Moscú ha aprovechado un genuino movimiento popular antioligárquico para apadrinar un cambio político en Kazajstán.
Rafael Poch
Arriba, imagen de Nur Sultán la capital que lleva el nombre del Caudillo. Abajo, aspecto de Zhanauzen, cuna de la protesta donde la oligarquía extrae sus petrodólares.
Aún desconocemos los detalles, pero todo indica que Moscú ha aprovechado un movimiento popular antioligárquico para apadrinar un cambio político en Kazajstán. Un complot envuelto en una revuelta. Un “Maidán, al revés”, podríamos decir.
Si en Ucrania Occidente promovió en 2014 un cambio de régimen, transformando el corrupto equilibrio del Presidente Viktor Yanukovich, entre Rusia y Occidente, en la también corrupta obediencia proccidental de Poroshenko y sus sucesores, con lo ocurrido en Kazajstán Moscú ha aprovechado la genuina ola de huelgas obreras para, como mínimo, atenuar la diversificación entre Occidente y Rusia/China practicada durante décadas por el caudillo Nursultán Nazarbayev. Al fin y al cabo, ¿no fue el propio Putin quien dijo que a partir de ahora actuaremos como Estados Unidos?
Mientras se incuban los mayores peligros militares, nos arrullan con los desmanes de Putin.
“Cuando le señalan la Luna, el necio mira el dedo», reza la conocida máxima atribuida a Confucio. Su contenido es muy simple: ajenos a lo crucial, nos centramos en tonterías. Y lo crucial es el enorme peligro de repetir en Europa algo parecido a una “crisis de los misiles de Caribe” de 1962, ahora con Ucrania en el centro.
Desde hace años la potencia militar más fuerte y agresiva del mundo, Estados Unidos, está rodeando militarmente a Rusia y a China. Como esos dos países son grandes potencias nucleares de vocación imperial, los peligros de la operación son obvios para cualquiera con sentido común. No lo hay en Bruselas, ni en las mentes de nuestros disciplinados políticos, expertos y periodistas “atlantistas”.
Una buena muestra es la respuesta del redomado irresponsable Secretario General de la OTAN, Jens Stoltenberg, a los tímidos coqueteos de algunos socialdemócratas alemanes de que convendría acabar con la presencia de las armas nucleares de Estados Unidos en suelo alemán: “Por supuesto, Alemania puede decidir si deja de albergar armas nucleares, pero la alternativa es que acabaríamos teniéndolas en otros países de Europa, más al este de Alemania”.
(Una entrevista de Àngel Ferrero para Catarsi Magazin)
La mayor parte de tu carrera como periodista ha sido como corresponsal internacional. Hace unos años regresaste a Gerona y tus colaboraciones en prensa se han reducido notablemente. ¿No te sientes algo así como ‘varado’ después de tantos años informando desde el extranjero?
Hay periodistas que no pueden dejar de serlo, que no pueden pasarse sin ver su nombre en letra impresa. Sin querer hacer de ello virtud, ese no es mi caso. Además hay mucho ruido ambiental y no estoy muy seguro de aportar algo a ese enorme concierto que cada vez me parece más improductivo, debido a su desfase con los problemas del mundo. Por otro lado, las colaboraciones de prensa se pagan muy mal. Los periódicos establecidos que mejor pagan -y que de todas formas no aceptarían mis colaboraciones herejes- puede salir a 200 euros una página de diario impresa. En la prensa digital “alternativa”, me dan 80 euros por una colaboración de ese tamaño cada quince días. Así que la tentación de enviarlo todo a donde dijo Labordeta, es bastante grande, ja, ja… Pero “varado”, en absoluto. Simplemente hay que cambiar de profesión, si puedes. No es que sea algo nuevo. Recuerdo en los años setenta lo que les pasó a los periodistas de “Mundo Diario”, que fue el diario de un empresario exótico de Barcelona, Sebastián Augér, bastante abierto a la izquierda y a los sindicatos. Cuando el diario cerró, sus periodistas no encontraron trabajo en otros medios, estaban marcados por la infamia de haber ido demasiado de por libre. Algunos se fueron a la universidad, otros se dedicaron a la lampistería y otros quizá se fueran a donde Labordeta…
La salida de esta crisis de civilización pasa por un acuerdo de sentido común entre las dos principales potencias, pero su principal impedimento está en Washington.
En verano vimos a los ejércitos de China, Estados Unidos, Alemania, Holanda, Grecia, Turquía, Rusia y Argelia, ocupados en gestionar incendios, inundaciones, sequías y movimientos de población relacionados con los efectos del cambio climático. En Siberia, California y Australia, los incendios devastadores se hacen endémicos y en el África del Norte y subsahariana, como en Centroamérica, se activan los flujos migratorios. En China, Zhengzhou, la capital de Henan (100 millones de habitantes en 167.000 km.2), recibió en dos días de julio la lluvia de un año, arrasando infraestructuras, agrietando presas y arruinando cosechas, con más de 300 muertos. Miles de efectivos militares fueron movilizados para prevenir y reparar daños en las presas del rio Jialu en un ambiente de movilización general.
Sabemos que las consecuencias del calentamiento global van a complicar sobremanera el futuro del mundo actuando como multiplicador de la inestabilidad, pero sus efectos y consecuencias serán más graves en algunas regiones del planeta. China tiene todos los números que la hacen particularmente vulnerable. La combinación de sequías e inundaciones, un clásico en la milenaria historia china, se hará más frecuente en el marco del anunciado incremento de los fenómenos climatológicos extremos. Seguramente regiones enteras se harán inhabitables. Unido al aumento del nivel de las aguas del mar, que afectará a varias de las mayores de sus ciudades (Cantón, Shanghai, Tianjin y Shenzhen), esa dinámica va a mantener muy ocupada a la potencia china.
Nos pasamos el día analizando y calculando el auge y declive de las diferentes potencias, comparando su potencial tecnológico, militar y científico, y señalando los focos y teatros más probables de la creciente rivalidad militar de Estados Unidos y China, olvidando que el calentamiento global puede convertir en anecdóticas esas estimaciones.
Karl Polanyi (1886 – 1964), fue el autor de La Gran Transformación, uno de los libros más importantes del siglo XX. Lleva por subtítulo, Los orígenes políticos y económicos de nuestro tiempo. En ese libro Polanyi analiza la naturaleza del capitalismo. Aunque fue un gran economista, historiador y antropólogo, su formación académica fue de jurista y atravesó todas esas disciplinas con una rara agilidad y ausencia de restricciones.
Polanyi diagnosticó la excepcionalidad del capitalismo en la historia humana. Un sistema que sometió la política, la religión y las relaciones sociales a la economía, creando con ello tales rupturas y quiebras sociales, era algo sin precedentes.
“Ya sea en la antigua ciudad-estado, imperio despótico, feudalismo, vida urbana del siglo XIII, régimen mercantil del siglo XVI o regulación del siglo XVIII, invariablemente el sistema económico se encuentra inserto en lo social (…) En ningún momento antes del segundo cuarto del siglo XIX eran los mercados más que una característica subordinada en la sociedad”, escribió en un clarificador y breve artículo de 1947 titulado, Our Obsolete Market Mentality que me parece la mejor introducción a su obra.
Estados Unidos compensa con submarinos nucleares y una OTAN del Pacífico su descalabro euroasiático. A un lado el vector de la guerra y la “contención”, al otro el de la integración comercial.
Estos días se han producido varias noticias importantes. Por ejemplo, se ha sabido que el gobierno de Estados Unidos y la CIA conspiraron para secuestrar y eventualmente asesinar a Julian Assange. El fundador de Wikileaks es uno de nuestros principales disidentes. Para nuestra vergüenza, lleva recluido/encarcelado desde hace una década en Inglaterra por denunciar crímenes de Estados Unidos. Otra noticia importante ha sido el anuncio del Presidente chino, Xi Jinping de que su país, el mayor emisor de CO2 -aunque no el mayor responsable de su contaminación histórica- no construirá mas centrales térmicas de carbón en el mundo. Una buena noticia para la calificación de su Nueva Ruta de la Seda (B&RI), como eventual exportadora de contaminación. También ha sido importante el compromiso del Presidente de la autoridad palestina (léase el impotente gobierno del gueto controlado por Israel), Mahmud Abbas, de llevar la ocupación israelí ante la Corte Penal Internacional si Israel no retira sus asentamientos ilegales en el plazo de un año.
La retirada de Estados Unidos y sus aliados de Afganistán de este agosto ha sido una debacle sin paliativos, pese a que su contexto y circunstancias eran incomparablemente más favorables que las que rodearon a la exitosa salida de los soviéticos hace treinta años. Por muchas razones.
Los soviéticos tenían entonces en contra a una superpotencia que financiaba a sus adversarios con mucho más dinero y medios de los que ellos mismos dedicaban a su ocupación y su apoyo al gobierno laico y modernizante de Kabul. Estados Unidos no ha tenido a ninguna superpotencia en contra. Más allá de las complicidades tribales al otro lado de la frontera paquistaní, los talibán han luchado, y han ganado, prácticamente solos.
Despedida de las tropas en Kabul (R.Poch-de-Feliu)
Hace más de 30 años, en mayo de 1988, las tropas soviéticas iniciaron su retirada de Afganistán. Aquella operación duró nueve meses y al lado de la caótica espantada de Estados Unidos y sus vasallos de este agosto, fue una operación impecable.
La opción de tres hijos por pareja intentará paliar el envejecimiento de la nación más poblada del mundo
Occidente lleva varias décadas contemplando el pujante ascenso de China pero tiene dificultades para explicarlo y diagnosticarlo. Por ejemplo, ante la pregunta ¿cuál es la diferencia fundamental entre el sistema chino y los sistemas occidentales?, la ortodoxia liberal occidental suele responder hablando de “dictadura”, “derechos humanos” y “democracia”. La verdadera diferencia es la superior capacidad de gobierno. La política demográfica como ejemplo.