La cumbre de Helsinki no aporta distensión con Rusia, sino un poco más de confusión
La cumbre entre Donald Trump y Vladimir Putin del lunes pasado en Helsinki ha sido un éxito personal para los dos participantes, pese a su completa falta de contenido. No hubo en ella ningún acuerdo. El éxito fue el mero hecho de su realización.
Para Putin, porque se vio en un papel de superpotencia, que en general ya no corresponde a la realidad más allá del potencial nuclear militar, aspecto que Trump subrayó en varias ocasiones. A los rusos les gusta que se enfatice su único atributo de superpotencia. Eso fue un punto para Moscú. El otro es que al lado del payaso reaccionario Trump, Putin parece un político serio, consistente y razonable.
Para Donald Trump la cumbre fue una demostración del principal rasgo de su política, es decir lo que Noam Chomsky define como el Me First. Su éxito consistió en celebrar ese encuentro pese a las presiones acumuladas en contra y a la histérica criminalización de cualquier contacto con Rusia de parte del establishment de su país; políticos, servicios secretos y medios de comunicación. El contenido político de este éxito se puede resumir en la frase: “por mis cojones me tomo una pesicola con Putin, y vosotros os jodeís”. Continuar leyendo «Victorias y caprichos del Me First»