la Guerra Fría, y la estafa que siguió a la histórica retirada imperial de la URSS, contribuyeron al actual estado de ánimo de la sociedad y de los dirigentes rusos.

Sobre lo segundo: mi impresión es que la guerra solo puede tener dos resultados para Rusia: 1- malo y 2- muy malo. Si eso es así la hipótesis de una quiebra de régimen en Rusia, a corto, medio o largo plazo, es bien plausible. En 1905, comenzó la quiebra del zarismo con un humillante desastre militar ante Japón. Por muy hábiles que sean los dirigentes rusos en la administración de las sanciones occidentales –y la política del Banco Central de Rusia no podemos calificarla de “hábil”– sus efectos serán devastadores para la sociedad rusa. ¿Cual será su reacción? No está claro que la actual caricaturización de la invasión imperial de Ucrania como una “II Guerra Patria”, una especie de apostilla a la II Guerra Mundial, funcione hoy en Rusia para que la ciudadanía se sacrifique en el altar de la “seguridad nacional” y las “amenazas existenciales” contra Rusia. No estamos ante la sociedad de aquella URSS de los años cuarenta, cincuenta y sesenta, dispuesta a sacrificios extraordinarios. Menos aún sobre un guion deficiente. De ahí, mi pregunta sobre el “intervencionismo” exterior si se produce una quiebra. ¿Intentará Occidente poner a los suyos en Moscú, como hizo en Ucrania en 2014? Históricamente, el intervencionismo extranjero en un país como Rusia ha sido desastroso. Sería extremadamente peligroso.

Para China, Taiwán es su Ucrania. Saben que si Rusia se rompe los dientes allí aumentará su propia debilidad.

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La propaganda antirrusa, enloquece

La criminal invasión rusa de Ucrania y los desastres que ocasiona están dando lugar a una demencial campaña no ya contra el gobierno ruso, sino contra «los rusos», contra el pueblo ruso, el deporte ruso y hasta la cultura rusa. Un video cubano sobre el fenómeno de la rusofobia que tanto recuerda a la germanofobia de la campaña contra los «hunos» en el inicio de la primera guerra mundial, hace más de un siglo.

El ruso es culpable

Cambios de régimen

Un mes de guerra en Ucrania (….y III)

La economía europea, desde Lisboa a Vladivostok, sufrirá un serio colapso como consecuencia de la guerra en Ucrania. Eso va a tener, está teniendo ya, consecuencias en los diferentes regímenes políticos de los países implicados.

Llama mucho la atención estos días el tono de la música que nos llega de Moscú. Por ejemplo la última alocución del Presidente Putin advirtiendo contra el “enemigo interior” la “quinta columna” y los “traidores”.

“Occidente quiere convertirnos en un país débil y dependiente, violar nuestra integridad territorial, fragmentar el país”, dijo Putin. Con ese objetivo se apoyan en la “quinta columna”, esos “traidores nacionales que ganan dinero aquí pero viven allí, no en el sentido geográfico, sino en el mental, de acuerdo con su conciencia de esclavos”. “Esa gente está dispuesta a vender a su madre (…) pero el pueblo ruso sabrá distinguir a los verdaderos patriotas de la escoria y los traidores”. “Una tal depuración solo reforzará a nuestro país, nuestra solidaridad, cohesión y disposición a cualquier desafío”.

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La respuesta del Occidente ante invasión rusa demuestra que no hay excusas para rechazar el BDS contra la ocupación israelí

16 de marzo de 2022

Una declaración del Comité Nacional Palestino BDS

El pueblo palestino observa con mucha empatía el sufrimiento de millones de ucranianos y ucranianas que se enfrentan a la guerra, especialmente las más de dos millones de personas ucranianas refugiadas, que buscan seguridad en los países vecinos. En armonía con la mayoría de la humanidad, que habita en el Sur Global, el Comité Nacional Palestino de BDS, se opone a la guerra, ya sea la agresión ilegal de Rusia a Ucrania hoy en día, que independientemente de las persistentes provocaciones de la OTAN, viola la Carta Fundamental de las Naciones Unidas, así como también a las muchas guerras ilegales e inmorales dirigidas por Estados Unidos o la propia OTAN en las últimas décadas, que han devastado naciones enteras y matado a millones de personas. 

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“Esta guerra no era inevitable”

Una entrevista del semanario Brecha de Uruguay con el sociólogo ucraniano Volodymyr Ishchenko. (24 de marzo de 2022)

Por Francisco Claramunt

Investigador de los movimientos de protesta en su país, Ishchenko habló con Brecha de los debates sobre Ucrania en la izquierda global, del crecimiento del extremismo y del futuro de la identidad ucraniana.

Volodymyr Ishchenko es doctor en Sociología por la Universidad Nacional Tarás Shevchenko de Kiev e investigador asociado del Instituto de Estudios sobre Europa Oriental de la Universidad Libre de Berlín. Su trabajo se ha centrado en el estudio de la sociedad civil, las protestas y los movimientos sociales de Ucrania y la región. Es autor de varios artículos académicos sobre la política ucraniana contemporánea, el levantamiento de Euromaidán y la guerra en el Donbás. Ha publicado en Post-Soviet AffairsNew Left Review, entre otras revistas especializadas, y ha colaborado con The Guardian Al Jazeera Jacobin, entre otros medios internacionales. Actualmente está trabajando en la obra colectiva El levantamiento de Maidan: movilización, radicalización y revolución en Ucrania, 2013-2014.

—Fuera de Ucrania y de Rusia, existe un debate en la izquierda y sus intelectuales acerca de cuál debe ser la postura ante esta guerra. Algunas voces, como la de Noam Chomsky (véase en este número «Abrir la puerta de salida»), favorecen una salida negociada a la invasión y defienden esta búsqueda de un compromiso diplomático como el único enfoque sensato desde un punto de vista progresista. Otros, como por ejemplo Étienne Balibar (véase en este número «Sobre la guerra europea»), reclaman que la izquierda internacional dé todo su apoyo a la resistencia ucraniana y, al menos de momento, deje otras consideraciones de lado o en un lugar secundario. ¿Cómo ve usted este debate?

—Mi opinión es que la prioridad por sobre todas las cosas debe ser salvar las vidas ucranianas, las ciudades ucranianas, la economía ucraniana. Mientras más pronto consigas un acuerdo de paz, más vidas salvarás, menos ciudades serán destruidas y menos dañada resultará la economía. Si la guerra tiende a prolongarse, si ya no se trata de parar la invasión rusa, sino de, por ejemplo, lograr la caída de Putin cueste lo que cueste –lo que puede no ser un objetivo accesible–, significará transformar Ucrania en Afganistán. Un lugar donde una guerra eterna se sucede por años sin pausa, con un Estado fallido, con la economía retornando a un estado premoderno, con la industria completamente destruida y millones de refugiados que no pueden volver a su hogar por años [véase «Noticias de Moscú»]. Y este escenario, honestamente, sería solo el segundo peor para Ucrania si esta guerra llegara a degenerar en un conflicto nuclear. Claramente, no deseo esto para mí país.

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¿El suicidio del dólar?

   Un mes de guerra en Ucrania (II)              

Se están creando las condiciones para el crecimiento de un bloque no-occidental en la economía global.

El 26 de febrero Estados Unidos y sus aliados confiscaron las reservas de oro y divisas del Banco Central de Rusia que este tenía en Occidente, alrededor de la mitad del total de sus reservas, es decir unos 300.000 millones de dólares. Ni la reserva federal de Estados Unidos (FED) ni el Banco Central Europeo (BCE) fueron consultados al respecto. Son muchos los observadores que estiman que la medida será autodestructiva para la hegemonía global del dólar, sobre la que reposa la estabilidad de la deficitaria y monumentalmente endeudada economía de Estados Unidos.

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El gran peligro

Un mes de guerra en Ucrania (I)

Nos encontramos en el momento más peligroso desde la crisis de los misiles de Cuba de 1962

La sucesión de «guerras justas» en la cubierta de The Economist

Nos encontramos en el momento más peligroso desde la crisis de los misiles de Cuba de 1962. Hemos asistido a un intercambio de advertencias y amenazas nucleares a cargo de los presidentes de las dos potencias que concentran el grueso de la capacidad de destrucción masiva del planeta. Ya en febrero, Biden advirtió a Putin que si invadía Ucrania se arriesgaba a un conflicto nuclear. Por su parte, Putin declaró, una vez iniciada la invasión, que colocaba sus fuerzas estratégicas en alerta. Eso es algo que no tiene precedentes desde 1962 cuando con Kennedy y Jrushov el mundo estuvo al borde de una guerra nuclear.

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